La Organización Mundial de la Salud (OMS) inició esta semana una fase crucial de negociaciones para definir uno de los componentes pendientes del nuevo acuerdo global sobre pandemias: el mecanismo que regulará el acceso y reparto de datos de patógenos y los beneficios derivados, como vacunas y tratamientos. El objetivo es cerrar este capítulo antes de la próxima asamblea mundial de la organización en mayo, donde se espera adoptar formalmente el tratado.
El sistema PABS, eje de la negociación
En el centro del debate está el diseño del sistema conocido como PABS (Acceso a Patógenos y Reparto de Beneficios), considerado por la OMS como la “piedra angular” del tratado. Este mecanismo busca garantizar que los países compartan rápidamente los datos de patógenos, incluyendo su secuenciación genética, y que, a cambio, exista un acceso equitativo a los productos médicos desarrollados a partir de esa información.
La propuesta actual establece que los laboratorios que participen voluntariamente deberán asegurar a la OMS acceso al 20% de su producción en caso de pandemia. De ese total, la mitad sería entregada como donación y el resto a precios asequibles. No obstante, aspectos clave como los términos específicos de acceso, la cobertura en periodos no pandémicos y la trazabilidad de los datos siguen sin definirse.
Diferencias entre países desarrollados y en desarrollo
Las diferencias entre países desarrollados y en desarrollo continúan marcando el ritmo de las negociaciones. Según la científica jefe de la OMS, Sylvie Briand, persiste una profunda desconfianza: las economías emergentes temen compartir información crítica sin garantías claras de acceso a vacunas y tratamientos cuando más los necesiten. Por su parte, varios países desarrollados plantean dudas sobre la viabilidad del modelo desde la perspectiva de la industria farmacéutica, que podría mostrarse reacia a comprometer producción sin incentivos económicos claros a largo plazo.
Tensiones estructurales y demandas del sur global
El debate va más allá de los porcentajes de producción. Países en desarrollo reclaman que el acceso a los beneficios no se limite a escenarios de pandemia, sino que también se extienda a epidemias, mucho más frecuentes y, en muchos casos, igualmente devastadoras. Además, economías emergentes como Sudáfrica han puesto sobre la mesa la necesidad de transferencias tecnológicas que permitan fortalecer capacidades locales de producción. Otros países con menos recursos priorizan el acceso directo a vacunas, diagnósticos y tratamientos.
Otro punto crítico es la gobernanza de los datos. Mientras que países desarrollados como Alemania, Noruega y Suiza defienden un acceso abierto y anónimo a las bases de datos de patógenos, diversas organizaciones y países del sur global exigen sistemas de registro que permitan rastrear quién utiliza esa información y con qué fines. Más de un centenar de organizaciones no gubernamentales han advertido que el anonimato podría facilitar la explotación de recursos genéticos sin mecanismos efectivos de compensación, perpetuando las asimetrías observadas durante crisis anteriores.
Lecciones del pasado y presión por un acuerdo
Las tensiones actuales están profundamente marcadas por experiencias recientes. Durante brotes como el ébola, muestras biológicas recolectadas en países africanos permitieron el desarrollo de tratamientos que luego no estuvieron disponibles de manera equitativa en las regiones afectadas. Esto generó un precedente de desconfianza que hoy condiciona las negociaciones.
A este escenario se suma la salida de Estados Unidos de la OMS, impulsada por el presidente Donald Trump, lo que ha reconfigurado los equilibrios dentro del organismo y añade incertidumbre al proceso. Pese a las diferencias, diplomáticos involucrados en las conversaciones aseguran que hay avances graduales y señales de mayor flexibilidad, especialmente por parte de la Unión Europea. Sin embargo, reconocen que las divergencias siguen siendo significativas.
El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, advirtió sobre la urgencia del momento: el mundo no puede permitirse desaprovechar esta oportunidad y quedar nuevamente expuesto ante futuras crisis sanitarias. Su llamado es claro: alcanzar un acuerdo en los próximos días que permita consolidar el tratado en su totalidad.
Lo que está en juego no es solo un acuerdo técnico, sino la arquitectura de respuesta global frente a futuras pandemias. Sin un sistema claro de intercambio de datos y beneficios, el tratado corre el riesgo de quedarse como una declaración de intenciones, sin capacidad real de transformar la preparación sanitaria mundial.



