La periodista y escritora feminista Catalina Ruiz-Navarro publicó una columna de opinión en la que cuestiona el papel del pódcast Vos Podés, conducido por Tatiana Franko, tras la polémica generada por un episodio dedicado a la detransición de género.
Críticas al formato del pódcast
Según la columnista, el programa —que se presenta como “un espacio de inspiración que nació con el propósito de contar historias de mujeres poderosas”— se ha convertido en uno de los más influyentes del país, lo que implica responsabilidades editoriales mayores. Ruiz-Navarro sostiene que el formato del pódcast prioriza la empatía y las historias personales por encima del cuestionamiento crítico, lo que, a su juicio, puede resultar problemático cuando se abordan temas sensibles como la salud o los derechos humanos.
El episodio de la discordia
El debate surgió a raíz del episodio publicado el 8 de abril titulado “Detransición: revertir el cambio de género”, en el que participa Karen Quiñones. En la conversación, la invitada relata que inició un proceso de transición de género durante su etapa universitaria, comenzó tratamiento hormonal y adoptó una identidad masculina, pero posteriormente decidió revertir ese proceso tras participar en actividades religiosas y un retiro espiritual.
La columnista señala que el relato es presentado “con mucha dulzura y suavidad”, mostrando a Quiñones como una mujer que encontró estabilidad emocional y espiritual. Sin embargo, critica que el episodio no mencione información que considera relevante para la audiencia. Según Ruiz-Navarro, Quiñones es una activista conocida por oponerse a iniciativas legislativas que buscan prohibir los llamados ECOSIG, conocidos popularmente como terapias de conversión.
Denuncia de falta de contexto
En la columna, Ruiz-Navarro afirma que estos procedimientos constituyen “una forma de tortura” que puede adoptar diferentes apariencias —terapéuticas, religiosas o psicológicas— pero con un mismo objetivo: presionar a personas LGBT para que oculten su identidad o su orientación sexual. También sostiene que el retiro espiritual mencionado por la invitada tiene similitudes con relatos documentados de sobrevivientes de estas prácticas.
Otro de los puntos centrales del texto es la crítica a la ausencia de contexto dentro del episodio. La autora asegura que, sin esa información adicional, el testimonio “no se ve tan inocente” y puede terminar siendo instrumentalizado dentro de debates políticos más amplios sobre derechos de las personas trans.
Respuesta de Tatiana Franko
Tras la controversia, Franko respondió a las críticas señalando que “los discursos de odio no son sanos y generan desinformación”, pero defendió el episodio argumentando que su intención fue escuchar una experiencia personal y que “darle voz a alguien no significa que yo avale”.
Para Ruiz-Navarro, esa explicación resulta insuficiente. En su análisis, divulgar testimonios sin contraste periodístico ni preguntas críticas termina legitimando narrativas que pueden afectar discusiones públicas sensibles. La columnista concluye que, dada la enorme audiencia del pódcast, el contenido no puede desligarse de responsabilidades informativas, especialmente en un contexto que describe como un momento de creciente “pánico moral” impulsado por sectores antiderechos frente a las personas trans.



