La noche del jueves 7 de mayo, el estadio Atanasio Girardot fue escenario de graves alteraciones al orden público durante el partido entre Independiente Medellín y Flamengo de Brasil, válido por la Copa Libertadores. Los disturbios comenzaron desde el primer minuto con el lanzamiento de bengalas y actos de indisciplina, lo que obligó a la intervención de las autoridades y llevó a la suspensión y posterior cancelación del encuentro por decisión de la Conmebol.
Ambiente tenso antes del partido
El ambiente ya estaba caldeado antes del pitazo inicial. La hinchada se encontraba resentida por los gestos provocadores del entonces presidente Raúl Giraldo en el partido anterior, en el que el DIM cayó ante Águilas Doradas, sumado a versiones sobre haber regalado la final contra Santa Fe. Sin embargo, en el máximo escenario deportivo de los antioqueños no solo se registró el uso de pirotecnia, pancartas y cánticos contra dirigentes y jugadores del poderoso, sino también cuantiosos daños a la infraestructura producto del vandalismo.
Daños materiales y vandalismo
De acuerdo con el balance oficial, se reportó la destrucción de 9 orinales, un sanitario, 13 brazos de lavamanos, 6 gabinetes contra incendios, 3 cámaras de seguridad, así como el hurto de extintores y la destrucción de 113 sillas. Manuel Villa, secretario de Seguridad de Medellín, rechazó categóricamente el comportamiento de este sector de la hinchada, calificándolo como un acto de literalmente vandalismo. El funcionario fue enfático en desvincular a estos actores de la verdadera fanaticada, asegurando: “Esos tipos no son hinchas, son desadaptados, son bandidos, son vándalos”. Además, cuestionó duramente los daños absurdos a la infraestructura del escenario deportivo: “¿A quién le cabe en la cabeza que toteando un inodoro va a resolver el problema del equipo?”.
Intervención policial y capturas
El escuadrón UNDEMO, con más de 300 uniformados en el recinto, tuvo que intervenir para evacuar el estadio y controlar los desmanes en las afueras. La rápida acción policial dejó un saldo de nueve capturas: ocho mayores de edad y un menor aprehendido, quienes ya fueron presentados ante la Fiscalía General de la Nación para su judicialización. El secretario Villa reveló un detalle insólito y agravante: los mismos involucrados reconocieron tras ser detenidos que su objetivo principal era provocar disturbios para que su propio equipo fuera sancionado.
Medidas implacables
Ante esta confesión, la Alcaldía confirmó que se aplicarán medidas implacables. A los detenidos se les impusieron comparendos bajo la Ley 1801, se les prohibirá el ingreso al estadio al menos durante el próximo año y se enfrentan a multas de millones de pesos. La administración municipal reiteró su compromiso inquebrantable con la política de convivencia y la cultura del fútbol en paz. Villa advirtió que las nuevas denuncias instauradas por el Inder y otros actores se sumarán a los procesos penales vigentes desde la final del año pasado, concluyendo con una premisa clara: “Les tiene que doler con la libertad o con el bolsillo, pero pagan porque pagan, o pagan plata o pagan con cárcel”.



