En la crianza de bebés pequeños, existen momentos cotidianos en los que no es posible mantener una atención constante. En esos periodos, el uso de dispositivos con contenido audiovisual se ha convertido en una herramienta frecuente para mantener la atención del menor durante intervalos cortos, aunque su impacto ha sido revisado por especialistas y organismos de salud.
Alternativas basadas en juego autónomo
Especialistas plantean el uso de microescenarios de juego como alternativa al uso de pantallas. Esta estrategia se basa en la disponibilidad de entre dos y cinco objetos abiertos, es decir, materiales sin un uso único que permiten múltiples formas de exploración como encajar, apilar, transportar o abrir y cerrar.
El enfoque se relaciona con metodologías de juego libre, en las que el menor interactúa con los objetos sin intervención directa del adulto, fomentando la exploración autónoma.
La organización del espacio incluye la delimitación de un área específica, como una manta o alfombra, que funciona como entorno de juego. Este espacio facilita la concentración y permite que el adulto realice otras tareas en cercanía.
También se incorporan rutinas breves de inicio y cierre que estructuran la actividad. Entre los ejemplos se incluyen: "Ahora toca explorar. Toma tu bolsita de sorpresas" para comenzar y "Ya hemos terminado. Vamos a recoger" para finalizar.
Kits de objetos según edad y contexto
La propuesta incluye la creación de kits transportables adaptados a distintas edades. Estos conjuntos permiten mantener actividades de exploración en diferentes entornos cotidianos.
La distribución sugerida es la siguiente:
- 0–12 meses: cuchara de madera, aro de silicona y pañuelo con nudos, con sesiones de 5 a 10 minutos.
- 12–24 meses: bolsa con 10–12 objetos cotidianos seguros en pares para actividades de clasificación.
- 24–36 meses: contenedores, pinzas grandes y tapones para juegos de manipulación autónoma.
Se recomienda utilizar entre uno y cinco objetos por sesión según la edad, con el objetivo de evitar la dispersión de la atención y favorecer la exploración sostenida. La rotación periódica de materiales permite renovar el interés sin aumentar la cantidad de estímulos.
En las primeras interacciones, el adulto puede acompañar brevemente mostrando el uso de los materiales, seguido de periodos de observación sin intervención, facilitando la autonomía progresiva del bebé.
Ejemplos de uso incluyen tubos con piezas en transporte, objetos de apertura y cierre en salas de espera y circuitos motrices con cojines en el hogar, combinados con actividades de mesa para transición entre movimiento y calma.
En términos de seguridad, se recomienda el uso de objetos mayores de 4 centímetros para menores de 3 años, supervisión visual intermitente y revisión constante de los materiales para evitar deterioros o riesgos.
Recomendaciones sobre el uso de pantallas
El uso temprano de pantallas ha sido analizado por organismos de salud por su posible impacto en experiencias clave de la primera infancia, como el contacto corporal, la exploración sensorial y la interacción directa.
Se señala que los contenidos audiovisuales pueden resolver situaciones puntuales de atención, pero no sustituyen rutinas de juego autónomo ni fomentan hábitos de exploración sostenida.
También se advierte que la exposición frecuente puede aumentar la dependencia a estímulos digitales y reducir el interés por actividades más pausadas o interactivas.
Organismos como la Organización Mundial de la Salud y la Asociación de Pediatría Española recomiendan evitar pantallas antes de los 12 a 18 meses. Algunas investigaciones amplían esta recomendación hasta los 6 años en determinados contextos.
La propuesta general apunta a priorizar el juego manipulativo y la exploración física como base del desarrollo motor y cognitivo en la primera infancia.



