El caso de Jorge Eduardo Leal, quien asesinó a su propio hijo de 2 años en Popayán como venganza contra la madre, ha conmocionado a Colombia. Maivy Joana Rivera, madre del pequeño, rompió el silencio en una entrevista con Séptimo Día de Caracol Televisión, donde relató los detalles de una relación tóxica que terminó en tragedia.
Una relación marcada por el control y los celos
Rivera conoció a Leal en 2010 en Armero Guayabal (Tolima). Ella tenía 18 años y él 36. Lo que comenzó como un romance estable se convirtió en un infierno de control, celos y violencia. “Al principio todo fue muy bueno pues enamorada”, señaló. Sin embargo, tras mudarse a Pereira y nacer su hijo Emiliano en 2017, la situación empeoró. “Yo tenía que hacer lo que él dijera... como para tenerlo pues contento”, afirmó.
La ruptura y el uso del hijo como herramienta de manipulación
En enero de 2020, Rivera decidió terminar la relación debido a los maltratos. A partir de ahí, Leal comenzó a utilizar al menor como mecanismo de presión. “Siempre utilizó el niño como una ficha o un juego para él para manipularme a mí... era la obsesión que tenía hacia mí”, indicó.
El fatídico 12 de marzo de 2020
Ese día, durante una discusión dentro de un vehículo, Rivera intentó recuperar a su hijo, pero fue amenazada por Leal, quien portaba un bisturí. “Él cargaba un bisturí en la parte de atrás del pantalón. La idea de él era o me decidía irme con él o me rayaba la cara”, relató. La mujer se lanzó del carro en movimiento para salvar su vida, mientras el hombre huyó con el niño. Al acudir a las autoridades, le indicaron que debía esperar 48 horas.
El hallazgo del cuerpo y la condena
Un día después, el 13 de marzo de 2020, unidades del Gaula ubicaron a Leal en un hotel del centro de Popayán. Al ingresar, encontraron sin vida al menor Emiliano, quien fue asfixiado con una almohada. La investigación determinó que el crimen fue una retaliación contra la madre tras la ruptura. En julio de 2020, Jorge Eduardo Leal fue condenado a 30 años de prisión por homicidio agravado, tras aceptar su responsabilidad.
El dolor de una madre que no perdona
A pesar de la condena, el dolor de Rivera persiste. “Yo a ese tipo lo odio y no soy capaz de perdonarlo”, expresó. Y agregó: “Cada día le pido a Dios que cada día sea un infierno para él allá”. La madre continúa lidiando con la pérdida de su hijo, mientras el país recuerda este caso como un ejemplo de la violencia intrafamiliar que puede escalar hasta consecuencias fatales.



