El reciente brote de hantavirus Andes vinculado al crucero “Hondius” ha reavivado preguntas entre científicos y autoridades sanitarias sobre el comportamiento de este virus, que circula desde hace décadas en la Patagonia argentina y chilena. La característica que más preocupa es su capacidad ocasional de transmitirse entre personas, algo poco frecuente en otros hantavirus.
El hantavirus Andes sigue siendo difícil de estudiar
Una de las principales dificultades para comprender esta enfermedad es el escaso número de casos registrados. La infectóloga María Ester Lázaro, médica jubilada del Hospital Zonal de Bariloche y experta en el virus Andes, explicó que la baja incidencia complica la investigación científica. “El problema del hantavirus es que son tan pocos los casos que necesitas mucho tiempo para tener un número mínimamente decente para sacar conclusiones”, afirmó.
El epidemiólogo Rodrigo Bustamante añadió que en Bariloche se registran entre dos y cuatro casos anuales, lo que limita el desarrollo de investigaciones robustas sobre transmisión y comportamiento clínico. Además, la rapidez con que la enfermedad puede agravarse dificulta el rastreo de contactos. Según Lázaro, algunos pacientes pasan “de un estado que parece una gripe a estar ya en un respirador” en cuestión de horas, lo que obstaculiza los interrogatorios médicos y los ensayos clínicos.
En Argentina, la campaña epidemiológica actual registra 102 casos de hantavirus, casi el doble que los 57 reportados en el mismo período anterior.
El raro contagio entre humanos que sigue desconcertando a expertos
La transmisión entre personas no es habitual y sigue considerándose excepcional. Bustamante explicó que el contagio humano “no es una regla sino un evento excepcional que requiere contacto estrecho de menos de un metro durante treinta minutos”. Los científicos rechazan que haya ocurrido una mutación reciente que haga al hantavirus Andes más transmisible.
“Es un virus muy estable, a diferencia del covid-19 o la gripe”, afirmó Lázaro. Cada hantavirus ha evolucionado junto a su roedor hospedero sin cambios relevantes. Sin embargo, persiste la duda de por qué algunas personas infectadas generan cadenas de transmisión humana y otras no. “Lo que no sabemos es por qué el virus Andes es capaz de transmitirse a otra en algunas ocasiones”, señaló la especialista.
El clima, los roedores y las nuevas investigaciones en Patagonia
El biólogo Raúl González Ittig considera que esta capacidad probablemente siempre estuvo presente. “Yo pienso que el virus siempre tuvo esa propiedad”, sostuvo. Los especialistas analizan factores ambientales como las lluvias intensas, que aumentan el alimento para los roedores y, por ende, la probabilidad de contacto entre humanos y ratones infectados. “Hay más individuos y hay mayor probabilidad de que algún trabajador rural se infecte”, afirmó.
En contraste, la sequía y los incendios reducen las poblaciones de roedores en la región patagónica. Mientras tanto, los científicos continúan ampliando investigaciones en el sur argentino. Especialistas del Instituto Malbrán viajarán a Ushuaia para analizar si los roedores de Tierra del Fuego corresponden al mismo colilargo identificado en otras zonas de Patagonia o si se trata de una subespecie distinta con potencial relación con el hantavirus.



