Del Medellín de Escobar al Guadalajara del 'Mencho': paralelos del narcotráfico
Medellín de Escobar y Guadalajara del Mencho: paralelos

Del Medellín de los ochenta al Guadalajara del 'Mencho': paralelos dolorosos

Las imágenes de pánico en el Aeropuerto Internacional de Guadalajara, tras la muerte de Rubén Nemesio Oseguera Cervantes, 'El Mencho', fundador del Cartel Jalisco Nueva Generación, despertaron en una periodista colombiana recuerdos vívidos de su propia tierra. Aquel domingo 22 de febrero, la confusión entre noticias reales y falsas, potenciada por la inteligencia artificial, evocó instantáneamente mayo de 1993, cuando en ese mismo aeropuerto fue asesinado el cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, en medio de una guerra entre carteles que perdura con nuevos nombres.

Traumas que trascienden fronteras y décadas

La memoria viajó rápidamente a finales de los años ochenta e inicios de los noventa en Colombia, particularmente en Medellín y Bogotá, donde comenzó su carrera periodística. Fue una época de supervivencia durante la guerra de Pablo Escobar contra el Estado colombiano y otros carteles, un tiempo del que muchos huían, observando desde lejos con terror cómo la violencia se desarrollaba tan cerca. Preguntas recurrentes resuenan aún: "¿Dónde estabas el día de la bomba del edificio Mónaco?" o "¿Por qué salías si había toque de queda?".

Cada habitante de Medellín carga una historia, un día, una noche, un ser perdido en esa guerra. Un trauma casi innombrable que resurgió al pensar en la gente de Guadalajara, de todo Jalisco, de numerosas zonas de México. La paradoja es palpable: el día de la muerte de Pablo Escobar, el 2 de diciembre de 1993, la periodista estaba en Guadalajara cubriendo la Feria Internacional del Libro. Allí, todos preguntaban qué había pasado en Medellín; esta semana, todos en Colombia y el mundo preguntan qué ocurre en México.

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Desinformación y violencia coordinada

Tras la muerte de 'El Mencho', la escasez de información verificada fue abrumadora. Redes sociales y canales de comunicación se inundaron de audios, videos e imágenes de dudosa procedencia, propagando la noción de un México en llamas. Aunque inicialmente se negaba, los datos oficiales confirmaron una realidad escalofriante: en 104 municipios de 18 estados hubo más de 250 bloqueos, se incendiaron más de 200 vehículos, fueron atacadas más de 50 sedes del Banco Bienestar y oficinas tributarias, y ocurrieron 200 incidentes en tiendas Oxxo.

Esta estrategia de ataques directos contra dependencias estatales recuerda poderosamente las tácticas de Pablo Escobar. La coordinación de las reacciones violentas, que se extendió por Tamaulipas, Veracruz, la península de Yucatán, Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Michoacán, Colima, Puebla, Guanajuato, Aguascalientes, Zacatecas y Baja California, evidenció la vasta influencia del CJNG en México. Notablemente, no hubo atentados en Sinaloa, donde persiste la guerra interna entre los Chapos y los Mayos.

El costo humano y el miedo no cuantificado

El lunes siguiente al operativo, se dimensionó la magnitud de la tragedia: una cifra preliminar de 65 muertos, incluyendo 25 integrantes de la Guardia Nacional. Sin embargo, el miedo no puede cuantificarse. Historias personales comenzaron a emerger: una maestra rural atrapada lejos de su familia, turistas encerrados en un zoológico. Estas voces reflejan la vulnerabilidad de una sociedad sometida al terror.

Más allá de debates sobre una posible "colombianización" de México o viceversa, ambas sociedades han convivido con figuras que aterrorizan y seducen. Así como Pablo Escobar creó el barrio 'Medellín sin Tugurios' en 1982, 'El Mencho' repartió miles de despensas durante la pandemia con lemas como 'Mencho con el pueblo'. Pero esta aparente generosidad nunca fue altruista: ha sido una estrategia de reclutamiento, particularmente dirigida a jóvenes.

Vínculos transnacionales y narrativas poderosas

Los lazos entre carteles colombianos y mexicanos son profundos. Se han documentado conexiones entre organizaciones como el 'clan del Golfo' y el CJNG, incluyendo el reclutamiento de exmilitares colombianos. The Los Angeles Times reveló que el círculo de seguridad inmediato de 'El Mencho' fue entrenado por colombianos, el mismo grupo que derribó un helicóptero militar en 2015.

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La evolución de la propaganda narcotraficante es notable. Hace 40 años, las imágenes eran fotos en blanco y negro retransmitidas por televisión; hoy, videos de alta calidad circulan globalmente en segundos en una estrategia "apabullante", según la investigadora Rossana Reguillo. El CJNG ha ganado fuerza narrativa sin contrarrelatos efectivos, excepto el de las madres buscadoras. Quizás por ello, el Estado mexicano no ha filtrado imágenes del operativo o del cuerpo de 'El Mencho', contrastando con la muerte de Escobar, cuya imagen en los tejados de Medellín inspiró pinturas de Fernando Botero.

Un ciclo que no termina

Tras la muerte de Escobar, muchos creyeron en el fin de la violencia del cartel de Medellín, pero los años demostraron que nuevas figuras y nombres emergen constantemente, como ramificaciones en un árbol. Con el Mundial de Fútbol a tres meses, donde Guadalajara y específicamente Zapopan, Jalisco, serán sede de la selección Colombia, hay urgencia por demostrar normalidad. Sin embargo, la guerra continúa mientras persista la producción de coca en América Latina y no se desmantelen economías ilegales que van más allá del narcotráfico, incluyendo extorsión, tráfico de personas y abuso sexual.

La reflexión final es clara: tanto Colombia como México comparten el peso de un trauma colectivo generado por el narcotráfico, con paralelos dolorosos en estrategias de violencia, reclutamiento juvenil y manipulación mediática. La lucha contra estas economías ilícitas requiere respuestas integrales que aborden no solo el tráfico de drogas, sino todas las formas de crimen organizado que devastan comunidades.