Nueva condena por tortura agravada contra exmilitar que asesinó a su hijastro
Este lunes 6 de abril se conoció un nuevo y escalofriante capítulo en el trágico caso de Sergio Andrés Pérez Carrascal, un niño de apenas 5 años que sufrió años de torturas sistemáticas antes de ser asesinado por su padrastro. Un juez penal del circuito especializado de Medellín impuso una condena adicional de 15 años y 4 meses de prisión al sargento retirado del Ejército Nacional, Richard Antonio Pérez.
Una doble vida bajo identidad falsa
El expediente del Tribunal Superior de Medellín, al que tuvo acceso este medio, revela que el exmilitar construyó una doble vida para ocultar sus crímenes. En 2013, mediante engaños y amparado en un acta de conciliación de una Comisaría de Familia, obtuvo la custodia del menor en Granada, Meta, a pesar de no ser su padre biológico.
Durante tres años, la madre biológica intentó desesperadamente recuperar a su hijo, acudiendo a la Fiscalía, la Procuraduría y el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, pero el procesado mantuvo al niño completamente oculto. Para evadir a las autoridades, se trasladó con el menor a Medellín, donde cumplía labores militares.
En abril de 2014, adquirió un apartamento en la urbanización Sol de Villanueva, mudándose definitivamente en septiembre de 2015. Ante sus nuevos vecinos se presentaba con el nombre falso de "Cristian", construyendo así una identidad completamente ajena a su realidad.
El calvario del pequeño Sergio
Desde octubre de 2015, la víctima permaneció encerrada en la vivienda del centro de Medellín. El expediente detalla que el niño estaba:
- Totalmente desescolarizado
- Sin supervisión de ningún cuidador
- Impedido de tener contacto con otros niños
- Privado del uso de áreas comunes de la unidad residencial
Las investigaciones de la Fiscalía añaden que el supuesto padre salía diariamente a trabajar, regresaba en las tardes y volvía a salir por las noches, dejando al niño completamente solo en el apartamento y brindándole una pésima alimentación.
Desenlace fatal y engaño médico
La noche del 6 de febrero de 2016, aproximadamente a las 10:46 p.m., Richard Antonio Pérez salió del apartamento cargando al niño en sus brazos. Al ingresar a la Clínica Medellín diez minutos después, afirmó ante los médicos que el menor había presentado un episodio de vómito severo.
Sin embargo, la realidad era diametralmente opuesta: el niño ingresó en estado cianótico, con las pupilas dilatadas, sin pulso, completamente frío y sin latidos cardíacos. Su cuerpo presentaba:
- Múltiples cicatrices
- Una herida abierta y profunda en la rodilla izquierda
- Evidente deformidad en el muslo por fractura
A pesar de los esfuerzos de reanimación, a las 11:10 p.m. se declaró formalmente su fallecimiento.
Dictamen forense contundente
El Instituto Colombiano de Medicina Legal y Ciencias Forenses desmintió completamente la coartada del vómito. La necropsia reveló que la muerte fue consecuencia directa de un choque hipovolémico y la ruptura de vasos mesentéricos, producto de una brutal golpiza propinada horas antes.
El análisis histopatológico demostró la existencia de un síndrome de maltrato infantil crónico, evidenciado en:
- Fractura de antebrazo nunca tratada clínicamente
- Signos severos de desnutrición
- Hematomas corporales con diferentes estadios de resolución
Esto confirmaba que el menor padecía un ciclo de lesiones antiguas y recientes causadas como método de castigo sistemático.
Superando obstáculos procesales
Lograr esta segunda condena implicó superar diversos obstáculos. La defensa técnica de Richard Antonio Pérez intentó clausurar el proceso por tortura solicitando la preclusión, argumentando que no podía ser juzgado dos veces por los mismos hechos, basándose en su condena previa de 33 años y 4 meses por homicidio agravado con dolo eventual, proferida en agosto de 2019.
No obstante, el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Medellín fue tajante al desestimar esta petición. Los magistrados determinaron que, aunque los sucesos compartían un mismo espacio temporal y sujetos, se trataba de comportamientos delictivos jurídicamente autónomos e independientes.
Mientras la condena por homicidio castigaba el acto que desencadenó la muerte directa, la imputación por tortura sancionaba las sistemáticas y crueles acciones previas, que incluían:
- Confinamiento ininterrumpido en el apartamento
- Negligencia extrema
- Privación prolongada del contacto materno
- Severos castigos físicos que infligieron profundos dolores físicos y psíquicos durante meses
Esta nueva sentencia representa un paso significativo en la búsqueda de justicia completa para el pequeño Sergio, cuyos últimos años de vida fueron marcados por el sufrimiento y la crueldad bajo la custodia de quien debía protegerlo.



