En una ciudad como Bogotá, donde el tráfico cambia en segundos, aplicaciones como Google Maps y Waze se han vuelto aliadas de conductores. Sin embargo, un estudio del programa de Psicología de la Universidad de San Buenaventura advierte que su uso constante puede disminuir la activación de la memoria espacial, capacidad para ubicarse y recordar rutas.
La investigación no busca ver la tecnología como enemiga, sino entender qué ocurre cuando se delega la orientación a una pantalla. La memoria espacial, relacionada con el hipocampo, permite recordar caminos y puntos de referencia. Estudios del University College London mostraron que taxistas londinenses, que memorizan miles de calles, tienen un hipocampo más desarrollado.
Investigaciones en Nature Communications evidencian que el uso de GPS reduce la actividad cerebral en regiones de planificación y orientación, pues el cerebro deja de trabajar al seguir instrucciones. El GPS guía, pero no enseña el camino.
El análisis académico señala siete señales de alerta que indican menor participación activa del cerebro en la orientación, lo que puede debilitar esta habilidad con el tiempo. El problema no son las apps en sí, sino su uso excesivo.
Estudios de la University of Tokyo y McGill University hallaron que quienes navegan activamente, tomando decisiones propias, activan más el hipocampo que quienes solo siguen indicaciones. El cerebro funciona como un músculo: si no se usa, pierde capacidad.
Los investigadores recomiendan no dejar de usar estas aplicaciones, sino equilibrarlas con hábitos que estimulen la memoria espacial, como memorizar rutas o usar puntos de referencia sin depender del GPS.



