La trágica historia del doble crimen de las hermanas Hernández Noriega en Malambo
En el barrio La Sierrita de Barranquilla, donde antes resonaban las risas de una familia, ahora solo se escuchan sollozos. María Noriega Cruz, madre luchadora, había insistido a sus dos hijas menores en retomar los estudios, confiando en que la educación sería su salvación. Sheerydan Sofía, de 14 años, soñaba con aprender técnicas de belleza, mientras que Keyla Nicolle Hernández Noriega, de 17, aspiraba a ser auxiliar de enfermería. Juntas construían, con esperanza, un futuro mejor.
La cita fatal y la desaparición
El orden familiar se quebró el sábado 15 de febrero, día de carnaval, cuando las adolescentes conocieron personalmente a dos hombres que habían contactado previamente a través de Facebook. Tras videollamadas, mensajes y promesas, concretaron una cita ese día. Una segunda salida, el martes siguiente, sellaría su destino. La voz que María escuchó en esas conversaciones virtuales sería la misma que después anhelaría oír en vano en las llamadas que sus hijas nunca contestaron.
Ese martes, Sheerydan y Keyla desaparecieron abruptamente para su familia y comunidad. La desconexión marcó el inicio de una angustiosa incertidumbre: rastreos fallidos, mensajes desesperados y advertencias elevadas ante autoridades que no generaron la reacción inmediata necesaria.
El macabro hallazgo y las extorsiones
Once días después de la desaparición, el 28 de febrero, vecinos del barrio Maranatha en Malambo reportaron un olor persistente en un predio enmontado. Bajo capas de tierra, yacían los cuerpos sin vida y en estado de descomposición de las hermanas Hernández Noriega.
Paralelamente, María comenzó a recibir mensajes intimidatorios con audios que alteraron completamente el rumbo del caso. Una voz masculina exigía dinero -entre 5 y 50 millones de pesos- y detallaba amenazas concretas, diseñadas para parecer acciones en tiempo real. La madre reconoció esa voz como la de uno de los sujetos con quienes sus hijas habían sostenido videollamadas días antes.
Las investigaciones sugieren que las hermanas habrían sido asesinadas en la madrugada del 18 de febrero, miércoles de ceniza, posiblemente con un intervalo entre ambas muertes. Esta hipótesis, aunque no oficializada por la Fiscalía, se analiza por la coincidencia entre silencios abruptos en dispositivos, la naturaleza de los audios y la falta de nuevas señales después de ese periodo.
La investigación y las capturas
El proceso investigativo tomó un giro crucial cuando se activó una línea telefónica utilizada para extorsionar en la Clínica Altos de San Vicente de Barranquilla. Allí había sido internado un joven tras un accidente de tránsito, casualidad que permitió identificar al primer capturado: Juan David Taboada Olivera, de 19 años, acusado de secuestro extorsivo.
Actualmente, solo hay una captura formalizada -la de Taboada- y un menor vinculado. Sin embargo, la policía maneja la hipótesis de que habrían estado presentes hasta cuatro personas más en el escenario del crimen, extremo que permanece en verificación.
La respuesta institucional y el dolor familiar
Mientras la madre enfrenta un vacío inmenso, repitiendo que solo quiere justicia y que nadie más pase por su dolor, la hermana mayor carga con la indignación por lo que considera una respuesta tardía de las autoridades. En su relato, durante los primeros días recibieron la hipótesis de un "autosecuestro", respuesta que hoy suena imposible de sostener.
La familia se vio obligada a avanzar casi a ciegas, atando cabos por su cuenta, tratando de entender cómo dos adolescentes que planeaban estudiar terminaron envueltas en un caso criminal tan brutal.
Últimos desarrollos y recompensa
La línea temporal consolidada públicamente es estrecha y dolorosa: salida de casa en la madrugada del 18 de febrero, pérdida de contactos horas después, hallazgo de cuerpos once días después y confirmación de identidad en Medicina Legal el 2 de marzo.
Las autoridades anunciaron una recompensa de hasta 20 millones de pesos para quienes aporten información que permita identificar y ubicar a las demás personas involucradas. La Policía Metropolitana reiteró que cualquier dato será manejado con absoluta reserva.
En una ciudad conmocionada por el hallazgo y por la violencia que sigue afectando a mujeres y niñas, las instituciones insisten en que cada aporte ciudadano puede ser decisivo para avanzar hacia la verdad completa y garantizar que todos los responsables enfrenten la justicia.
