Para los caminantes habituales del centro histórico de Bogotá, encontrarse con una llama en los puntos turísticos más concurridos es una escena cotidiana. La presencia de estos animales andinos, utilizados como atracción para tomar fotografías e interactuar con turistas, se ha vuelto parte del paisaje del centro, mimetizándose entre el comercio informal a pesar de las restricciones legales vigentes.
Operativo de rescate
En medio de esta coyuntura, un operativo reciente en el centro de Bogotá puso en evidencia, una vez más, el deterioro físico que oculta esta actividad. La intervención, liderada por el Instituto Distrital de Protección y Bienestar Animal (IDPYBA), logró la aprehensión de una llama que fue hallada en evidente estado de descuido. La evaluación técnica detectó un cuadro de maltrato derivado del descuido sistemático: úlceras en sus extremidades, problemas dentales, cojera evidente y una afección cardíaca; todas situaciones sin atender.
Antecedentes del caso
Laura Idrobo, subdirectora de Atención a la Fauna del IDPYBA, señaló que el caso no sorprendió a los profesionales de la entidad. El animal ya tenía un seguimiento previo con recomendaciones de salud que sus tenedores ignoraron, incluyendo un tratamiento para una sospecha de sarna generalizada que nunca se aplicó. “Fue necesario realizar un concepto desfavorable en la tenencia debido a la evidencia dermatológica, física y fisiológica”, explicó la funcionaria.
La vigencia de lo prohibido
Desde el pasado 6 de marzo rige el Decreto 069 de 2026, el cual prohíbe la explotación económica de animales en el espacio público. La normativa no solo busca el rescate de los ejemplares, sino que establece un programa de reconversión laboral para que las familias que dependen de esta actividad transiten hacia otras alternativas económicas.
Pese a que la norma es clara, la realidad en las calles de las localidades de Santa Fe y La Candelaria demuestra que la transición es lenta. Mientras el IDPYBA traslada a este ejemplar a su clínica para intentar estabilizarlo, en otros puntos del centro histórico, como la Plaza de Bolívar, el Museo de Botero y el Parque Santander, la presencia de los animales sigue normalizada, confirmando que la prohibición legal aún no logra erradicar una práctica arraigada en la dinámica turística de la zona.
Tras la expedición del decreto, la administración distrital tiene un plazo de 15 meses para completar la eliminación de los animales que se encuentran en el espacio público y cuyo uso supone un beneficio económico.



