Una investigación del programa 'Testigo directo' reveló la presencia de un presunto estudio webcam al interior de la cárcel 'El Buen Pastor' de Bogotá. Según el testimonio de algunas reclusas, muchas mujeres esperan hasta tres meses para recibir un kit de aseo básico, lo que ha llevado a realizar trueques y ofrecer servicios de contenido para adultos dentro del centro penitenciario.
Testimonios de las reclusas
Una de las internas señaló: 'Hay muchas reclusas que no reciben una encomienda y me parece triste y desagradable que a veces no tengan ni un rollo de papel'. La falta de visitas familiares dificulta la llegada de productos de aseo, por lo que deben esperar un kit cada tres meses.
Otra reclusa denunció que algunas mujeres ofrecen servicios de webcam al interior de la prisión, pudiendo tener hasta tres lugares para realizar contenido para adultos. 'Se turnan, de pronto dicen ellas: A mí me toca trabajar y no tengo [plata] para la encomienda. Entonces voy y muestro mi cuerpo y me pagan', aseguró. El dinero obtenido se destina a las encomiendas o se envía a sus familias.
Precios elevados dentro de la cárcel
Según los testimonios, una lata de atún puede costar hasta 30.000 pesos colombianos, mientras que una bolsa de leche alcanza los 50.000 pesos. Estos precios reflejan las difíciles condiciones económicas dentro del centro penitenciario.
Otras denuncias en cárceles colombianas
El exdirector de prisiones, Germán Ricaurte, afirmó que en las cárceles del país se comercializan diversos productos y servicios por sumas millonarias. 'A todo le ponen precio, si usted quiere entrar un documento, si quiere sacar un documento, si quiere jugar fútbol dentro del patio, o si quiere una hamburguesa', declaró a 'Testigo directo'. Ricaurte agregó que por una cama pueden cobrar hasta dos millones de pesos, y por un trato especial, hasta cinco millones. También mencionó que los nombramientos para trabajar en los restaurantes de las prisiones suelen estar sujetos a bonificaciones.
La situación en la cárcel El Buen Pastor pone en evidencia las precarias condiciones de vida y la necesidad de reformas en el sistema penitenciario colombiano.



