La crisis del sistema de salud colombiano se intensifica y comienza a trasladar responsabilidades de atención a otros segmentos diseñados para preservar la vida de los pacientes. Específicamente, se trata de la sobreocupación en las salas de urgencias, que a pesar de tener una capacidad instalada del 100%, en promedio sobrepasan dicha tasa y generalmente se mantienen cercanas al 300%.
Sin embargo, la crisis financiera continúa amenazando la salud colombiana, pues las barreras de atención cada día son más frecuentes y están llevando a los pacientes afectados a buscar las atenciones fallidas o incluso la entrega de medicamentos a través de la asistencia a urgencias.
En conversación con diferentes entidades prestadoras de servicios, especialmente clínicas y hospitales, actualmente existe una sobreocupación mucho más alta de las salas, que muy seguramente le están trasladando cargas financieras al sistema de salud del país.
Presión sostenida en instituciones de alta complejidad
De acuerdo con Juan Gabriel Cendales, CEO de la Fundación Cardioinfantil (LaCardio), la mayoría de las instituciones de alta complejidad del país enfrentan una presión sostenida con los servicios de urgencias, que con frecuencia superan la capacidad del 100% que tienen dichos establecimientos. No obstante, aunque se han tenido picos de sobreocupación de entre 400% y 500% y los eventos eran esporádicos, en la actualidad son un fenómeno continuo y permanente.
“El año pasado operamos con un promedio de 300% de ocupación. Esto implica pacientes en camillas, sillas, tiempos de estancia prolongados en urgencias, y un desgaste del equipo asistencial que no es sostenible en largo plazo”, destacó el directivo.
Casos extremos: hasta 600% de ocupación
La situación se escala dependiendo de la institución. En conversación con Alejandra Cañas, directora científica del Hospital Universitario San Ignacio de Bogotá, la semana pasada la demanda de los servicios de urgencias, tanto en niños como en adultos, superó el 600% en todos los tipos de triage.
“Probablemente hay una tendencia en la asistencia a urgencias. A veces las citas por consulta externa se demoran o las personas no asisten. La no adherencia a los tratamientos médicos y medicamentos lleva a la descompensación de las patologías crónicas, y en algunas ocasiones conduce a la ciudadanía a resolver por urgencias atenciones no realizadas en el ámbito ambulatorio”, indicó Cañas.
Una situación similar se evidencia en la Fundación Valle de Lili, donde su directora general, Marcela Granados, le confirmó a este medio que los servicios de urgencias están ocupados en un 300%.
“La atención de urgencias debe ser para los pacientes que presentan una urgencia, no para aquellos que están crónicamente enfermos, que deberían estar controlados y estables”, señaló Granados.
Costos crecientes para el sistema de salud
Si bien la alta demanda y sobreocupación de los servicios de urgencias no es algo nuevo, y se presentaba esporádicamente, hoy acceder a los servicios de salud por esta vía está siendo una tendencia que le está generando cargas financieras al sistema de salud.
Augusto Galán, director de Así Vamos en Salud y exministro de la cartera, apuntó que esta es una tendencia que se ha visto desde hace varios años, pero que hoy se ve frecuentemente debido a que las personas no encuentran acceso por la consulta ambulatoria y buscan los servicios a través de las urgencias. Sin embargo, uno de los focos es cuánto le cuesta al sistema esa atención. Según Galán, aunque no es un dato cuantificable, se puede suponer que es “una cifra significativa, porque al acceder a los servicios de urgencia, en la práctica se utilizan de manera adicional métodos diagnósticos que terminan costando más para el sistema de salud”.
En la misma línea, Juan Gabriel Cendales aseguró que el costo para el sistema es exponencial, teniendo en cuenta que atender pacientes que tienen descompensaciones agudas en urgencias o cuidado intensivo puede llegar a ser hasta diez veces más costoso que si se hubiera manejado de forma adecuada por el modelo ambulatorio.
“Tenemos un estudio que nos muestra que un paciente con una falla cardíaca, que se maneja en el hospital, resulta 20 veces más costoso que si se hubiera manejado desde el punto de vista ambulatorio. Esto es una carga para el sistema importante”, señaló.
Costos institucionales y sociales
El directivo nombró otros costos relacionados, como el institucional. De acuerdo con Cendales, la sobreocupación del sistema o del servicio de urgencias genera ineficiencias en la cadena, pues las estancias son más prolongadas.
“Hoy los pacientes están durando de tres a cuatro días en urgencias. Hay un costo que no se cuantifica, que es el desgaste del talento humano, con mayores riesgos de eventos adversos y toda la carga financiera que eso implica. Estamos atendiendo más pacientes, pero eso no necesariamente es una contraprestación oportuna en atención”, opinó el directivo.
Adicionalmente, afirmó que hay un costo más y es el social, pues un paciente atrapado en urgencias significa días de trabajo perdidos que impactan los empleos de los ingresados y de sus cuidadores.
Presión adicional sobre el sistema
A su turno, la directora científica del Hospital Universitario San Ignacio mencionó que en temas de costos la atención a pacientes termina recayendo en algunos de los servicios, bien sea en urgencias o por consulta externa, lo que genera una presión adicional al sistema de salud.
“Esta emergencia funcional en urgencias, en especial, presiona la disponibilidad de espacio y de los sistemas sanitarios para demandar y prestar una atención adecuada, sobre todo a triage uno, dos y tres”, dijo.
También, la directora de la Fundación Valle de Lili explicó que hoy en día no se puede negar que existe una crisis en el sistema de salud, que pasa desde el punto de vista financiero por el flujo limitado de recursos.
“Hay algo estructural que hace que la crisis se profundice y es la inestabilidad de las EPS intervenidas”, señaló Granados. A esto, agregó que la crisis no solo deriva en una dificultad en el flujo de recursos, sino también en un problema operativo y administrativo difícil de solucionar, que finalmente impacta a los pacientes, que son el centro de todo el sistema.



