Tiroteo contra Trump reabre herida de violencia política en EE. UU.
Tiroteo contra Trump reabre violencia política en EE. UU.

El Washington Hilton, en el centro de la capital estadounidense, volvió a ser el epicentro de la violencia política en el país luego de que un hombre, armado con una escopeta, una pistola y varios cuchillos, irrumpió en un evento en el que se encontraban el presidente Donald Trump y buena parte de su gabinete.

Fue a las afueras de este mismo hotel, hace exactamente 45 años, donde John Hinckley Jr. intentó asesinar al entonces presidente Ronald Reagan cuando salía de una conferencia el 30 de marzo de 1981. Reagan, que sobrevivió al atentado, fue alcanzado por una bala que rebotó contra la limusina presidencial. El disparo le perforó un pulmón y lo dejó al borde de la muerte.

Aunque en esta ocasión el atacante no estuvo cerca de Trump, el incidente revivió de inmediato la oscura historia de un país en el que cuatro presidentes han sido asesinados y donde se han registrado al menos dos decenas de atentados contra ocupantes de la Casa Blanca.

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Detalles del ataque

El episodio del sábado ocurrió en medio de la cena anual de corresponsales ante la Casa Blanca, un evento privado al que tradicionalmente se invita al presidente de turno. El pánico se esparció como espuma cuando se escucharon lo que parecían ser detonaciones en las inmediaciones del hotel, lo que activó de inmediato el protocolo del Servicio Secreto.

Las autoridades confirmaron poco después el arresto de un hombre identificado como Cole Tomas Allen, de 31 años, quien había viajado desde California y se hospedaba en el mismo hotel. No está claro si el objetivo principal era el presidente, pero las autoridades no descartan que Trump estuviera entre los posibles blancos.

En un manifiesto enviado por el atacante a sus familiares y revelado por el diario The New York Post, Allen identificaba como “objetivos” a los miembros del Gobierno Trump. En el documento de 1.052 palabras se detalla una lista de prioridades para el ataque, situando a los altos cargos de la Administración Trump en la cima, con la única excepción del director del FBI, Kash Patel.

Allen justifica sus acciones describiéndose como un ciudadano que no está dispuesto a permitir que un “pedófilo, violador y traidor” –en posible referencia a Trump– actúe en su nombre.

El manifiesto también revela que el sospechoso planeó el ataque de manera minuciosa para, según él, “minimizar las bajas colaterales”. No obstante, indica en su texto que “pasaría por encima de casi todos” para llegar “a los objetivos si fuera absolutamente necesario”.

El sospechoso permanece bajo custodia y será presentado ante un juez este lunes, enfrentando múltiples cargos federales por posesión ilegal de armas y por intento de ataque.

Reacciones de Trump

En una breve rueda de prensa, Trump sugirió que pudo haber sido el objetivo del individuo y aprovechó para reiterar la necesidad de construir un gran salón de recepciones en la Casa Blanca, idea que ha generado críticas por su costo y pertinencia.

La cena anual de la Asociación de Corresponsales a la Casa Blanca es uno de los eventos más tradicionales del calendario político de Washington. Durante su primer mandato, Trump decidió no asistir en tres de los cuatro años, en medio de su tensa relación con la prensa.

El evento lleva varias décadas celebrándose en este mismo hotel y no depende del visto bueno del gobierno, por lo que no está claro cuál es la relación que Trump establece entre su salón de recepciones y esta cena anual.

Un largo historial de violencia política en Estados Unidos

El incidente se suma a una larga lista de episodios de violencia contra presidentes en EE. UU. Cuatro de ellos —Abraham Lincoln, James Garfield, William McKinley y John F. Kennedy— fueron asesinados en atentados. Otros sobrevivieron a intentos que marcaron la historia política del país.

Andrew Jackson, por ejemplo, fue el primer presidente en sufrir un intento de asesinato en 1835, cuando el arma del atacante falló. Theodore Roosevelt fue baleado en 1912 durante la campaña presidencial, pero logró terminar su discurso antes de recibir atención médica. Harry Truman fue blanco de un ataque armado en 1950 frente a la Blair House. Gerald Ford enfrentó dos intentos en cuestión de semanas en 1975, y Ronald Reagan estuvo a centímetros de morir en 1981.

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Más recientemente, Trump también ha sido blanco directo de ataques. En julio de 2024, durante un mitin en Butler, Pennsylvania, un atacante abrió fuego contra el entonces candidato republicano. Una de las balas le rozó la oreja, en un episodio que dejó al menos un muerto entre los asistentes y que obligó a su evacuación inmediata por parte del Servicio Secreto.

Meses después, en un campo de golf en Florida, otro individuo armado fue detenido tras ser detectado en las inmediaciones mientras Trump se encontraba en el lugar. Las autoridades indicaron que el sospechoso estaba fuertemente armado y se dirigía a perpetrar un atentado.

A estos casos se suman otras amenazas e incidentes de seguridad investigados por el Servicio Secreto, incluyendo individuos que han intentado acercarse a actos públicos o que han emitido amenazas directas contra su vida. Aunque no todos se concretaron, reflejan el nivel de riesgo que hoy rodea la figura del presidente.

Ataques y amenazas, una tendencia en aumento

Diversos estudios, incluidos reportes del FBI y del Departamento de Seguridad Nacional, han advertido en los últimos años sobre un aumento de incidentes de violencia política y de amenazas contra funcionarios públicos. Investigaciones de centros como el Brennan Center for Justice y el Armed Conflict Location & Event Data Project (ACLED) han documentado un incremento de ataques, intimidaciones y complots desde finales de la década pasada, en paralelo con una creciente polarización política.

Ese contexto es clave para entender lo ocurrido este sábado. Aunque el ataque fue frustrado y no dejó víctimas, el hecho de que un individuo armado pudiera acercarse a un evento con presencia presidencial vuelve a encender las alarmas sobre la seguridad y, sobre todo, sobre el clima político en EE. UU.

En un país con una larga historia de atentados contra sus líderes, el episodio en el Washington Hilton no es un hecho aislado. Es, más bien, otro capítulo en una secuencia que muchos expertos consideran cada vez más frecuente y preocupante.