Cali: Radiografía de Riesgos para las Mujeres, con Homicidios en Aumento y Brechas Persistentes
Cali: Radiografía de Riesgos para las Mujeres con Homicidios en Alza

Cali: Radiografía de Riesgos para las Mujeres, con Homicidios en Aumento y Brechas Persistentes

Un análisis conjunto de la Fundación WWB Colombia, Cali Cómo Vamos, el Observatorio para la Equidad de las Mujeres y la Universidad Icesi expone una realidad alarmante: las mujeres en Cali viven sumergidas en tensiones que atraviesan su cotidianidad, marcadas por violencia creciente, menores ingresos que los hombres, una sobrecarga histórica de cuidado y profundas desigualdades en la ruralidad. Las cifras más recientes demuestran que estos fenómenos no ocurren de manera aislada, sino que se entrelazan y condicionan severamente la autonomía de las mujeres en la ciudad y en el Pacífico colombiano.

Violencia Estructural: Homicidios al Alza y Feminicidios en Descenso

En 2025, fueron asesinadas 68 mujeres en Cali, la cifra más alta de los últimos tres años, con un incremento del 11,5 % frente a 2024. La ciudad registró la tasa más elevada entre las principales capitales del país: 5,6 homicidios por cada 100.000 mujeres, superando la tasa nacional de 3,7. Aunque los feminicidios disminuyeron a 5 casos en 2025, desde 14 en 2024, esta reducción no implica que la violencia estructural haya cedido. Las tentativas de feminicidio alcanzaron 50 denuncias, y en lo corrido de 2026, entre el 1 de enero y el 21 de febrero, ya se reportaron 8 homicidios de mujeres y 2 feminicidios.

Además, en 2025 se registraron 4.516 denuncias de mujeres por violencia intrafamiliar en Cali, representando el 73 % del total de casos. En nueve de cada 10 hechos, el agresor fue un hombre, y ocho de cada 10 ocurrieron en el hogar. La principal circunstancia asociada fueron los celos, con un 33 %, proporción superior al promedio nacional del 27 %. En delitos sexuales, la ciudad reportó 1.139 denuncias de mujeres, un aumento del 18,6 % frente al año anterior, donde las mujeres representaron el 84 % de las denuncias y siete de cada diez exámenes médico-legales correspondieron a menores de edad.

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La violencia también se expresa en espacios públicos y digitales. El 15 % de mujeres encuestadas afirmó haber sido víctima de algún tipo de violencia en el MIO durante 2025, y cuatro de cada diez dejaron de usar el sistema por inseguridad. Más de la mitad de las mujeres que usan internet para trabajar han sufrido agresiones en línea. "Lo que solemos ver son las denuncias por feminicidios, pero lo que no vemos son las tentativas, la violencia intrafamiliar, los delitos sexuales y las violencias económicas y patrimoniales que construyen un terreno fértil para que existan los feminicidios. La violencia es un fenómeno estructural", explicó Lina Buchely, directora del Observatorio para la Equidad de las Mujeres.

Brechas Económicas: Menos Empleo e Ingresos para las Mujeres

Durante 2025, 36 de cada 100 mujeres de 15 años o más se dedicaron principalmente a oficios del hogar, frente a 7 de cada 100 hombres. Solo 56 de cada 100 mujeres participaron en el mercado laboral, comparado con 74 de cada 100 hombres. La tasa de ocupación femenina fue del 50 %, 18,6 puntos porcentuales menos que la masculina del 68,6 %. La tasa de desempleo femenina alcanzó el 10,2 %, superando en 2,8 puntos porcentuales la masculina, y entre mujeres jóvenes de 15 a 28 años, fue del 19,9 %, frente al 13,3 % de los hombres jóvenes.

En ingresos, el promedio laboral mensual de las mujeres fue de 1.945.234 pesos, un 15,1 % menos que el de los hombres, que fue de 2.291.565 pesos. En la vejez, 72 de cada 100 mujeres de 60 años o más no cotizaban ni tenían pensión. "Es necesario seguir fortaleciendo los ecosistemas de emprendimiento con financiamiento, acompañamiento y desarrollo de capacidades técnicas y comerciales para aquellas mujeres que ven en el emprendimiento una manera para generar ingresos y posiblemente generar otros empleos", dijo Soraya Husain-Talero, directora de Investigaciones de la Fundación WWB Colombia.

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El Cuidado: La Raíz Estructural de la Desigualdad

Detrás de las brechas en empleo y la vulnerabilidad frente a la violencia, hay un factor persistente: la organización social del cuidado. El trabajo de cuidado no remunerado representó el 19,6 % del Producto Interno Bruto nacional entre 2022 y 2023, equivalente a 230,3 billones de pesos, pero continúa recayendo desproporcionadamente en las mujeres. Ellas dedican en promedio siete horas y 46 minutos diarios a estas labores; en centros poblados y ruralidad dispersa, la carga asciende a ocho horas y 53 minutos. Esta carencia de tiempo limita su inserción laboral, interrumpe trayectorias productivas y afecta su salud física y mental.

"Otro elemento a destacar es el impacto que generan las mayores cargas de cuidado en la salud de las mujeres. En nuestra encuesta de percepción ciudadana más reciente encontramos que las mujeres que dedicaron 9 o más horas diarias a labores de cuidado reportaron menores niveles de buena salud física (50 %) y mental (70 %) en comparación con aquellas que afirmaron destinar entre una y cuatro horas a estas tareas (61 % y 78 %, respectivamente)", puntualizó Danny Angarita, director de Cali Cómo Vamos.

Vida Rural: Trabajo Invisible y Desigualdad Persistente

En la ruralidad de Cali, la división del trabajo es aún más marcada. Una investigación del Observatorio para la Equidad de las Mujeres y Oxfam Colombia encontró que la actividad principal del 61,6 % de los hombres participantes es un trabajo remunerado, mientras que para el 43,6 % de las mujeres es el trabajo doméstico en su casa, sin remuneración. Dos de cada 10 mujeres señalaron que no tienen empleo remunerado porque el tiempo dedicado a los oficios del hogar no se lo permite; ningún hombre dio esa respuesta.

"La situación en la ruralidad es crítica: mientras solo tres de cada diez mujeres logran tener un trabajo remunerado, casi todas lo hacen en condiciones de informalidad. Sin autonomía económica, quedan atrapadas en un ciclo de vulnerabilidad donde la dependencia se convierte en una barrera invisible, pero devastadora, para su seguridad y toma de decisiones", señaló Soraya Husain-Talero.

Las cifras dibujan un mismo mapa: violencia que persiste, tiempo que no alcanza, ingresos que no igualan y territorios donde el trabajo femenino sigue invisibilizado. Lo que sienten las caleñas no es solo inseguridad o precariedad laboral por separado, sino la acumulación de desigualdades que se refuerzan entre sí y que limitan su autonomía en todos los espacios de la vida cotidiana. "Reducir la violencia, redistribuir el cuidado y cerrar las brechas económicas no son agendas independientes. Son, para miles de mujeres en la ciudad y en el campo, condiciones mínimas para vivir con autonomía, dignidad y seguridad", concluyó Buchely.