Iván Cano, joven colombiano con síndrome de Marfan, sufre injusta detención en México
Joven colombiano con síndrome de Marfan sufre detención injusta en México

Joven colombiano con discapacidad enfrenta injusta detención en cárcel mexicana

En la cárcel de Morelia, Michoacán, permanece detenido Iván Cano, un colombiano de 25 años cuya salud se ha deteriorado dramáticamente durante su encarcelamiento. Según su madre Rubiela, quien habla desde la profunda tristeza que la embarga, "anda torcido, apoyado en un bastón", evidenciando el grave deterioro físico que sufre el joven.

El sueño que se convirtió en pesadilla

La historia de Iván comenzó cuando, tras un año de desempleo en Colombia, recibió una oferta laboral aparentemente legítima de una compañía mexicana de paquetería. La empresa mostró interés en su perfil como técnico del SENA en sistemas informáticos y financió completamente su traslado a México. Originario de una familia humilde de Villavicencio, esta sería la primera vez que Iván viajaba en avión, experiencia que le generó tal angustia que requirió asistencia con máscara de oxígeno durante el vuelo.

Al aterrizar en Guadalajara, Jalisco -estado que recientemente había experimentado graves disturbios tras la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como El Mencho-, miembros del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) lo secuestraron inmediatamente. Durante dos semanas, Iván fue sometido a torturas por negarse a realizar ciberataques para la organización criminal, a pesar de que ni siquiera poseía los conocimientos técnicos requeridos para tales actividades.

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De víctima a acusado: la inversión de roles

La situación tomó un giro aún más dramático cuando la Guardia Nacional mexicana irrumpió en el lugar donde estaba cautivo. En lugar de reconocerlo como víctima de trata de personas para cometer actos delictivos -un delito grave según la legislación internacional-, los agentes lo golpearon y presentaron ante las autoridades como un presunto criminal del cartel.

Las autoridades afirmaron que Iván mismo había declarado que su alias era "Guacamaya" y que formaba parte de las FEM, unas siglas poco conocidas que hacen referencia a un supuesto cuerpo élite que respondía directamente al Mencho. La Fiscalía mexicana procedió a acusarlo formalmente de portación de armas exclusivas del Ejército, ignorando completamente su evidente vulnerabilidad física.

La realidad física vs. la acusación

Iván Cano mide 1,87 metros pero pesa apenas 50 kilos debido al síndrome de Marfan, una condición genética que afecta el tejido conectivo y que le fue diagnosticada desde la infancia. Su vista y fuerza física son extremadamente limitadas, haciendo surrealista la acusación de que pudiera funcionar como agente de fuerzas especiales para cualquier organización criminal.

Su captura formó parte de las aproximadamente 40.000 detenciones realizadas bajo la estrategia de seguridad de Omar García Harfuch durante el Gobierno de Claudia Sheinbaum, y ilustra con preocupante claridad los vacíos de los operativos masivos donde se difumina peligrosamente la distinción entre víctimas y victimarios.

Contradicciones en el expediente

La carpeta del caso de Iván está repleta de contradicciones entre las versiones oficiales y las pruebas materiales y físicas disponibles. Un elemento particularmente significativo que no ha sido considerado adecuadamente es una denuncia anónima del 20 de mayo de 2025 que motivó precisamente el operativo de la Guardia Nacional.

Esta denuncia, formulada por un ciudadano venezolano, describía una historia casi idéntica a la de Iván: al llegar a México fue secuestrado por el CJNG, trasladado a la sierra de Jalisco donde encontró a otras personas indocumentadas a quienes se les informó que "ya trabajaban para el cartel" y que "el que no quisiera se moría". El denunciante mencionó específicamente que el grupo poseía "armas de grado militar", utilizaba vehículos blindados, proporcionó coordenadas geográficas precisas y aseguró que en el lugar "ejecutaban personas" y "tenían gente secuestrada".

La pregunta crucial que permanece sin respuesta es por qué las autoridades desestimaron que Iván Cano fuera una de esas personas secuestradas, especialmente ante su evidente vulnerabilidad física y las coincidencias con el testimonio del denunciante venezolano.

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El llamado desesperado de una madre

"Ay, sumercé, en la llamada mensual que pudimos hacerle lo vi triste, enfermo. Yo solo pido a Dios que salga libre, él es inocente, no debe nada y temo perderlo si sigue así", implora Rubiela, la madre de Iván, durante una de las escasas comunicaciones permitidas con su hijo.

Antes de emitir un fallo definitivo, existe un deber ético y profesional por parte de la Fiscalía y el sistema judicial mexicano de analizar exhaustivamente el testimonio que originó el operativo de la Guardia Nacional, considerando la situación particular de este joven colombiano cuya única "culpa" parece haber sido creer en una oportunidad laboral legítima en otro país.