Análisis de experto revela incómodas verdades sobre crisis de seguridad en Barranquilla y Atlántico
Expertos revelan verdades incómodas sobre crisis de seguridad en Barranquilla

Análisis de experto revela incómodas verdades sobre crisis de seguridad en Barranquilla y Atlántico

Febrero cerró con cifras alarmantes en el departamento del Atlántico: 91 muertes violentas, dos masacres y 43 homicidios concentrados únicamente en Barranquilla. Este registro, superior a períodos comparables de años anteriores, reconfigura el mapa reciente de la violencia regional según análisis exclusivos con expertos en seguridad.

Mutación en las dinámicas criminales

Janiel Melamed, director del Observatorio de Seguridad de Uninorte y analista de criminalidad urbana, sostiene que el Atlántico atraviesa una mutación en sus dinámicas de violencia. Se trata de un "cruento enfrentamiento" entre estructuras criminales tradicionales en Barranquilla y su área metropolitana, ahora intervenido por otras organizaciones que se insertaron en el "desorden criminal".

"Estos grupos aprovechan debilidades internas de los grupos locales y los vacíos generados por el desorden metodológico de la agenda de paz total", explica Melamed en entrevista exclusiva. La suma de estos factores explica el "rebote" de indicadores que habían logrado mesetas relativas y hoy vuelven a acelerarse peligrosamente.

La distribución territorial de los asesinatos muestra una mayor concentración en barrios con economías ilícitas activas, además de sicariatos en vía pública. El resultado visible es un mes anómalo por densidad y letalidad, donde retaliaciones y disputas por rentas ilícitas se impusieron sobre otras tipologías delictivas.

Colapso del ecosistema de justicia

La respuesta de Melamed sobre la capacidad de la justicia local para contener esta violencia es tajante: no la tiene. Plantea que existe una discusión pendiente a escala nacional que estaría fuera del margen de maniobra de mandatarios locales.

"Hablamos de un ecosistema de justicia colapsado", afirma el experto. "Jueces y fiscales con cargas procesales que desbordan su capacidad, flujos de casos que no se tramitan con la oportunidad debida, órdenes que se dilatan y medidas que no llegan a tiempo para contener la curva delictiva".

En esta fricción institucional, las capturas logradas que podrían desarticular células criminales terminan perdiendo efecto por fallos en secuencia: la judicialización no avanza, la medida no se impone y perfiles peligrosos regresan a la calle en menos tiempo del que la ciudadanía imagina.

Monitoreo más allá de las cifras

Para Melamed, no basta con el simple conteo de homicidios para entender si la situación realmente mejora o empeora. Es clave cruzar mensualmente las cifras de delitos con el número de capturados y, a su vez, con los judicializados.

"Este contraste permite ver dónde se rompe la cadena", explica el analista. "Aunque se reportan las capturas, muchos detenidos recuperan la libertad en poco tiempo, lo que termina alimentando la presencia en calle de personas de alta peligrosidad, incluso con decenas de anotaciones judiciales, que continúan delinquiendo".

El monitoreo debe incluir también los hechos delictivos que se denuncian o coordinan desde las cárceles, pues allí persisten dinámicas de extorsión y otras conductas que continúan alimentando la violencia en las calles.

Verdades incómodas que el Atlántico debe asumir

Melamed identifica dos verdades incómodas que la región debe reconocer para avanzar en soluciones efectivas:

  1. El Atlántico opera en soledad territorial: El Gobierno nacional no ha construido una articulación funcional con mandatarios departamentales y municipales que percibe como adversarios políticos, lo que se traduce en menor acompañamiento, menor coordinación interinstitucional y retrasos en asignación de recursos claves.
  2. Déficit estratégico interno: Las autoridades del Atlántico no han logrado establecer una línea de mando clara ni una hoja de ruta territorial coherente para los municipios bajo su jurisdicción, lo que impide articular niveles estratégicos, operacionales y tácticos.

"El resultado es un esquema de seguridad reactivo, que llega tarde y se mueve detrás del crimen en vez de anticiparlo", concluye Melamed. "Las estructuras delincuenciales ocupan rápidamente los vacíos de gobernanza, amplían su influencia en corredores estratégicos y se adaptan con mayor velocidad que las instituciones".

Contexto estadístico preocupante

Los números de febrero son elocuentes:

  • 97% de los casos fueron cometidos con arma de fuego
  • Mayor presión concentrada en las localidades Metropolitana, Suroccidente y Suroriente de Barranquilla
  • En el área metropolitana: Soledad acumuló 25 homicidios; Malambo, 7; y Puerto Colombia, 1
  • 18 feminicidios investigados en los primeros 60 días del año

Según Melamed, en la mayoría de feminicidios se trata de muertes de mujeres instrumentalizadas y vinculadas a economías ilícitas, que caen en el enfrentamiento entre estructuras criminales. En ese "ecosistema de violencia" confluyen patrones de control criminal y violencias de género, lo cual exige intervenciones diferenciales urgentes.

Reconocer estas verdades incómodas es, según el experto, el punto de partida para revertir una tendencia que ya dejó cifras históricas en homicidios y un departamento operando en el umbral de su capacidad institucional.