Violencia de género en medios: conflicto estructural que permea el poder en Colombia
Violencia de género en medios: conflicto estructural en Colombia

Violencia de género en medios: un conflicto estructural que permea las estructuras de poder

En respuesta al editorial publicado el 29 de marzo de 2026 titulado "Pedimos perdón y no cruzaremos los brazos", Federico Mejía Álvarez aborda el complejo problema de la violencia basada en género dentro de las organizaciones mediáticas colombianas, utilizando como punto de partida el emblemático caso de la periodista y abogada Pilar Rodríguez Cuartas.

El Ciclo Rosa y la fenomenología de la violencia

La reflexión comienza recordando el Ciclo Rosa de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, una iniciativa sociológica que buscó profundizar en las causas y manifestaciones del continuum de violencia basada en género en Colombia. Este proyecto académico visibilizó las terribles consecuencias que sufren aquellos cuerpos y voces que desafían los estereotipos de género tradicionales, con un sentido homenaje a Rosa Elvira Cely, cuyo caso marcó un antes y después en la conciencia nacional sobre estos crímenes.

El caso Pilar Rodríguez Cuartas: litigio estratégico contra el acoso

La pregunta planteada por El Espectador -"¿cómo llegamos aquí?"- adquiere especial relevancia ante el caso específico de Pilar Rodríguez Cuartas, una profesional colombiana que enfrenta actualmente un litigio estratégico para contener lo que describe como un trato cruel dentro de su entorno laboral. Según el análisis de Mejía Álvarez, esta situación pivota sobre una estructura de litigio patológico donde las omisiones institucionales han creado un hábitat laboral hostil.

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La experiencia de la periodista revela cómo acciones u omisiones por parte de su lugar de trabajo, en aparente connivencia, la llevaron a sentir que su renuncia era forzada e impuesta. Su seguridad ontológica subjetiva se vio sustancialmente afectada, transformando su espacio laboral en un entorno objetivamente hostil bajo criterios sospechosos que cuestionan los protocolos establecidos.

La insuficiencia del perdón y la debida diligencia

El editorial reconocía que "pedir perdón no es suficiente" y argumentaba que el cambio social es un proceso difícil, lleno de fricciones, dolores y aprendizajes prolongados pero necesarios. Sin embargo, Mejía Álvarez interpreta esta postura como un intento de justificación de las omisiones en la debida diligencia que, según alega, han caracterizado el manejo del caso por parte de los medios escritos colombianos.

Antítesis: reconocimiento de la violencia estructural

La antítesis presentada implica reconocer plenamente que las víctimas de acoso -especialmente en sus variadas dinámicas de violencias basadas en género- merecen protección reforzada cuando ejercen periodismo investigativo sobre temas de género y diversidad. Esta protección no es solo un derecho individual, sino que afecta directamente al bien común informativo de toda la sociedad.

"El problema de la violencia que señala la señora periodista es un conflicto estructural que permea toda la dinámica organizacional de las estructuras de poder en Colombia", afirma categóricamente Mejía Álvarez. Esta afirmación subraya cómo la ruptura del debido proceso y la desconexión de la debida diligencia en la preservación de la cadena de custodia probatoria -incluso en quejas presentadas ante comités de convivencia- revelan que los tentáculos del dominio patriarcal están enraizados desde los mismos cimientos de los protocolos que deberían proteger a las víctimas.

El feminismo como movimiento trascendente

El análisis concluye con un reconocimiento explícito: "El único movimiento social que tiene vocación de trascender las luchas de clase, raza, sexualidad, postura política, creencia religiosa o filosófica es el feminismo". Este movimiento, con su categoría de análisis en clave de género, ofrece una conspicua interoperabilidad capaz de reconfigurar las conductas mnémicas de violencia contra aquellos que rompen estereotipos de género, reconstruyendo así los arreglos y cargas de género en la sociedad.

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Mejía Álvarez expresa su profundo respeto y solidaridad con Pilar Rodríguez Cuartas, cerrando una reflexión que conecta casos individuales con problemas estructurales, y que cuestiona profundamente las dinámicas de poder dentro de las organizaciones mediáticas colombianas.