Colombia queda fuera del Escudo de las Américas: Una exclusión con trasfondo político
La reciente creación del Escudo de las Américas, una iniciativa de seguridad liderada por Estados Unidos para combatir el narcotráfico y el crimen organizado, ha generado un intenso debate regional debido a la notable ausencia de Colombia en esta alianza. El proyecto, impulsado por el gobierno de Donald Trump, busca articular acciones conjuntas entre países aliados mediante cooperación militar, intercambio de inteligencia y operaciones coordinadas contra organizaciones criminales transnacionales.
Los países participantes y la ausencia colombiana
En la cumbre inaugural participaron Argentina, Bolivia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, República Dominicana, Trinidad y Tobago, junto con Estados Unidos. La exclusión de Colombia, junto con otros países como México y Brasil, ha sido interpretada por analistas como una decisión que trasciende lo técnico para adentrarse en el terreno político e ideológico.
"La lucha contra las drogas tiene muchas aristas y durante décadas se ha concebido de forma imperfecta", explica el analista Enrique Serrano, quien señala que esta iniciativa representa una evolución en la forma en que Washington aborda el problema del narcotráfico.
Interpretaciones sobre la exclusión
Para el analista en conflictos Néstor Rosanía, la exclusión tiene un componente principalmente ideológico: "El Escudo de las Américas responde a una lógica de alineación política impulsada por el Partido Republicano, en la que se privilegia la participación de gobiernos cercanos a la visión de Trump".
Desde la academia, el politólogo Javier Duque Daza ofrece una visión aún más crítica: "Eso del Escudo de las Américas es una falacia. ¿Escudo contra qué? América Latina no está siendo atacada. ¿Contra el narcotráfico? Eso requiere políticas regionales y no acciones armadas".
Implicaciones para Colombia
Los analistas coinciden en que el impacto para Colombia podría ser más simbólico que operativo. Rosanía señala: "En términos técnicos, no hay una gran afectación porque la cooperación con Estados Unidos ya está asignada", aunque advierte que "Colombia queda en la fotografía de los no enemigos, pero tampoco de los cercanos".
El analista político Eduardo Llanos interpreta la ausencia como una decisión estratégica: "No invitar a Colombia y a México a esa cumbre tiene que ver con mantener una presión política, diplomática y también de alguna manera comercial sobre esos dos países".
La postura del gobierno colombiano
El presidente Gustavo Petro manifestó en redes sociales su desacuerdo con la iniciativa: "Transformar una alianza anti narcotraficante en una alianza ideológica es un error sustancial. Las mafias las derrotamos todas las naciones juntas, sin importar diferencias políticas".
Petro cuestionó la exclusión y defendió la necesidad de una estrategia que incluya a todos los países del continente, argumentando que la lucha contra el narcotráfico requiere cooperación amplia y no alianzas selectivas.
Un problema estructural sin solución inmediata
Los expertos advierten que el narcotráfico sigue siendo un problema estructural que requiere cooperación internacional sostenida. Serrano plantea: "La complejidad de este asunto hace que algunos digan que la lucha está fracasada, que esa manera de combatir reprimiendo a los carteles es ineficaz".
Rosanía recuerda que la lucha contra el narcotráfico ha sido históricamente fallida: "Colombia en términos generales pierde la lucha contra el narcotráfico. Estados Unidos la venía perdiendo, incluso el presidente Obama decía que asumían esa derrota".
Reconfiguración del mapa político
La exclusión de Colombia refleja una reconfiguración del mapa político en la lucha contra las drogas. Según los analistas, mientras algunos países avanzan hacia una cooperación más alineada con Estados Unidos, otros quedan rezagados en medio de tensiones ideológicas y dificultades internas para enfrentar el problema.
Esta situación coloca a Colombia en una posición intermedia: no es un adversario directo para Estados Unidos, pero tampoco un aliado prioritario dentro de esta nueva lógica de cooperación selectiva.
La evolución de esta estrategia y la participación de los distintos gobiernos definirán el papel de cada país en los esfuerzos regionales frente a un fenómeno que continúa siendo uno de los principales desafíos compartidos en el continente americano.



