El peligroso discurso del 'amor romántico' en los tribunales colombianos
Colombia enfrenta una realidad preocupante donde el llamado 'amor romántico' se convierte en un arma retórica peligrosa dentro del sistema judicial. Este concepto, lejos de referirse a gestos afectuosos, se transforma en un guion que justifica la violencia masculina bajo la premisa del derecho de dominio sobre las mujeres. La situación alcanza niveles alarmantes cuando profesionales del derecho llevan estos argumentos a las salas de audiencia.
Ocho feminicidios en solo una semana
Según alertas recientes de la Defensoría del Pueblo, durante la primera semana de 2026 se registraron ocho feminicidios en territorio colombiano. Esta cifra evidencia la urgencia de abordar la violencia de género desde todas las perspectivas, incluyendo el ámbito legal donde algunos abogados perpetúan narrativas dañinas.
El caso del penalista Rodrigo Javier Parada Rueda
En Santander, el abogado penalista Rodrigo Javier Parada Rueda ha llamado la atención por emplear argumentos basados en el 'amor romántico' para defender a hombres acusados de graves delitos. En el proceso judicial por el posible feminicidio de Carolina Paz Quiñonez, una economista de 33 años, Parada Rueda presentó una teoría peculiar ante el tribunal.
"Se trató de un 'suicidio de pareja'", afirmó el letrado, comparando el caso con la tragedia de Romeo y Julieta de Shakespeare. Esta analogía literaria, expuesta ante la familia consternada de la víctima, buscaba minimizar la gravedad del hecho presentándolo como un acto de amor extremo en lugar de un posible crimen de género.
El abogado incluso sostuvo que José Luis Ortiz, el acusado, había sobrevivido "de milagro" al cianuro, a pesar de que los peritajes de Medicina Legal no encontraron rastros de esta sustancia en su organismo. El caso permanece a la espera de un fallo definitivo.
Argumentos que cuestionan el consentimiento marital
En un proceso más reciente por violencia intrafamiliar en Bucaramanga, el mismo jurista volvió a emplear retórica cuestionable. Al defender a un académico santandereano acusado por su entonces esposa, una ciudadana estadounidense, de actos sexuales no consentidos, Parada Rueda presentó un argumento que generó controversia.
"Piense usted que su esposa está en la cocina y que como un acto de cariño usted pasa y le toca la cola, le toca la espalda, le toca la cara, la besa", planteó el abogado al juez, sugiriendo que estas acciones formaban parte de la cotidianidad matrimonial.
En su intervención, el penalista llegó a cuestionar la necesidad del consentimiento explícito dentro del matrimonio: "¿Debería yo escribirle a mi esposa una carta para decirle: 'Querida mía, ¿puedo besarte esta noche?'", expresó con tono burlesco durante la audiencia.
Un retroceso peligroso en la legislación
Estos argumentos representan un preocupante retroceso frente a los avances legales alcanzados en las últimas décadas. Antes de los años noventa, la mayoría de códigos penales latinoamericanos incluían cláusulas que excluían a las esposas de la definición de violación, considerando el acceso carnal como un derecho marital.
Hoy, casi todos los países de la región han eliminado estas exclusiones, reconociendo que el matrimonio no otorga derechos permanentes sobre el cuerpo de la mujer. Sin embargo, discursos como los de Parada Rueda reviven premisas peligrosas que invisibilizaron durante siglos la violación marital y el abuso sexual dentro del matrimonio.
La violencia simbólica en el sistema judicial
Estas argumentaciones basadas en el 'amor romántico' distan de ser esporádicas y se han convertido en herramientas comunes que transforman los procesos penales en nuevos escenarios de agresión para las mujeres que deciden denunciar. Cada vez que un abogado emplea estas narrativas, se perpetúa la violencia simbólica que revictimiza a quienes buscan justicia.
La pasividad y permisividad de jueces, procuradores y fiscales frente a estos discursos representa un obstáculo significativo para alcanzar una verdadera justicia con enfoque de género en Colombia. Urge cuestionar por qué el sistema judicial permite que estas narrativas dañinas sigan presentes en las salas de audiencia, especialmente cuando las estadísticas de violencia contra la mujer continúan mostrando cifras alarmantes.
El caso de Santander ejemplifica cómo los estereotipos de género, disfrazados de tradición o amor romántico, pueden infiltrarse en los procesos judiciales, dificultando el acceso a la justicia para las víctimas y normalizando discursos que la sociedad debería haber superado hace décadas.