Santa Marta atraviesa un momento crítico en materia de seguridad. En las últimas semanas, al menos tres personas han muerto en hechos relacionados con atracos, una seguidilla que evidencia no solo el aumento del delito, sino una escalada en la violencia con la que actúan los responsables. Los casos, ocurridos en distintos sectores, comparten elementos comunes: uso de armas de fuego, violencia excesiva y una preocupante ausencia de contención.
El asesinato de Alma Roca de Fernández
El episodio que más ha impactado a la ciudad es el asesinato de Alma Roca de Fernández, una pensionada de 76 años que fue atacada a tiros tras resistirse al robo de sus pertenencias. El hecho ocurrió en la avenida del Libertador, dentro de un restaurante y frente a varios testigos, uno de ellos su propio hijo, que la acompañaba después de haber retirado su pensión del banco. Según el relato de su hijo, Gabriel Fernández, la mujer fue seguida desde el banco en un día de alto movimiento por el pago de pensiones. “No había Policía. A ella la marcaron”, afirmó, señalando que el hecho habría sido ejecutado por varias personas que se movilizaban en motocicletas. “Él no dijo nada. Solo la jaló. Y como mi mamá no soltó el bolso, le disparó en la cara. Fue directo a matarla”, relató. La víctima fue trasladada a un centro asistencial, donde falleció horas después.
Víctimas colaterales: el caso de Karen Bustamante
A este caso se suma la muerte de Karen Bustamante, una trabajadora que fue alcanzada por una bala perdida en medio de un atraco cerca de la Universidad del Magdalena. La mujer no tenía ninguna relación con el hecho delictivo. Regresaba a su vivienda a almorzar cuando quedó atrapada en un ataque a bala de un atracador para robar a un prestamista. Murió días después, tras permanecer en estado crítico. “Ya no tiene actividad cerebral. No dan esperanzas de vida”, expresó su hija antes de su fallecimiento. La familia ha cuestionado la falta de información oficial sobre lo ocurrido. “Ninguna autoridad se ha reunido con nosotros para explicarnos qué pasó”, denunció.
Indicios de delincuencia organizada
El tercer caso se registró en cercanías del centro comercial San Pedro, donde un presunto delincuente, identificado como alias “Dalmir” y oriundo de Barranquilla, fue asesinado por un militar retirado tras intentar cometer un hurto. Este hecho ha reforzado la hipótesis de las autoridades sobre la posible presencia de estructuras criminales provenientes de otras ciudades que vienen a robar en Santa Marta. Según la información preliminar, el hombre habría llegado a la ciudad con el propósito de cometer robos. El hecho es analizado junto a otros eventos recientes para determinar si existe una red que actúa de forma coordinada, utilizando motocicletas y seguimiento previo a las víctimas.
La respuesta oficial en medio de críticas
El alcalde Carlos Pinedo Cuello se pronunció tras el asesinato de la adulta mayor y anunció acciones contundentes. “Así estén debajo de las piedras, los vamos a encontrar. Este crimen no va a quedar impune”. Durante una jornada institucional en el barrio Cristo Rey, el mandatario pidió un minuto de silencio por la víctima y aseguró que ha dado instrucciones a la fuerza pública para lograr capturas. Sin embargo, sus declaraciones se producen en un contexto de inconformidad ciudadana. Líderes comunitarios han cuestionado la capacidad de la Policía para frenar la ola de hurtos y han pedido medidas urgentes, incluyendo cambios en la institución.
Una alerta que crece
Mientras avanzan las investigaciones, la ciudadanía insiste en la necesidad de mayor prevención, especialmente en días de pago y en sectores con alta circulación. “Hoy fue mi mamá. Mañana puede ser cualquier persona”, advirtió el hijo de la pensionada. Su testimonio resume el clima actual: una percepción generalizada de inseguridad que exige respuestas inmediatas por parte de las autoridades.



