Estudio revela vínculo entre medicamentos comunes y mayor riesgo de demencia
Investigadores y médicos en Estados Unidos han identificado una correlación consistente entre el uso prolongado de ciertos fármacos, algunos de ellos de venta libre, y un incremento en el riesgo de deterioro cognitivo con el paso de los años. Aunque la evidencia aún está en construcción, un análisis periodístico del diario The New York Times basado en estudios científicos pone el foco en cuatro grandes categorías de medicamentos que preocupan a los especialistas.
Conviene subrayar que la mayoría de estos estudios son observacionales, es decir, muestran asociaciones pero no prueban una causa directa. Aun así, existe suficiente evidencia como para que los expertos pidan cautela, especialmente en adultos mayores donde el impacto podría ser más significativo.
Los cuatro grupos de medicamentos bajo observación
1. Medicamentos anticolinérgicos
Entre los fármacos que más preocupan están los llamados anticolinérgicos, un grupo amplio que incluye antihistamínicos usados para alergias y también como ayudas para dormir. Su mecanismo de acción consiste en inhibir la acetilcolina, un neurotransmisor clave para la memoria y la atención.
A corto plazo, pueden provocar somnolencia y fallas de memoria. En el largo plazo, varios estudios sugieren que podrían aumentar el riesgo de demencia hasta en un 50 por ciento, especialmente cuando se usan a diario durante años. Los especialistas matizan que un uso ocasional no parece tener un impacto significativo, pero en personas mayores la recomendación es evitarlos cuando sea posible.
2. Drogas para tratar la depresión severa o psicosis
Otra categoría bajo escrutinio son los antipsicóticos. Existe un debate abierto sobre si el mayor riesgo de demencia se debe a los medicamentos o a las condiciones que se tratan con ellos, como la depresión severa o la psicosis, que podrían ser en sí mismas señales tempranas de la enfermedad. Aun así, algunos estudios han encontrado vínculos con el deterioro cognitivo.
Los expertos son claros: si el medicamento es necesario para tratar condiciones graves como la esquizofrenia, el beneficio inmediato supera cualquier riesgo potencial a largo plazo. Pero sí ha habido un esfuerzo creciente por reducir su uso en pacientes mayores cuando se emplean únicamente para manejar el comportamiento.
3. Medicamentos para la ansiedad y el insomnio
Un tercer grupo lo constituyen las benzodiacepinas, ampliamente recetadas para la ansiedad y el insomnio. Estos fármacos deprimen la actividad cerebral y se han asociado con problemas cognitivos, delirium y caídas. Sin embargo, la evidencia aquí es contradictoria.
Algunos estudios sugieren que el riesgo no proviene del medicamento en sí, sino de las condiciones que motivan su uso, como la ansiedad o los trastornos del sueño, que también están vinculados con la demencia. Aun así, las guías médicas recomiendan evitar su uso prolongado en adultos mayores.
4. Medicamentos comunes para el reflujo ácido
El cuarto grupo son los inhibidores de la bomba de protones, medicamentos comunes para el reflujo ácido. En este caso, los datos son inconsistentes. Algunos estudios apuntan a un mayor riesgo de demencia, otros no encuentran ninguna relación. Una de las hipótesis es que estos fármacos podrían provocar una deficiencia de vitamina B12, asociada a problemas cognitivos.
Medicamentos que podrían reducir el riesgo de demencia
En contraste, varias investigaciones sugieren que ciertos tratamientos podrían reducir el riesgo de demencia. Uno de los hallazgos más llamativos se refiere a las vacunas. La vacuna contra la gripe, por ejemplo, ha sido asociada con una reducción del riesgo de demencia de hasta un 40 por ciento en algunos estudios.
La vacuna contra el herpes zóster también ha generado entusiasmo entre los científicos. Diversos estudios en distintos países muestran reducciones del riesgo entre 15 y 20 por ciento. En este caso, los investigadores creen que el efecto podría ser directo, al prevenir infecciones que provocan inflamación en el sistema nervioso.
También figuran en esta lista medicamentos ampliamente utilizados para tratar problemas cardiovasculares. Las estatinas, que controlan el colesterol, y los fármacos para la hipertensión han sido asociados con reducciones del riesgo de entre 10 y 15 por ciento.
Algo similar ocurre con algunos medicamentos para la diabetes tipo 2, como la metformina o los inhibidores de SGLT2. Estos ayudan a controlar la glucemia, un factor clave para la salud neuronal. Algunos estudios incluso sugieren que podrían reducir la inflamación cerebral o los niveles de proteínas asociadas al Alzheimer.
Mensaje de prudencia de los expertos
En conjunto, el mensaje de los expertos es de prudencia. Ninguno de estos hallazgos implica que las personas deban suspender los tratamientos recetados. Pero sí refuerzan la importancia de revisar periódicamente los medicamentos, especialmente en adultos mayores, y de evitar el uso prolongado de fármacos innecesarios.
Lo que ocurre en el cerebro a lo largo de los años no depende de un solo factor, sino de una combinación compleja en la que los medicamentos son apenas una pieza más del rompecabezas. La investigación continúa para comprender mejor estas relaciones y ofrecer recomendaciones más precisas a pacientes y profesionales de la salud.



