Violencia sexual contra niños en Gaza y Colombia: un análisis
Violencia sexual infantil en Gaza y Colombia

Yeni y Caché son los jovencitos que han protagonizado mis relatos sobre la cultura de la gente afro, pobladora del valle del río Baudó en el Chocó. De acuerdo con el artículo de opinión que Nicholas Kristof, periodista del New York Times, publicó el pasado 11 de mayo, si hubieran sido gazatíes, los dos niños estarían en la edad precisa para que los violaran aquellos perros que el ejército israelí adiestra para torturar a quienes aprisiona sin formular cargo alguno. Mediante el terror causado, esa fuerza armada intenta legitimar formas de chantaje para que, una vez liberados, esos menores de edad espíen a los miembros de Hamás y transmitan las informaciones respectivas a los ocupantes violentos de la franja. Como es lógico, hacen lo contrario: resistir.

Testimonios de tortura en prisiones israelíes

Adultos que se habían negado a revelar las vejaciones de las cuales habían sido objeto dentro del Sistema Presidiario Israelí, decidieron hablar bajo anonimato con el mismo Kristof. Por ejemplo, uno de ellos contó cómo le habían perforado el recto al penetrarlo con un bastón metálico; otro se refirió al disfrute del cual había hecho alarde una militar que le amarró los testículos a un prisionero y se los golpeó hasta hacerlo sangrar y perder el sentido. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, amenaza con demandar al periódico por difamación, pese a que al artículo lo soportan otras fuentes de amplia credibilidad, además de testimonios que al analista judío argentino, Martin Gak, le han brindado Ben Marmarelli, abogado del Mandela palestino, Marwan Baghouti y Omer Bartov, el pensador judío especializado en el Holocausto. Por su parte, Amy Goodman también recogió las declaraciones de Bartov, junto con las de otro intelectual de la misma fe y renombre internacional, Gideon Levy.

Violencia sexual contra niños en Colombia

Infortunadamente, nuestros niños y niñas no han estado exentos de violencia sexual y otras formas de tortura que ejercen los responsables del conflicto armado en Colombia. De ahí los frecuentes silencios y ensimismamientos de Caché, luego de que los paramilitares desaparecieran a sus padres y a él lo convirtieran en desterrado. Sin embargo, contó con la terapia consuetudinaria basada en el amor y las conversaciones que le han brindado sus abuelos, tíos, primos y demás miembros de su familia extendida, tan parecida a las de todas las Afrocolombias. No es el caso de otros jóvenes víctimas de nuestras violencias. La antropóloga Pilar Rueda Jiménez lleva más de veinte años dialogando con esos y otros damnificados, especialmente mujeres. Relata cómo para los menores de edad violados es muy difícil buscar la sanación mediante narraciones sobre lo que han vivido. Sufren una especie de parálisis mental que contamina la totalidad de sus competencias lingüísticas y, por lo tanto, compromete su desarrollo intelectual.

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Propuesta de un hospital para víctimas del conflicto

De ahí que si llegara a ser primera dama de la nación, dedicaría sus energías al montaje de un hospital para víctimas del conflicto armado, con énfasis en las reparaciones psíquicas que en especial urgen para quienes han padecido violencia sexual. Apoyaría su gestión en las decenas de expertos en superación de los efectos del conflicto armado de este y otros países, con quienes ha establecido vínculos sólidos a lo largo de su carrera como gestora de paz y defensora de derechos humanos. No sería de extrañar que buscara extender ese hospital por el Sur Global.

Silencio de la derecha y complicidad con Israel

Esa opción contrasta con el silencio de la derecha frente a los oprobios a los cuales Kristof se ha referido. Deberá pesar en la conciencia de quienes votarán el 31 de mayo el que esa ala política, además, persista en legitimar al gobierno de Netanyahu, fugitivo de la Corte Internacional de Justicia por crímenes de guerra, así como en negar el genocidio que ha cometido contra la nación palestina.

Nota: en Nueva York, el 11 de mayo, hubo protestas contra el Gran Evento Israelí de Finca Raíz porque le hizo propaganda a la venta de propiedades dentro de los Territorios Palestinos Ocupados. La legislación internacional prohíbe y condena unos negocios que hoy parecen posibles gracias a la legitimación de la impunidad por parte de las autocracias dominantes.

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Jaime Arocha Rodríguez es doctor en antropología cultural, miembro fundador, Grupo de Estudios Afrocolombianos, Universidad Nacional.