La era del individuo tirano: juicios sin pruebas en redes sociales
Individuo tirano: juicios sin pruebas en redes

Hay algo muy moderno en saber la respuesta antes de que alguien formule la pregunta. Normalmente el científico aguarda el experimento, el juez sopesa la prueba, el médico examina el síntoma, pero el hombre contemporáneo, armado con su teléfono móvil y una convicción, no necesita esperar nada, ya sabe.

El accidente del Hércules C-130 como ejemplo

Para la muestra, un botón: El 24 de marzo, este diario registra que, en la mañana del día anterior, “un avión Hércules C-130 de la Fuerza Aeroespacial Colombiana despegó de Puerto Leguízamo y se estrelló minutos después. Murieron 69 militares”. El número de las víctimas apenas estaba siendo confirmado cuando ya las redes sociales habían abierto el juicio. Unos culpaban al abandono histórico en el que se encontraban las fuerzas armadas, otros a la negligencia del actual gobierno y hasta el presidente Petro se pronunció antes de cualquier investigación: “esos aviones donados por Estados Unidos eran chatarra”, dijo. En medio de ese tribunal digital de haters acalorados y bodegueros bien pagos, el procurador Eljach tuvo que salir a decir algo que en otra época habría sobrado: “No es el momento de buscar culpables en redes sociales.” En mi opinión, con este pronunciamiento el procurador no solo hizo un llamado a la prudencia, sino que, sin pensarlo, emitió el diagnóstico de una enfermedad actual: la necesidad urgente de tener certezas a toda costa sin importar la validez de la prueba.

La verdad según Aristóteles y Nietzsche

Recordemos que Aristóteles definió la verdad con una economía que debería avergonzarnos: “decir de lo que es que es, y de lo que no es que no es, es verdadero”. Nada más. Solo se exige correspondencia entre lo que se dice y la cosa. Una idea tan vieja que parece obvia, y tan obvia que ya nadie la practica por fuera de casa. Esto quizás se debe a que en el ámbito ciudadano y digital aplicamos todo el tiempo el precepto del disruptivo Nietzsche: “no hay hechos, solo interpretaciones”. A primera vista suena a escándalo y a segunda vista suena a descripción del mundo en que vivimos. Porque si bien esta cita refiere una postura que admite mucha discusión, lo cierto es que las redes sociales hicieron de ella su franquicia. Llamar a esto desinformación me parece algo generoso e ingenuo, porque la desinformación supone un error cognitivo: alguien que creyó algo falso porque no tenía mejor información. Al respecto, Éric Sadin, en el libro que es título de esta columna, describe un fenómeno distinto y más perturbador: el individuo que sabe que está en un teatro y actúa de todas formas, por necesidad de catarsis. No es el engañado, sino el actor; no la víctima del algoritmo, sino su cómplice.

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El individuo tirano según Éric Sadin

Sadin llama a esto la era del individuo tirano, y lo ilustra con una imagen que merece reflexión: “un hormiguero de seres esparcidos que pretenden representar la única fuente normativa”. No es una élite, ni una conspiración, es un hormiguero sin cabeza, ni centro, sin posibilidad de decapitación. El resultado de este fenómeno es una especie de fascismo individual atomizado, que no se parece en nada al de las camisas pardas marchando en columnas; este fascismo es molecular, casi invisible, y es ejercido desde perfiles falsos con convicciones reales. Su poder no radica en la fuerza, sino en su velocidad de expansión. Aquí lo más perturbador que Sadin plantea sobre el hormiguero soberano de las redes, no es la proliferación de la mentira, sino que su individuo tirano no es un ignorante, sabe perfectamente que está en el teatro y actúa porque necesita la catarsis y la utilidad más de lo que necesita la verdad. Lo que muere en este proceso no es solo la verdad de un hecho concreto, también muere la posibilidad de que dos ciudadanos con convicciones opuestas reconozcan, al menos, los mismos hechos antes de disentir sobre su significado. Sin esa base no hay conversación, ni debate posible, solo monólogos sordos que se emiten desde burbujas digitales.

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¿Qué hacer frente a este presente distópico?

La tentación es responder con otra certeza y corregir el veredicto falso con un veredicto verdadero. Pero eso sería entrar al teatro, y el teatro del individuo tirano tiene una sola regla: el que entra acepta mis condiciones. Por eso arriesgo una propuesta más antigua y con mala prensa: la epojé o suspensión deliberada del juicio ante lo que los hechos no permiten resolver con suficiente evidencia. El escepticismo no se trata de indiferencia pasiva y cómoda, sino de la espera activa e inquisidora del que se niega a sentenciar antes de que llegue la evidencia.

Nota final

El 23 de abril, un mes después del siniestro referido en esta columna, uno de los hallazgos de la investigación preliminar entregados por la FAC señala que “aproximadamente cuatro segundos después del despegue, la aeronave impactó tres árboles”. Hasta la fecha, ningún hater, bodeguero o twittero ha viralizado este hallazgo, ni ningún otro detalle comunicado en el informe del coronel Luis Fernando Giraldo.

Por Andrés Cabal Godoy, ensayista y magíster en Filosofía por la Universidad del Valle. Profesor en Cali y estudioso de Montaigne y la filosofía helenística.