La geopolítica del narcotráfico enfrenta un giro radical bajo la administración Trump
La muerte de Nemesio Oseguera y las recientes declaraciones de Donald Trump han sacudido los cimientos de la estrategia global contra el narcotráfico. Lo que antes se manejaba mediante cooperación internacional ahora se transforma en una confrontación directa que redefine las relaciones entre países productores y consumidores.
Un nuevo enfoque de seguridad nacional
En su primer discurso del Estado de la Unión de su segundo mandato, Donald Trump centró buena parte de su mensaje en la guerra frontal contra el narcotráfico, cumpliendo así promesas de campaña que venía anunciando desde hace meses. Su administración ha implementado cambios sustanciales:
- Refuerzo de interdicciones marítimas con incautación de cientos de toneladas de cocaína
- Intensificación de operaciones contra estructuras criminales transnacionales
- Elevación del uso de capacidades militares y tecnológicas avanzadas
- Neutralización sistemática de objetivos de alto valor en la cadena del narcotráfico
El mensaje político es contundente: Estados Unidos ya no considera el narcotráfico como un problema periférico de seguridad, sino como una amenaza directa a su seguridad nacional.
El modelo mexicano como referencia regional
La geopolítica del narcotráfico en el continente comienza a cambiar de tendencia como resultado de una reconfiguración profunda de la doctrina de seguridad estadounidense. El modelo desplegado en México -con mayor protagonismo de las fuerzas armadas, uso intensivo de inteligencia y operaciones unilaterales- podría proyectarse hacia otros países productores.
Colombia, donde los cultivos, la producción y la exportación de drogas ilícitas siguen siendo parte estructural de una economía subterránea persistente, se encuentra en el punto de mira de esta nueva estrategia. Este giro marca el ocaso de enfoques que durante décadas privilegiaron la cooperación financiera y el fortalecimiento institucional, como el histórico Plan Colombia.
Acción directa versus cooperación tradicional
En Washington parece imponerse la convicción de que el negocio de la droga no se resuelve con transferencias de recursos ni con acompañamiento técnico, sino con acción directa y unilateral. Muchos gobiernos locales son percibidos como débiles, cooptados o ineficaces frente al crimen organizado transnacional.
Los elementos que marcarán el rumbo de esta estrategia en los próximos años incluyen:
- Interdicciones agresivas en alta mar y zonas fronterizas
- Persecución sistemática de objetivos de alto valor en la cadena criminal
- Uso extensivo de drones y tecnología de vigilancia avanzada
- Operaciones militares de precisión contra infraestructuras del narcotráfico
Presión regional y consecuencias para Colombia
Bajo el paraguas de la seguridad nacional, Estados Unidos ha aumentado su presencia y presión en el Caribe y México, lo que alimenta la preocupación sobre el endurecimiento de su postura frente a Colombia. Esta nueva realidad geopolítica se refleja también en decisiones regionales como la del presidente ecuatoriano Daniel Noboa, quien impuso aranceles del 30% a productos colombianos argumentando una débil lucha contra el narcotráfico en el suroccidente del país.
Resulta particularmente llamativo este movimiento si se considera que Ecuador enfrenta déficits comerciales frente a Colombia y desafíos de seguridad tan graves -o incluso más intensos- que los colombianos. La decisión parece alinearse con el nuevo clima político impulsado desde Washington.
Un llamado a la acción coherente
La geopolítica del narcotráfico no había conocido antes a un presidente estadounidense en pie de guerra, no solo en el discurso sino en la acción concreta. Los resultados exhibidos por Washington anticipan que Colombia deberá alinear esfuerzos internos con mayor coherencia para enfrentar el flagelo del narcotráfico y su cultura asociada.
El riesgo real es que, si no se actúa con determinación y efectividad, actores externos terminen dictando de facto el rumbo de la política de seguridad colombiana. La ventana de oportunidad para una respuesta coordinada y soberana se reduce ante la aceleración de la estrategia estadounidense.