Sicariato en Colombia: Crecimiento del 40% en 10 años y falta de estrategia estatal
Sicariato crece 40% en Colombia sin estrategia estatal

Sicariato en Colombia: Una epidemia criminal sin control

El reciente asesinato del empresario Gustavo Andrés Aponte y su escolta Luis Gabriel Gutiérrez ha vuelto a poner sobre la mesa un problema que azota diariamente a Colombia: el sicariato. Esta modalidad de crimen por encargo no solo persiste, sino que se ha incrementado dramáticamente en la última década, convirtiéndose en la principal forma de homicidio en el país.

Cifras alarmantes que revelan una tendencia creciente

Según datos oficiales del Ministerio de Defensa, en los últimos 10 años los casos de sicariato en Colombia han aumentado en un preocupante 40%. Las estadísticas muestran un ascenso constante: de 5.920 casos registrados en 2015 se pasó a 8.907 en 2024. Para 2025, hasta septiembre, ya se contabilizaban 7.392 casos, lo que representa el 67,5% del total de homicidios reportados en ese período.

Esto significa que casi tres de cada cuatro asesinatos en el país son ejecutados por sicarios, una proporción que evidencia la gravedad de la situación. Si a estas cifras se suman los homicidios cometidos durante atracos (416) y por acciones de grupos armados ilegales (461), se concluye que el 75% de los asesinatos son perpetrados por organizaciones criminales, frente a solo el 25% atribuible a problemas de convivencia.

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Bogotá: Epicentro de la violencia por contrato

En la capital colombiana, la situación es particularmente crítica. Del promedio diario de tres homicidios que se registran en Bogotá, uno o dos corresponden a sicariato. Esta modalidad delictiva ha impedido reducir significativamente las tasas de homicidio tanto en la ciudad como a nivel nacional, manteniendo niveles de violencia que preocupan a autoridades y ciudadanos por igual.

El ministro de Defensa, Pedro Sánchez, ha reconocido la magnitud del problema. En declaraciones publicadas en septiembre del año pasado, señaló: "En 2003, la tasa de homicidios por sicariato era del 7 por ciento. Hoy en día ya llega al 67 por ciento. El sicariato, al que tenemos que ponerle atención para mirar cómo enfrentamos el problema, es un desafío supremamente importante".

Falta de estrategia y debilidades institucionales

Expertos en seguridad coinciden en que no existe una estrategia estatal coherente para enfrentar y reducir el sicariato. Se requiere con urgencia un plan antihomicidios que involucre de manera decidida a todos los organismos de policía judicial, especialmente a la Fiscalía General de la Nación.

En Bogotá, el nivel de esclarecimiento de homicidios apenas alcanza el 40%, lo que significa que solo se identifica a 4 de cada 10 homicidas. De estos, únicamente dos terminan detenidos. Para mejorar estos indicadores, es fundamental:

  • Incrementar sustancialmente el número de investigadores judiciales en Policía y Fiscalía
  • Fortalecer la especialización de fiscales en delitos de sicariato
  • Identificar, perseguir y judicializar a sicarios reincidentes

Medidas urgentes para combatir el fenómeno

Frente a esta realidad, se proponen acciones concretas que deben implementarse de manera inmediata:

  1. Acciones contundentes contra estructuras criminales: Uso legítimo de la fuerza para desarticular organizaciones dedicadas al sicariato.
  2. Combate al comercio ilegal de armas: Control estricto y decomiso de armas de fuego en poder de ciudadanos, complementando las restricciones actuales con operativos permanentes en espacios públicos.
  3. Fortalecimiento del sistema carcelario: Reducción del hacinamiento, eliminación del control delincuencial en cárceles y combate a la corrupción en el Inpec y Uspec.
  4. Trabajo comunitario: Colaboración estrecha con comunidades en territorios afectados, fortaleciendo organizaciones locales y creando capital social que trabaje con las autoridades.

La falta de denuncia por miedo a represalias y la desconfianza en las autoridades siguen siendo obstáculos significativos. En muchos barrios, los vecinos conocen la identidad de los criminales pero prefieren guardar silencio, perpetuando así la impunidad que alimenta este flagelo.

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El reto es monumental, pero la urgencia de actuar frente al sicariato como fenómeno criminal predominante en Colombia es ineludible. Solo mediante una estrategia integral, coordinada y sostenida será posible revertir esta tendencia que tanto dolor y zozobra genera en la sociedad colombiana.