La Defensora del Pueblo, Iris Marín, publicó este domingo 17 de mayo una contundente carta en redes sociales sobre la lista previa de convocados a la Selección Colombia para el mundial 2026. En su misiva, dirigida a la Federación Colombiana de Fútbol, la funcionaria se refirió específicamente al jugador Sebastián Villa, quien milita en el Rivadavia de Argentina.
Recuerdos y simbolismo del fútbol
Marín comenzó evocando un episodio de su infancia viendo el partido Colombia - Alemania del mundial de Italia 1990. Sobre este, que asocia con felices memorias familiares, señaló que el fútbol significa “la posibilidad de unirnos en un propósito común en un país que tantas veces parece fracturado”. “La camiseta de Colombia no representa solo resultados deportivos; representa también aquello que aspiramos a ser como sociedad”, continuó, refiriendo su importancia simbólica.
Antecedentes de violencia de género
La funcionaria recordó la importancia de que en 2011 se consiguiera que Hernán Darío ‘El Bolillo’ Gómez dejara la dirección técnica de la selección tras agredir a una mujer: “Más allá de las discusiones jurídicas, entendimos algo fundamental: que la selección Colombia no podía convivir simbólicamente con la violencia contra las mujeres”. Marín celebró que en esa ocasión se pusiera un límite ético sobre el asunto, y señaló que debe volverse a hacer con la preconvocatoria de Villa, quien fue condenado judicialmente por hechos de violencia de género en Argentina, y además enfrentó una acusación por abuso sexual.
Responsabilidad ética de los futbolistas
“La discusión no es solamente deportiva (...). Estos antecedentes no pueden reducirse a ‘problemas personales’ ni separarse por completo de la responsabilidad pública que implica llevar la camiseta de Colombia en un mundial”, aseguró la funcionaria, advirtiendo que los futbolistas se convierten en modelos a seguir para niños, niñas y jóvenes, por lo que “las decisiones sobre quiénes nos representan también transmiten mensajes culturales y sociales”. “El mensaje que enviamos cuando relativizamos la violencia contra las mujeres por talento, popularidad o rendimiento deportivo es desolador, nos aleja del espíritu que construimos detrás del deporte”, sostuvo.
Derecho a trabajar vs. símbolo nacional
La defensora aclaró que no se trata de negarle a nadie el derecho a trabajar, competir o rehacer su vida, sino de “reconocer que portar los colores de Colombia es un privilegio que implica una responsabilidad ética adicional”. Sentenció que “hay diferencias entre ser futbolista profesional y convertirse en símbolo nacional”, y recordó la gravedad de la violencia de género en el país: “Durante años ha sido minimizada, justificada o silenciada, también en el mundo del fútbol. Cada vez que le restamos importancia a estos hechos, las víctimas reciben un mensaje devastador: que su dolor vale menos que un resultado deportivo”.
Llamado a establecer límites éticos
Finalmente, volvió a referirse al caso de ‘El Bolillo’ para pedir que se vuelva a establecer el límite que se puso en aquella ocasión, y afirmó que “la camiseta de Colombia no puede ser un escudo contra la justicia”.



