El brote de hantavirus de los Andes (ANDV) en el crucero MV Hondius, que zarpó de Ushuaia el 1 de abril de 2026, representa una nueva advertencia sobre cómo una exposición local puede convertirse en un problema internacional en la era del turismo global. La Organización Mundial de la Salud (OMS) reportó esta semana siete casos a bordo, tres muertes, pacientes evacuados y una investigación multinacional en curso.
Hipótesis y situación actual
La hipótesis oficial más plausible es que la exposición inicial ocurrió antes del embarque, probablemente en Argentina, donde el ANDV es endémico, y que pudo haber transmisión secundaria limitada en el crucero. Al cierre de esta nota no hay datos suficientes para hablar de una “nueva variante” o “nueva cepa”; la serología y la secuenciación continúan, y no se han publicado secuencias oficiales.
El riesgo para la población general sigue siendo bajo, pero el episodio exige vigilancia y planes epidemiológicos claros.
¿Qué es el hantavirus?
El hantavirus no es un virus nuevo ni una sola enfermedad, sino un grupo de virus zoonóticos. En la clasificación moderna pertenecen al orden Bunyavirales, familia Hantaviridae; muchos de los hantavirus que enferman a humanos se agrupan en el género Orthohantavirus. Su rasgo común es que viven en roedores, usualmente sin causarles enfermedad grave.
Diferencias regionales
En Europa y Asia predominan hantavirus como Hantaan, Dobrava, Puumala o Seoul, asociados a fiebre hemorrágica con síndrome renal. En las Américas, virus como Sin Nombre y Andes producen con más frecuencia el síndrome cardiopulmonar por hantavirus, caracterizado por fiebre, dolores musculares y síntomas gastrointestinales que pueden evolucionar rápidamente a dificultad respiratoria, edema pulmonar, choque y falla cardíaca.
La diferencia clínica no es casual. Cada virus se asocia a reservorios distintos y tiene interacciones diferentes con el endotelio, la capa interna de los vasos sanguíneos; por eso unos cuadros afectan más el riñón y otros comprometen pulmones y corazón.
Tratamiento y prevención
El tratamiento es principalmente de soporte e incluye, cuando se requiere, cuidados intensivos, oxígeno, ventilación mecánica, control de líquidos, vasopresores, diálisis en caso de falla renal y, en situaciones extremas, oxigenación extracorpórea. Para el ANDV no hay una vacuna aprobada, aunque sí existen vacunas licenciadas en algunos países asiáticos contra hantavirus asociados a cuadros renales. En Chile se han desarrollado herramientas de diagnóstico rápido, pero una vacuna específica sigue siendo lejana.
La mayoría de los hantavirus pasa de roedores a humanos por inhalación de partículas contaminadas con orina, heces o saliva. Por eso el riesgo clásico está en bodegas, cabañas, graneros, limpiezas en seco de espacios cerrados o excursiones en zonas con roedores infectados. El ANDV, sin embargo, puede transmitirse de manera limitada entre personas, casi siempre por contacto estrecho y prolongado.
Eso no lo convierte en “el nuevo covid”. El hantavirus no se transmite como un resfriado común; sus cadenas de contagio suelen ser cortas. Podrían aparecer casos adicionales por el largo periodo de incubación, de una a ocho semanas, pero no debería esperarse una expansión comunitaria masiva si se mantiene una respuesta coordinada.
Medidas de prevención
La prevención empieza con medidas poco espectaculares y muy eficaces, como control de roedores, ventilación antes de limpiar, desinfección húmeda en vez de barrer polvo contaminado, protección para trabajadores expuestos, aislamiento de contactos estrechos cuando lo indiquen las autoridades y protocolos claros en barcos, hoteles y expediciones.
El ANDV circula principalmente en Argentina y Chile, y su reservorio natural son roedores silvestres. El brote del MV Hondius no debería alimentar el pánico, pero sí recordarnos que el turismo de aventura exige algo más que seguros médicos y fotografías espectaculares. Requiere información sobre la epidemiología y los riesgos locales, planes de contingencia y humildad frente a los ecosistemas que visitamos.
David A. Montero es Doctor en Ciencias Biomédicas y profesor de la Universidad de Chile.



