Minas antipersona resurgen en Colombia: víctimas aumentan desde 2021
Minas antipersona resurgen en Colombia con víctimas en aumento

El regreso de las minas antipersona en Colombia

La noticia que conmocionó esta semana: tres personas resultaron heridas por la explosión de una mina antipersonal en el municipio de La Vega, departamento del Cauca. Entre las víctimas se encuentra Jesús Enrique Guzmán, tío del gobernador departamental Octavio Guzmán, cuyo pronóstico médico permanece reservado.

Las víctimas se dirigían a verificar el estado del acueducto local cuando ocurrió la explosión. No tenían ninguna relación con el conflicto armado, simplemente realizaban labores comunitarias. Este incidente representa un viaje en el tiempo hacia los días más oscuros de la violencia colombiana, cuando estos artefactos mutilaban a miles de soldados, campesinos, niños e incluso animales domésticos.

Un retroceso alarmante en la seguridad territorial

Tras la firma del Acuerdo de Paz en 2016 entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC, y después de años de intensas labores de desminado, los incidentes con minas antipersona habían disminuido considerablemente. Estos artefactos parecían convertirse en un miedo enterrado para siempre bajo la tierra colombiana. Sin embargo, la realidad actual muestra un preocupante retroceso.

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Una investigación del portal Insight Crime documenta que tanto la presencia de minas antipersona como el número de víctimas han venido en aumento constante desde 2021:

  • 2021: 316 incidentes registrados
  • 2022: 412 incidentes registrados
  • 2023: 896 incidentes registrados
  • 2024: 998 incidentes registrados

Estas cifras se acercan peligrosamente a los niveles de los años más críticos del conflicto, cuando se registraban entre 1.200 y 1.400 explosiones anuales de estos artefactos mortales.

Las causas multifactoriales del resurgimiento

Las razones detrás de este resurgimiento son múltiples y complejas. En diversas regiones del país como Chocó, Antioquia, Cauca y Nariño, grupos armados y estructuras del narcotráfico se disputan el control territorial utilizando minas antipersona para proteger corredores estratégicos. Históricamente, estos artefactos también se han empleado para obstaculizar el avance del Ejército Nacional y sembrar terror entre las tropas.

La fabricación de minas antipersona resulta alarmantemente accesible: un artefacto puede costar menos de 20.000 pesos colombianos, pero su impacto puede cambiar una vida para siempre. Esta combinación de bajo costo y alta efectividad disuasiva las convierte en armas particularmente peligrosas en contextos de disputa territorial.

La ausencia estatal y los desafíos de la paz total

El resurgimiento de las minas antipersona revela una cruda realidad: el Estado colombiano no ha logrado consolidar su presencia en numerosos territorios donde se firmó la paz. La política de 'paz total' del gobierno de Gustavo Petro, que buscaba negociaciones simultáneas con múltiples grupos armados, no ha conseguido frenar la expansión de organizaciones narcotraficantes que han vuelto a sembrar estos artefactos explosivos en trochas y campos rurales.

Como periodista especializado en conflicto, he documentado numerosas historias de resiliencia entre las víctimas de minas antipersona. Desde el único equipo de voleibol sentado del Valle del Cauca -un deporte creado originalmente para mutilados de la Segunda Guerra Mundial- hasta campesinos que perdieron extremidades mientras realizaban labores cotidianas como ordeñar vacas o dirigirse a la escuela.

Organizaciones no gubernamentales y entidades especializadas trabajan incansablemente fabricando prótesis y atendiendo las heridas psicológicas de los sobrevivientes. En todas estas historias, lo que más impacta es la extraordinaria capacidad de reconstrucción de las víctimas y sus familias, quienes enfrentan la adversidad con una dignidad admirable.

Un llamado a la acción y la reflexión nacional

Colombia no puede resignarse a volver a la época en que caminar por campos y veredas representaba un riesgo mortal. No puede aceptar que campesinos, niños o cualquier ciudadano corra peligro de muerte o mutilación por el simple acto de transitar por su territorio.

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Este 4 de abril, cuando se conmemora el Día Internacional para la Sensibilización contra las Minas Antipersonal, el país debe enfrentar una pregunta incómoda pero necesaria: ¿cómo fue posible que, pese a haber firmado la paz, el suelo colombiano volviera a convertirse en un campo minado? La respuesta requiere no solo reflexión, sino acciones concretas para proteger a la población civil y consolidar una paz territorial real y duradera.