La noche del 31 de octubre de 2025 quedó grabada a fuego en la memoria de Mónica Jaramillo Buitrago. Desde entonces, su vida se divide entre un antes y un después de la muerte de su hijo, Jaime Esteban Moreno Jaramillo, un joven de 20 años, estudiante de séptimo semestre de Ingeniería de Sistemas en la Universidad de los Andes, ajedrecista y campeón de múltiples torneos.
“Mi hijo era un ser extraordinario. Un hijo maravilloso, sano”, declaró con la voz quebrada en entrevista con la sección Bogotá de EL TIEMPO, mientras intenta reconstruir el crimen que, según relata, persigue a su familia cada día.
Los hechos del asesinato
Jaime Esteban salió esa noche de Halloween a una fiesta de disfraces en Chapinero. Horas después, fue asesinado brutalmente en vía pública. “Mi hijo fue asesinado el 31 de octubre de 2025 en Chapinero, luego de salir de una fiesta. Fue asesinado a golpes y a patadas”, recuerda su madre.
Según su relato, la agresión ocurrió en dos momentos. El primero, frente a un Oxxo de Chapinero. Luego vino la persecución. “Tuvo dos ataques. El primero frente al Oxxo de Chapinero y luego es perseguido y acribillado a golpes por dos homicidas”, cuenta.
Mónica habla despacio, como si cada palabra tuviera el peso insoportable de volver a ver la escena. Las imágenes del crimen quedaron registradas en videos que circularon ampliamente en redes sociales y medios de comunicación. Videos que, para ella, muestran la dimensión de la violencia con la que atacaron a su hijo.
“Quiero recordarle a la ciudadanía que la primera patada que recibió mi hijo en la espalda le reventó el pulmón. Y el otro llegó y le trituró el cráneo, porque mi hijo tenía ocho fracturas en el cráneo y las manos fracturadas. Esto fue una barbarie total”, afirmó.
Los acusados y el temor a la impunidad
Los dos hombres señalados como autores materiales del homicidio están privados de la libertad. Juan Carlos Suárez Ortiz fue capturado el mismo día de los hechos y permanece recluido en las celdas de Paloquemao. Ricardo Rafael González Castro, oriundo de Cartagena, se entregó una semana después y está en la cárcel La Ternera. Pero a pesar de esas capturas, hoy el miedo de la familia no es menor.
Lo que más atormenta a Mónica no es solo recordar cómo asesinaron a su hijo, sino pensar que quienes participaron en el crimen puedan recuperar la libertad antes de ser condenados. “El peligro es que estas personas salgan y no comparezcan ante la justicia. Entonces vamos a quedar con una condena de papel. Una condena sin unos detenidos”, expresó.
La angustia creció en las últimas semanas por retrasos judiciales que, según denuncia la familia, están acercando el proceso al vencimiento de términos. La Fiscalía radicó el escrito de acusación el 29 de diciembre de 2025 y el caso inicialmente quedó en manos del Juzgado 45 Penal del Circuito de Bogotá. Sin embargo, el 22 de abril de este año, el Consejo Superior de la Judicatura reasignó varios procesos, incluido el de Jaime Esteban, a un juzgado de descongestión penal: el Juzgado 801.
La audiencia prevista para el 28 de abril fue reprogramada para el 19 de mayo, pero tampoco pudo realizarse. “Desafortunadamente ayer tampoco se realizó la audiencia porque el juez estaba en capacitación electoral”, cuenta Mónica. Ahora, asegura, falta apenas un mes para que se cumplan los términos que podrían permitir que los acusados soliciten la libertad. “El país presenció el crimen a través de videos que se hicieron virales, estas personas son absolutamente peligrosas para que queden en libertad”.
Una mujer prófuga
A la preocupación se suma otra herida abierta: una mujer señalada de haber estado con los agresores esa noche continúa prófuga. Se trata de Kleidymar Fernández Sulbarán, ciudadana venezolana que fue detenida inicialmente, la del disfraz azul, pero quedó libre. Según relata la madre de Jaime Esteban, posteriormente se emitió una orden de captura en su contra a partir de testimonios y videos recopilados en la investigación. “Desde el primero de diciembre de 2025 existe orden de captura contra ella y a la fecha no ha sido recapturada”.
La mujer aparece incluso en el cartel de los más buscados de Bogotá y las autoridades ofrecen recompensa por información sobre su paradero. Pero hasta ahora no ha sido ubicada. Por eso, Mónica insiste en que el temor de la familia no es infundado. “Nada nos garantiza que los van a volver a recapturar, ni a condenarlos. Ese es el peligro y por eso hemos encendido las alarmas”.
La lucha por una condena ejemplar
La familia sigue sin entender por qué Jaime Esteban fue atacado con semejante sevicia. “Desafortunadamente nunca hemos tenido una explicación”, dice su madre. Ni siquiera los capturados han entregado información para ayudar a ubicar a la mujer prófuga. Mientras habla de justicia, inevitablemente termina hablando de quién era su hijo. “Era un joven de 20 años, estudiante de la Universidad de los Andes, de séptimo semestre de Ingeniería de Sistemas. Ajedrecista. Campeón de muchos torneos”. Luego hace una pausa larga. “En la necropsia evidenciaron que no tenía rastros de drogas ni de alcohol”.
Desde aquella madrugada, la vida de su familia se derrumbó. “Estamos absolutamente destruidos, devastados. Yo no he retomado mis actividades laborales. Después de esta tragedia es muy difícil encontrarle sentido a la vida”. Aunque agradece el trabajo de la Policía, Medicina Legal y la Fiscalía, especialmente el de la fiscal Elsa Cristina Reyes, quien asumió el caso en la Fiscalía 100 de Vida, asegura que el sistema judicial les está fallando. “Encontramos una inoperancia total”.
A Mónica también le duele que, con el paso de los meses y la acumulación diaria de tragedias en Bogotá, el caso de su hijo empiece a diluirse en la memoria de la ciudad. Por eso decidió volver a hablar. “No puede ser que teniendo unos videos, teniendo 19 testigos, teniendo una necropsia tan evidente, no exista la capacidad judicial para imponer una condena y una sanción ejemplar”. Y añade que este caso no puede terminar reducido a otra historia más archivada en los despachos judiciales. “Esto es lo que pedimos: una condena ejemplar, para que los jóvenes tengan una reflexión de que cuando se cometen actos de este tipo, hay consecuencias”.
Al final de la conversación, cuando ya parece no quedarle fuerza para seguir recordando, Mónica vuelve a hablar como madre. No como víctima dentro de un expediente, sino solo como una mamá que perdió a su hijo. Y deja una frase que resume todo el dolor: “Esto ha sido absolutamente devastador para nosotros como familia”.



