La agenda es corta, muy corta. Con ella quieren hablar lectoras, antropólogas, feministas, periodistas e incluso funcionarias de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), a quienes asesora sobre el macrocaso de violencia sexual en el marco del conflicto armado interno. Rita Segato no tiene un segundo para sí misma en Bogotá. La académica e investigadora argentina estuvo el pasado 27 y 28 de abril como invitada de la Biblioteca Luis Ángel Arango (BLAA) en el marco de la exposición ‘Y pertenecíamos solo a nosotras mismas’.
Estaba agotada. Durante dos días no paró de hablar de violencias de género, mandato de la masculinidad, feminismo, pensamiento crítico, estructuras de poder, temas que ha investigado durante los últimos 30 años. Pese al cansancio, su tono de voz cambió cuando se le preguntó por la poesía, un capítulo de su vida que mantuvo en secreto desde 1974 hasta la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2024, cuando lo mencionó en un espacio donde estaba la directora de la editorial de literatura de la Unam (Universidad Nacional Autónoma de México).
El camino de regreso es el nombre con el que bautizó su primer libro de poesía, publicado el año pasado por la Unam. “Me sacaron de la clandestinidad poética”, le dijo a EL TIEMPO. En sus versos plasma temas del universo íntimo detrás de la investigadora que se fue muy joven de su país. Desarraigo, exilio, memoria, identidad. “La investigación, el ensayo y el análisis racional de la realidad son un blindaje”, agrega.
Para ella primero estuvo la poesía que la academia, pero terminó decantándose por la segunda porque no quería adentrarse en el drama humano. Lo que no calculó fue que su trabajo como antropóloga la volcaría de lleno a tratar de entender cómo funcionan las estructuras de poder que ejercen diferentes tipos de violencias sobre las mujeres. La realidad superando a la ficción.
La masculinidad como mandato
Hace unas semanas CNN reveló la existencia de una “academia de violación” oculta en redes sociales que cuenta con 80 millones de visitas al mes. Con el caso de Gisèle Pelicot, muchos hombres manifestaron su rechazo a la frase recurrente de las mujeres de “no todos los hombres, pero siempre un hombre”, con el que ilustraban cómo 51 hombres de un mismo pueblo del sur de Francia fueron condenados por violarla bajo sedación. Lo de CNN reitera la vigencia de esa frase. ¿Por qué a los hombres les cuesta tanto esta crítica?
La misión de los hombres es ser miembros de la corporación masculina, lo que llamo la “fratraria” o la cofradía o la hermandad masculina. La aspiración de muchos hombres y su forma de realización es ser aceptados como miembros de ese grupo. Para mí es un síntoma de la fragilidad masculina, la desesperación, el desasosiego por asociarse a la “fratraria”. Entonces van por ahí o por donde pueden para ver si su título de masculinidad es otorgado, si obtienen el diploma de sujetos masculinos. Y lo obtienen así. Pero evidentemente ese desasosiego nos muestra que ese título al que aspiran está comprometido. Se ha fragilizado.
La violación como crimen social
A criminales de delitos atroces, incluidos feminicidas y violadores, se los tilda de enfermos mentales, monstruos, entre otros adjetivos. ¿Hay una dificultad por entenderlos como seres humanos capaces de cometer tales crueldades?
En el crimen siempre se pensó al violador como un ser anómalo, raro, solitario, psicópata. Pero la verdad es que muy poquitos son psicópatas. Casi la totalidad de los crímenes de violación son socialmente cometidos. O sea, en grupo. Y lo que es cometido en grupo es un crimen plenamente social. O sea, no es de un individuo y no es de un loco. La característica de la enfermedad mental es el aislamiento. El enfermo mental es alguien que queda solo dentro de su psicosis. Pero la violación no es un acto solitario.
¿Qué consecuencias tiene que se les clasifique como psicópatas o enfermos mentales? Se les está retirando la idea de que son gestos plenamente políticos y realizados en sociedad. Y eso es lo que hay que entender. Se les disminuye su inteligibilidad. Esa adjetivación hace que tengamos menos oportunidad de entender realmente lo que pasó.
El vínculo entre hombres
Durante su charla en la BLAA señaló que la relación entre hombres pesa más que la relación que un feminicida o violador pueda tener con su víctima. En Colombia, la mayoría de los casos de violencia doméstica, feminicidios y violación son cometidos por hombres que tienen alguna relación directa con la mujer: pareja, expareja. ¿Por qué pesa más este vínculo? Están actuando en obediencia a un mandato que viene de otros hombres, que viene de sus pares, que viene de la sociedad.
O sea: para entender el fenómeno, primero hay que analizar esa relación entre hombres que la posible relación que el feminicida o violador pueda tener con la víctima. Absolutamente. Si no desmontamos esa estructura, no vamos a resolver el crimen. Pensando siempre que se trata de algo muy fuertemente relacionado con el eje vertical de la relación del perpetrador con su víctima, no lo entenderemos bien. Lo entendemos cuando vemos hasta qué punto ese violador está sometido a un mandato de masculinidad que viene de su “fratraria”, de sus pares, de los otros o a veces de la sociedad como un todo.
Feminicidio y espacio público
A finales de abril se conoció el feminicidio de una exreina de belleza en México, a manos de su suegra. El hecho tuvo mucho despliegue, inclusive morbo. ¿Por qué genera más ruido este tipo de casos que los que son ejercidos con más brutalidad y sevicia por parte de los hombres? Porque es raro e inusual. Quizás en la India haya ataques de suegras a nueras con ácido, pero en nuestro mundo latinoamericano ese feminicidio es muy inusual y raro. Entonces, claro: suscita más curiosidad.
En Colombia se avivó una discusión alrededor del feminismo en el marco de las próximas elecciones, cuando una candidata dijo que el feminismo es de izquierdas. ¿Podemos clasificar el feminismo dentro de una corriente? No uso más los términos de izquierda y derecha. Porque hay un patriarcalismo de izquierda que da vergüenza. El feminismo es un movimiento crítico que intenta modificar la historia en una dirección más benigna.
¿A qué se le puede atribuir que cada vez más vemos casos de feminicidios en espacios públicos y con unos niveles de violencia muy altos, cuando se ha asociado que la violencia de género ocurre casi siempre en el espacio doméstico? Porque el acto del feminicidio y la violación son un espectáculo de poder y una exhibición de la capacidad de dominación.
Justicia y responsabilidad
Si el poder es la estructura que ha socializado la violencia contra los cuerpos de las mujeres, ¿qué principio de organización es posible para vivir en un espacio que sea seguro y libre para todos y todas? Primero, los vínculos comunales entre mujeres; la amistad, las prácticas de comunión, de afecto, de mutua protección y de cuidado entre mujeres son urgentes y necesarias.
¿Qué formas de búsqueda de justicia por parte de las mujeres resalta de su trabajo de investigación? Creo en los juicios populares, en el campo que llamamos pluralismo jurídico, que instituye formas de justicia diferentes al mero castigo. O sea, la transformación de la idea de la responsabilidad jurídica. Responsabilidad y culpa son muy diferentes. La responsabilidad jurídica es conducir a la persona a la capacidad de responder por lo que ha hecho, a una conciencia. Y hoy responsabilidad jurídica no es eso, sino culpa. Hay que comprender muy profundamente la diferencia entre culpa y responsabilidad. Esta última palabra, responsabilidad, tiene que ver con la capacidad de responder. Culpa es un sometimiento de la vida entera de una persona por un acto ya cometido.
Generaciones y futuro
Recientemente, la King’s College sacó una investigación en la que encontró que los jóvenes de la generación Z son mucho más conservadores que los boomers. ¿Qué futuro nos espera a las mujeres con respecto a este panorama? El cambio generacional es constante. Cada generación trae una novedad que no queda para siempre. Y una generación va resistiendo a lo que la anterior impuso. Como profesora, lo he visto después de 35 años de tener salas de clases con edades diferentes delante mío. Esto es algo transitorio.
Y frente a eso, ¿se posiciona desde una orilla más optimista o pesimista en cuanto a la situación de los derechos de las mujeres en el mundo? Los derechos de las mujeres son los derechos de todo el mundo. Yo soy crítica de la “guetificación” y la “minoritización” del feminismo. El pensamiento de las mujeres es por la humanidad y por la historia de todos. No me gusta ningún discurso que “guetifique” y “minoritice” los esfuerzos políticos de las mujeres. Cada vez leo más mis primeras reflexiones sobre el problema de la violencia de género, y las leo a la luz de la política y la historia en general. La reducción de los derechos de las mujeres es la reducción de los derechos de los seres humanos.
La poeta oculta
Cambiemos un poco el tema y trasladémonos al centro de su investigación como antropóloga. El año pasado publicó El camino de regreso, su primer libro de poesía. ¿Cómo se sintió pasar de la academia y la investigación a la poesía? La investigación y el ensayo, y el análisis racional de la realidad es un blindaje. Desde el principio de mi vida pude haber optado por el camino de la literatura y no quise. No quise sufrir. El autor literario tiene que ser capaz de entrar profundamente en el drama humano. Y pensé que no quería sufrir eso. Era una nena cuando tomé esa decisión. Y bueno, la vida me llevó al estudio de temas por los que nunca opté, pero que son inmensamente dolorosos también. Y continué escribiendo poesía de una forma oculta. El camino de regreso recoge mi poesía desde mi primer cuaderno de 1974 y de otros cuadernos que son de diferentes momentos de mi vida y del destierro. El título habla del regreso a mi país después de 1974. Fueron más de 50 años de destierros constantes.
¿Cómo llegó a publicar su poesía? Fue un desliz mío. Mencioné que escribía poesía frente a la directora de la editorial de literatura de la Unam. Me descubrió y me sacó de la clandestinidad poética. Tuve mucho miedo en el primer momento, pero tengo que aceptar que eso es una parte de mí. Y me hace feliz.
¿Y sigue escribiendo poesía? Sí, te voy a leer lo último que escribí. Tiene cuatro líneas. Se titula A Dios: Dios, el bueno / Decime si todavía podrás vencer / y dónde y cuándo / podremos hallar los indicios de tu victoria. ¿Se entiende? Porque no se nota que el bueno esté venciendo. Es absolutamente imperceptible la victoria de la divinidad que nos contaron que estaba ahí. Algo está pasando.
¿Lee mucha literatura ficcional? No. Yo no leo más ficción. La vida superó a la ficción en mucho. Me gustaría poder, intento seguir leyendo ficción y no lo consigo porque queda corta. ¿Qué fue lo último que leyó? Lo último que leí y que me fascinó fue a Coetzee, el sudafricano, premio Nobel. Leí La vida de los animales y me identifiqué completamente con un personaje que es una profesora que se llama Elizabeth Costello. Ni que me conociera. Es una especialista en la literatura del siglo XVII, pero cuando la ponen a hablar, habla de cualquier cosa que se le da la gana y sobre todo habla de la vida de los animales. Es genial. Elizabeth Costello es un personaje, para mí, realista. Y el personaje que menos la comprende es su hijo, que quiere tener una madre seria y no lo consigue. ¿Y entonces a qué acude cuando quiere desconectarse del mundo? A nada. Voy poco al cine. Es que estoy viajando todo el tiempo. El año pasado solamente estuve 20 días en una de mis casas. Y voy a tener que parar, porque ya es peligroso.



