Vecinos de Cabecera denuncian décadas de caos en Cuadra Play: ruido, violencia e impunidad
Caos en Cuadra Play: décadas de ruido y violencia en Cabecera

Vecinos de Cabecera denuncian décadas de caos en Cuadra Play: ruido, violencia e impunidad

La denominada Cuadra Play y sus alrededores se han convertido en un territorio donde la ley parece haber sido suspendida, y donde el derecho al descanso de cientos de familias del sector Cabecera en Bucaramanga es violado sistemáticamente cada fin de semana, en medio de una impresionante impunidad que se extiende por décadas.

La pesadilla nocturna que no cesa

Según testimonios de los residentes, a las dos de la madrugada la pesadilla no termina, sino que simplemente cambia de escenario. El ruido infernal no cesa porque los parranderos se trasladan a las calles con sus equipos de sonido a todo volumen, motos ruidosas y peleas constantes. Los vecinos, atrapados entre paredes que vibran con los altos decibeles, intentan dormir mientras afuera ocurren toda clase de excesos y delitos.

Lo más grave de esta situación es su antigüedad: se trata de un problema que lleva décadas existiendo, frente al cual los líderes cívicos del sector han elevado peticiones respetuosas, acudido a los estrados judiciales, protestado en las calles y documentado riñas constantes, agresiones físicas e incluso homicidios, mientras la respuesta oficial ha sido prácticamente nula.

Falsa disyuntiva entre desarrollo y convivencia

No se puede desconocer que el desarrollo económico y la oferta de entretenimiento son necesarios para cualquier ciudad, pero ese argumento no puede convertirse en un cheque en blanco para destruir la calidad de vida de quienes legítimamente eligieron este sector para vivir, muchos años antes de que lo convirtieran en un espacio de irrespeto y escándalo.

La disyuntiva es falsa: no se trata de elegir entre empleo y descanso, sino de exigir que la actividad comercial se desarrolle dentro del marco de la ley, con establecimientos debidamente insonorizados, control real de aforos y, sobre todo, con la autoridad presente y actuante.

Promesas incumplidas y realidad cruda

Según los vecinos, a pesar de las promesas de todos los gobiernos que aseguran resolver el problema, no han dejado de ver la misma película de terror cada viernes y cada sábado. Se nombran gestores de convivencia, se anuncian controles de tránsito, pero las motos siguen rugiendo, los gritos continúan y las sustancias alucinógenas se consumen a la vista de todos.

Cada vez es más hondo e infranqueable el abismo entre el discurso oficial y la realidad que padece la gente. Cabecera pasó de ser un sector promisorio y tranquilo a un símbolo de caos y rumba desbordada. El progreso mal entendido ha devorado no solo casas, sino sueños, proyectos de vida y el derecho más elemental al descanso.

Consecuencias graves y derechos vulnerados

Mientras tanto, el microtráfico florece al amparo de la multitud, las peleas campales se vuelven parte del paisaje y las mujeres son víctimas potenciales de delitos que aprovechan la impunidad reinante. La paciencia de los residentes se colma periódicamente.

Han probado todas las vías, han agotado todos los recursos y han recibido a cambio indiferencia o respuestas burocráticas. No es admisible que, en una sociedad civilizada, el derecho al sueño sea un privilegio y no una garantía. No es tolerable que la ley sea letra muerta cuando se trata de proteger a las familias.

El Estado tiene el deber de actuar con la contundencia que el caso requiere, para no terminar convalidando un modelo de ciudad donde el dinero y el desorden aplastan la convivencia y la calidad de vida de sus habitantes.