El engaño tecnológico que desvió millones de dólares
El empresario Faiz Chowdhury, quien se presentaba como profesor del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), ha sido acusado por la Comisión de Bolsa y Valores (SEC) de desviar 27 millones de dólares de inversores mediante promesas de avances tecnológicos revolucionarios que nunca existieron. Según la demanda presentada en septiembre de 2023, Chowdhury utilizó estas sumas como una "hucha personal" para financiar gastos en automóviles, vino, joyas, viajes y juegos de azar.
El espectáculo en Singapur que cautivó a inversores
En agosto de 2019, el lujoso hotel Shangri-La de Singapur fue testigo de una presentación que parecía sacada de una película de ciencia ficción. Chowdhury, director ejecutivo de Disruptive Technology Innovations (DTI), se dirigió a 500 inversionistas prometiendo avances en:
- Inteligencia artificial y medicina personalizada
- Ingeniería de blockchain y ciberseguridad
- Baterías para vehículos eléctricos superiores a las de Tesla
- Nanotecnología para prevenir enfermedades cardiovasculares y cáncer
El momento más impactante llegó cuando anunció: "Tenemos un invento que hará que las personas paralizadas vuelvan a caminar y que los ciegos recuperen la vista". La presentación incluyó a Quantum Girl, una modelo con traje plateado que simbolizaba las supuestas innovaciones en nanopartículas.
La conexión con el MIT que dio credibilidad
La estrategia de Chowdhury para ganar confianza incluyó mencionar repetidamente su vinculación con el MIT y presentar a Ian Hunter, jefe del Laboratorio de Bioinstrumentación del instituto, como su "co-fundador y científico legendario". Juntos promocionaron el Flashpod, una cápsula de energía solar que supuestamente transportaría pasajeros a velocidad cercana al sonido, conectando ciudades como Boston y Nueva York en menos de 20 minutos.
Chowdhury construyó un currículum ficticio que incluía:
- Títulos de Harvard, Johns Hopkins y MIT
- Investigación pionera en NASA, Caltech y Oak Ridge
- Asesoría científica al presidente George W. Bush y al senador John McCain
Las proyecciones financieras presentadas a inversores eran igualmente exageradas: pronosticaban ingresos anuales superiores a 100 millones de dólares en dos años y 2.000 millones solo en la unidad de baterías para vehículos eléctricos para 2025.
La investigación y las consecuencias legales
La SEC descubrió que Chowdhury distribuyó los fondos de inversión en más de 40 cuentas bancarias diferentes. Aunque inicialmente negó cualquier irregularidad, recientemente consintió una sentencia judicial que determinará sanciones monetarias en una audiencia programada para el 27 de marzo. El acuerdo le permite aceptar la sentencia sin admitir ni negar las acusaciones.
En declaraciones anteriores a Bloomberg Businessweek, Chowdhury afirmó: "Estoy muy concentrado en cerrar el caso y construir lo que estoy construyendo. El mundo verá". Sin embargo, ni él ni su abogado Marc Nurik respondieron posteriormente a solicitudes de verificación de hechos.
Las repercusiones para el MIT y la comunidad académica
El caso ha generado preguntas incómodas sobre cómo miembros de la facultad del MIT se vieron involucrados en este escándalo. Ian Hunter, quien tiene una larga trayectoria comercializando su investigación académica (ha fundado o cofundado más de 25 empresas), niega haber sido cofundador de DTI y se presenta como otra víctima del presunto fraude.
Esta situación expone los riesgos de reputación que enfrentan las instituciones académicas de élite cuando sus investigadores participan en asociaciones con el sector privado. Mientras que estas colaboraciones pueden generar importantes beneficios cuando son exitosas, como en el caso de Indigo Technologies Inc. (que ha recaudado 163 millones de dólares con Hunter como inventor principal), también pueden dañar gravemente la credibilidad institucional cuando salen mal.
El abogado de Chowdhury, Marc Nurik, insiste en que "este no es un tipo de caso de 'toma el dinero y la carrera'", argumentando que la disputa con la SEC se centra en determinar qué parte del gasto puede considerarse legítimo para empresas comerciales. Sin embargo, los documentos judiciales pintan un panorama diferente, mostrando un patrón sistemático de desvío de fondos para gastos personales bajo el disfraz de innovación tecnológica revolucionaria.



