Tres historias insólitas de extorsión en Barranquilla: multa por discutir, vendedor de pescado y mototaxi accidentado
En Barranquilla, la extorsión es un flagelo que opera sin uniforme, ley ni rostro, imponiendo un régimen criminal que decide cuánto vale una pelea, una venta o incluso una vida. Los Grupos Delincuenciales Comunes Organizados (GDCO) actúan como un gobierno ilegítimo, presionando a comerciantes, transportadores y ciudadanos comunes. Sin embargo, más allá de los casos típicos, existen historias tan particulares que rayan en lo absurdo, mostrando una lógica criminal despiadada y caprichosa.
Una madre multada por una discusión vecinal
Hace seis meses, en una zona periférica de Soledad, Atlántico, una madre de familia vivió una experiencia aterradora. Tras una discusión menor con su vecina, causada por un vidrio de cerveza que se cayó accidentalmente, recibió un mensaje de WhatsApp del Bloque Resistencia Caribe (BRC). La acusaban de alterar el orden público durante el fin de semana, algo prohibido por el código de convivencia impuesto por estos grupos. Le exigieron dos millones de pesos, con la amenaza de matarla o obligarla a mudarse sin derecho a vender su propiedad.
Tras rogar y negociar, logró reducir la multa a 550.000 pesos, dinero que consiguió prestado con un interés del 20%. Desde entonces, con su vecina solo intercambian sonrisas y saludos corteses, viviendo bajo el miedo constante de un sistema judicial paralelo que castiga hasta los más mínimos conflictos.
Un vendedor de pescado extorsionado tras un éxito comercial
En Semana Santa de 2024, un vendedor informal de pescado invirtió 800.000 pesos en mariscos para abastecer la Ciudadela 20 de Julio. Con precios bajos, logró vender casi toda su mercancía, obteniendo ganancias significativas. Sin embargo, su éxito atrajo la atención de extorsionistas que, identificándose como enviados del comandante X, le exigieron 1.500.000 pesos para permitirle seguir vendiendo y garantizar su seguridad.
La amenaza fue brutal: lo matarían con el mismo cuchillo que usaba para filetear los pescados. Tras negociar, terminó entregando 1.100.000 pesos, perdiendo casi todas sus ganancias y quedando solo con su inversión inicial. Este episodio destruyó su sueño de montar un negocio formal, sintiendo que trabajó para los delincuentes.
Un mototaxista extorsionado tras un accidente trivial
En enero, un mototaxista que vive en el barrio La Luz sufrió un accidente menor en Rebolo, Barranquilla. Tras caerse de su moto por una distracción, recibió ayuda de vecinos, incluyendo, aparentemente, un miembro de la banda Los Costeños. Dos días después, le entregaron un panfleto que lo declaraba objetivo militar por colaborar con este grupo.
Aterrorizado, contactó al número indicado, explicando que era una confusión. Los extorsionistas, autodenominados Los Pepes, le mostraron una foto del accidente como prueba y le exigieron 800.000 pesos para dejar el inconveniente atrás. Logró negociar y pagó 300.000 pesos, dinero que había ahorrado para la cuota de su moto. Aún hoy, duda si fue una modalidad extorsiva o un malentendido, pero queda con rabia por haber quedado raspado, golpeado y pelado.
Estas historias ilustran cómo la extorsión en Barranquilla se ha normalizado, afectando a víctimas que nunca imaginaron ser blanco de la criminalidad. Los GDCO imponen sus propias reglas, creando un clima de miedo e injusticia que desafía la lógica y la dignidad humana.



