Cali: laboratorio criminal que exige estrategia de seguridad proactiva
El fortalecimiento de las bandas delincuenciales en Cali, capital del Valle del Cauca, a través de alianzas estratégicas con otras organizaciones criminales para garantizar el control de las economías ilegales, obliga a un replanteamiento urgente de las políticas locales de seguridad. La ciudad se ha convertido en un epicentro de violencia donde las estructuras criminales operan como redes interconectadas con intereses comunes.
Alianzas criminales que transforman el panorama de seguridad
Si algo ha demostrado históricamente la delincuencia en Cali es su capacidad para reinventarse. Está sobrediagnosticado que estas estructuras del crimen no operan como organizaciones aisladas ni como lobos solitarios, sino como redes interconectadas mediante intereses comunes como el control de las rutas del narcotráfico, la extorsión, el microtráfico y el sicariato.
Un informe exclusivo publicado recientemente por la Unidad Investigativa de El País detalla cómo la banda criminal La Inmaculada, surgida en el municipio de Tuluá y expandida por el departamento, aterrizó en la capital del Valle del Cauca para pugnar por el control en el Bulevar del Río. Esta alianza criminal involucra a un sector de La Inmaculada trabajando junto a los hombres de alias Chinga Pipe y 'Martín Bala', enfrentándose en una guerra criminal contra alias Dimax y alias Palustre por el predominio sobre un amplio sector del centro de Cali.
Cifras alarmantes de violencia en 2026
Esta disputa criminal está impactando fuertemente las cifras de homicidio en la ciudad. Solo entre el 1 de enero y el 15 de marzo de este año, Cali ya registraba un acumulado superior a 200 muertes violentas, muchas de ellas mediante ejecuciones típicas de disputas entre bandas del crimen organizado. Estas cifras representan un desafío monumental para las autoridades locales y nacionales.
Ante este panorama desafiante, es necesario fortalecer y desplegar toda la capacidad del Estado para responder como lo demanda la realidad que está viviendo la ciudad. Una estrategia de seguridad meramente reactiva no contribuye al combate de este fenómeno ni a reducir los índices de criminalidad de manera sostenible.
Fallas en políticas nacionales y consecuencias urbanas
Tampoco puede quedar la ciudad en solitario haciendo frente a un fenómeno que es, en gran medida, el resultado de la política fallida de la 'paz total' implementada por el gobierno del presidente Gustavo Petro para llevar a la mesa de diálogos a grupos armados y bandas criminales. Por el contrario, el aprovechamiento de la ventaja táctica que les otorgó el Gobierno Nacional a estas organizaciones al reducir al mínimo los operativos de la Fuerza Pública, terminó desplazando la violencia desde el campo hacia las grandes ciudades e incentivando la lucha de estas estructuras por el control de las economías criminales.
Imperativos estratégicos para enfrentar el crimen organizado
De ahí que fortalecer la Inteligencia en los organismos de seguridad se convierte en un imperativo categórico. Igualmente crucial es mejorar la capacidad y la articulación entre la Fiscalía y la Policía para ir tras los jefes de estas organizaciones. Nada cambia sustancialmente si quienes se llevan ante la justicia son solamente los eslabones más débiles de la cadena criminal, mientras las cabezas de las organizaciones permanecen operando con impunidad.
Como capital del Pacífico colombiano, Cali se ha convertido en un laboratorio de prácticas criminales que, luego de demostrar su efectividad, se van irrigando por el territorio nacional. Esta dinámica representa una amenaza que tarde o temprano impactará las demás regiones del país si no se toman medidas contundentes y coordinadas.
El desafío fundamental de la anticipación
Es cierto que la criminalidad tiene la ventaja de actuar de manera sorpresiva, pero el deber y el compromiso indeclinable de las autoridades es anticiparse a esos movimientos. Entre otras razones fundamentales, porque la lógica indica que cada centímetro de terreno que gana la delincuencia, es un centímetro de confianza que pierden las instituciones ante sus ciudadanos. La seguridad pública no puede seguir siendo un campo de batalla donde el Estado siempre llega tarde.
La situación en Cali exige:
- Estrategias de inteligencia proactivas y compartidas entre agencias
- Coordinación efectiva entre Fiscalía, Policía y fuerzas militares
- Enfoque en desarticular las cabezas de las organizaciones criminales
- Políticas que prevengan la expansión de estas prácticas a otras regiones
- Recuperación de la confianza ciudadana en las instituciones de seguridad



