Therians: entre la viralidad juvenil y las alertas de salud mental
El fenómeno conocido como Therian, en el que adolescentes se identifican simbólicamente como animales, ha tomado fuerza considerable en redes sociales y se ha convertido en motivo de inquietud para padres, docentes y comunidades educativas en Colombia. Aunque muchos adultos lo perciben como una moda extraña o una conducta perturbadora, especialistas en psicología advierten que la interpretación simplista del fenómeno podría ser contraproducente.
Un llamado a evitar juicios apresurados
Miguel Gutiérrez Peláez, PhD y profesor titular del Programa de Psicología de la Universidad del Rosario, analiza el auge de este tipo de manifestaciones juveniles y llama a evitar juicios apresurados. Para el académico, reducir el comportamiento a "locura" o "desviación" desconoce las complejidades del desarrollo adolescente y puede intensificar el malestar de quienes se identifican con estas expresiones simbólicas.
"El riesgo no es el fenómeno en sí, sino la estigmatización automática. Llamar 'locos' a estos jóvenes puede profundizar el aislamiento y el sufrimiento que ya podrían estar experimentando", señala Gutiérrez Peláez, insistiendo en la necesidad de analizar los casos desde una perspectiva clínica y social diferenciada.
Un fenómeno con raíces previas a las redes
Aunque su auge actual está estrechamente relacionado con la viralidad digital, el término Therian tiene antecedentes documentados desde la década de 1990. Deriva del griego thērion (bestia o animal salvaje) y ánthrōpos (ser humano), y ha sido utilizado para describir experiencias de identificación simbólica con animales.
Sin embargo, su popularidad reciente se explica por la proliferación de comunidades en redes sociales, donde adolescentes comparten contenidos, estéticas, hábitos y discursos asociados a distintas especies, creando espacios de pertenencia y expresión colectiva.
¿Identidad adolescente o un síntoma clínico?
Para el psicólogo, no todos los casos corresponden a una problemática de salud mental. De hecho, muchos pueden leerse dentro del espectro de las identificaciones juveniles propias de la adolescencia, etapa en la que los jóvenes exploran identidades, símbolos y pertenencias que les permiten construir lazos y diferenciarse del entorno familiar.
"En la adolescencia es habitual que se intensifiquen identificaciones con grupos o culturas juveniles. Para algunos jóvenes, la identidad Therian puede ofrecer sentido de pertenencia, cohesión y lazo social", explica el académico.
Redes sociales y la lógica del "soy lo que digo ser"
No obstante, advierte que existen casos en los que estas identificaciones podrían estar asociadas a experiencias más profundas como:
- Despersonalización
- Ruptura con la realidad
- Elementos delirantes
Allí, subraya, se requiere evaluación profesional cuidadosa y una intervención respetuosa que no derive en patologización generalizada.
El entorno digital ha transformado radicalmente la manera como los jóvenes construyen identidad. La presión por mostrar vidas "perfectas" —asociada a ideales de éxito y felicidad— coexiste con la homogeneización de gustos y comportamientos, lo que intensifica la búsqueda de alternativas simbólicas para expresarse.
Un llamado a padres y educadores
El fenómeno puede resultar desconcertante para los adultos, pues desafía las categorías tradicionales de identidad. Sin embargo, el experto recuerda que muchas identificaciones intensas características de la adolescencia se transforman o se atenúan con el paso del tiempo.
La recomendación a padres y educadores es clara:
- Escuchar antes de juzgar
- Comprender el proceso subjetivo detrás de estas manifestaciones
- Reconocer que estos procesos forman parte de la compleja construcción subjetiva en la adolescencia
"Antes de desacreditar el fenómeno, debemos preguntarnos si existe sufrimiento psicológico asociado y evaluar cada caso en su singularidad", afirma el profesor Gutiérrez Peláez.
En medio de la viralización de tendencias juveniles, el llamado de los especialistas apunta a construir entornos de acompañamiento, diálogo y comprensión, evitando reforzar el estigma que puede agravar la vulnerabilidad emocional de los jóvenes colombianos.



