Disidencias de las FARC intensifican presión con panfletos para extorsionar a campesinos
En un preocupante resurgimiento de tácticas de intimidación, grupos disidentes de las antiguas FARC están utilizando panfletos amenazantes para exigir pagos de extorsión a comunidades campesinas en diversas zonas rurales de Colombia. Estos documentos, distribuidos de manera clandestina, contienen advertencias explícitas y plazos perentorios para el desembolso de sumas de dinero, generando un clima de temor e incertidumbre entre los habitantes.
Mecanismos de presión y amenazas directas
Los panfletos, que han aparecido en regiones como Caquetá, Guaviare y Putumayo, emplean un lenguaje coercitivo que deja poco margen para la negociación. Las disidencias, que se han fragmentado en múltiples facciones tras el proceso de paz, están recurriendo a estos métodos para financiar sus actividades ilícitas, afectando directamente a pequeños productores agrícolas y familias que dependen de la tierra para su sustento.
Las amenazas incluyen:
- Exigencias de pagos periódicos bajo el concepto de "vacunas" o impuestos ilegales.
- Advertencias de represalias violentas en caso de incumplimiento.
- Restricciones a la movilidad y actividades económicas en los territorios controlados.
Impacto en la economía y seguridad rural
Esta situación no solo compromete la seguridad personal de los campesinos, sino que también tiene repercusiones económicas significativas. Muchos agricultores se ven obligados a destinar parte de sus magros ingresos a estos pagos forzados, lo que limita su capacidad para invertir en sus cultivos y mejorar sus condiciones de vida. Además, el miedo constante a represalias dificulta las denuncias ante las autoridades, perpetuando un ciclo de impunidad.
Las comunidades afectadas reportan que los panfletos suelen aparecer en lugares estratégicos como:
- Entradas a fincas y veredas.
- Puntos de reunión comunitaria.
- Cercanías de escuelas y centros de salud.
Esta táctica busca maximizar la visibilidad del mensaje y asegurar que la presión llegue a todos los habitantes de la zona.
Respuesta institucional y desafíos
Frente a esta problemática, las fuerzas de seguridad del Estado han incrementado patrullajes en algunas áreas, pero reconocen la dificultad de erradicar estas prácticas debido a la vastedad y complejidad geográfica de las regiones afectadas. Organizaciones de derechos humanos han llamado la atención sobre la necesidad de una respuesta integral que combine presencia militar con programas de desarrollo rural y protección a las víctimas.
La persistencia de estas extorsiones evidencia los retos pendientes en la implementación del acuerdo de paz y la consolidación de la seguridad en territorios históricamente marginados. Mientras tanto, los campesinos continúan atrapados entre el miedo a las amenazas y la lucha por mantener su dignidad y sustento.



