China ha dado un paso sin precedentes al ordenar a sus empresas que ignoren las sanciones impuestas por Estados Unidos, una medida que amenaza con desatar un enfrentamiento entre las dos mayores economías del mundo. La decisión, anunciada el sábado, se produce antes de la esperada reunión entre el presidente Donald Trump y su homólogo Xi Jinping, y marca un giro hacia una postura más agresiva por parte de Pekín.
Antecedentes de las sanciones
China ha sido durante mucho tiempo el principal comprador de petróleo iraní, aunque gran parte de este comercio se realiza de manera indirecta a través de refinerías privadas. Las sanciones estadounidenses han apuntado a estas refinerías, incluyendo a Hengli Petrochemical (Dalian) Refinery Co., una de las más importantes del país. Pekín ha criticado frecuentemente estas sanciones como ilegítimas, pero hasta ahora había permitido que sus grandes empresas las cumplieran para evitar represalias económicas.
La nueva orden de bloqueo
La orden emitida por el gobierno chino instruye a las empresas a no acatar las sanciones estadounidenses, basándose en una medida de bloqueo introducida en 2021. Esta ley busca proteger a las empresas chinas de leyes extranjeras consideradas injustificadas. Los medios estatales chinos han presentado la medida como una respuesta mesurada contra la extralimitación de Estados Unidos, calificándola de "paso crucial" para limitar la jurisdicción extraterritorial estadounidense.
Reacciones y análisis
Analistas consideran que esta acción forma parte de una estrategia más amplia de China para ampliar su arsenal de herramientas económicas, que incluye desde tierras raras hasta tecnología. Ja Ian Chong, profesor de la Universidad Nacional de Singapur, señaló que "quieren tener todas las herramientas a su alcance" y que la decisión debe interpretarse en el contexto de un aumento de los controles.
Las refinerías privadas chinas, como Hengli, han mostrado mayor disposición a sortear las sanciones, aprovechando el petróleo con descuento de Irán, Rusia y Venezuela. Aunque dependen menos del sistema financiero estadounidense que las grandes refinerías estatales, mantienen estrechos vínculos con los principales bancos estatales chinos. Ante la orden de bloqueo, los bancos buscan aclaraciones del regulador y podrían recurrir a transacciones en yuanes para eludir la vigilancia estadounidense.
Posibles consecuencias
La medida de China pone a prueba el sistema de sanciones estadounidense en un momento de presión, mientras Washington vacila en sus restricciones contra Rusia, Venezuela e Irán. Si Estados Unidos extiende las sanciones secundarias a los bancos chinos que trabajan con estas refinerías, Pekín podría responder con contramedidas más enérgicas. Sin embargo, se espera que la cumbre entre Trump y Xi no se vea descarrilada por este asunto.
El gobierno chino ha reiterado su oposición a las sanciones unilaterales que carecen de autorización de la ONU. Mientras tanto, las refinerías afectadas, como Hengli, que prevé obtener créditos bancarios por 235.000 millones de yuanes este año, buscan alternativas para continuar sus operaciones. La decisión de Pekín marca un hito en la disputa comercial y geopolítica entre ambas naciones.



