Congreso colombiano levanta sesión de víctimas por falta de quórum tras 15 años
Congreso levanta sesión de víctimas por falta de quórum

Congreso colombiano levanta sesión de víctimas por falta de quórum tras 15 años

El pasado 9 de abril, Colombia conmemoró el Día Nacional de la Memoria y Solidaridad con las Víctimas del Conflicto Armado, una fecha establecida por la Ley 1448 de 2011 que busca garantizar un espacio institucional para quienes han sufrido la violencia en el país. Sin embargo, lo ocurrido este año marcó un precedente preocupante: por primera vez en quince años, la sesión conjunta del Congreso destinada a escuchar a las víctimas fue levantada oficialmente por falta de quórum.

Un auditorio casi vacío para voces que cargan décadas de dolor

La normativa parlamentaria obliga a cerrar la sesión cuando no hay suficientes congresistas presentes, y este 9 de abril apenas 18 de los 296 legisladores permanecían al final de la jornada. La presidencia del Senado calificó la situación como "lamentable", pero para las víctimas que viajaron desde diferentes regiones del país, el mensaje fue más contundente: una falta de respeto institucional que confirma percepciones acumuladas durante años.

Adriana Pérez, representante de la Mesa de Víctimas de Antioquia, expresó con claridad la frustración colectiva: "Doce años lleva esta Mesa Nacional de Víctimas viniendo al Congreso y es primera vez que se levanta una sesión. Eso es una falta de respeto con las víctimas que viajaron por más de diez horas para ser escuchadas acá".

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Voces emblemáticas hablaron ante sillas vacías

Entre quienes testificaron ante un hemiciclo prácticamente desierto se encontraban:

  • María Claudia Tarazona, esposa del congresista asesinado Miguel Uribe Turbay
  • Alba Murcia, madre del subintendente Frankie Hoyos, secuestrado presuntamente por el ELN en Arauca en 2025
  • Margarita Restrepo, una de las buscadoras más visibles de La Escombrera

Estas mujeres, y muchas otras, hablaron en nombre de más de 10 millones de colombianos afectados por diversas violencias: desaparición forzada, reclutamiento ilegal, confinamiento, secuestro, violencia sexual y asesinatos perpetrados por guerrillas, grupos paramilitares, crimen organizado e incluso agentes estatales.

Un problema estructural que se viene acumulando

Lo ocurrido este 9 de abril no es un incidente aislado, sino el punto más visible de un patrón de desatención que se ha venido normalizando. Adriana Pérez señaló a El Espectador: "Cuántas veces no hemos visto que los congresistas llegan a la hora que quieren, pero si están, están hablando, se paran, se ríen, están en el celular y no escuchan a las víctimas".

La conmemoración anual corre el riesgo de convertirse en un trámite burocrático más dentro del calendario legislativo, perdiendo su sentido fundamental: ofrecer un espacio de escucha efectiva donde las voces de quienes han vivido la guerra puedan incidir en políticas públicas, ser reconocidas institucionalmente y traducirse en respuestas concretas.

Reflexiones necesarias sobre memoria y compromiso social

Este episodio invita a una reflexión más amplia sobre cómo la sociedad colombiana se relaciona con su memoria histórica y con quienes han sufrido directamente el conflicto armado. En un contexto global marcado por múltiples violencias, existe un riesgo creciente de normalizar la distancia emocional e institucional frente al dolor ajeno.

Mantener abiertos estos espacios formales no es suficiente cuando carecen de contenido sustancial. El verdadero desafío está en dotarlos de sentido auténtico: escuchar con atención, permanecer presentes durante todo el proceso y responder con acciones concretas. Sin este compromiso, la conmemoración anual puede quedar reducida a una formalidad vacía, mientras las voces de las víctimas continúan relegadas a un segundo plano en la agenda nacional.

La sesión levantada este año plantea preguntas incómodas pero necesarias sobre el compromiso real de las instituciones con la reparación integral y la construcción de paz en Colombia.

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