Un grupo de investigadores de la Universidad de Warwick se planteó una pregunta clave: ¿cómo pasamos de las vocalizaciones de nuestros ancestros a tener el control de la voz necesario para desarrollar el lenguaje? Para responderla, los científicos analizaron el sonido de la risa, una forma de comunicación compartida con todos los grandes simios.
La risa como ventana evolutiva
“¿Cómo evolucionaron los humanos con la extraordinaria capacidad de hablar? El habla no deja fósiles, y el lenguaje complejo solo existe en nuestra propia especie. Pero hemos encontrado una pista de hace 15 millones de años en un lugar inesperado: nuestra risa”, dijo Chiara De Gregorio, investigadora de la Universidad de Warwick, citada en un comunicado de prensa.
“A diferencia del habla, la risa es común a todos los grandes simios actuales. Al comparar cómo ríen las diferentes especies, podemos observar que una estructura rítmica básica se ha mantenido inalterada desde nuestro último ancestro común. Eso es extraordinario”, agregó.
Análisis de 140 secuencias de risa
Se analizaron grabaciones de risas espontáneas de cuatro orangutanes, dos gorilas, tres bonobos, cuatro chimpancés y cuatro humanos de entre seis meses y siete años de edad. En total, se midieron 140 secuencias individuales de risa. Las grabaciones se realizaron en entornos habituales durante interacciones lúdicas controladas, donde se provocaron vocalizaciones mediante juegos y cosquillas.
Los investigadores no analizaron el sonido de la risa en sí, sino su ritmo, es decir, el tiempo entre cada exhalación o cada “ja”. Al comparar cientos de grabaciones de las cinco especies, descubrieron que el ancestro común de todos ellos ya producía una risa con un patrón isócrono hace 15 millones de años, lo que significa que los sonidos se repetían en intervalos regulares.
Evolución hacia mayor complejidad
Sin embargo, la evolución hizo ese patrón cada vez más complejo. A medida que avanzó la historia evolutiva de los homínidos, la risa se volvió más rápida, su ritmo comenzó a variar más y empezó a adaptarse mejor a distintas situaciones sociales. En los humanos, por ejemplo, una carcajada puede cambiar de velocidad, intensidad o duración según el contexto, la emoción o la persona con la que se interactúa.
Para los autores, esto refleja un aumento progresivo de la llamada plasticidad vocal, es decir, la capacidad de controlar y modificar voluntariamente la producción de sonidos. Esa habilidad no solo implica cambiar el ritmo de la risa, sino también ajustar la voz de múltiples maneras, una característica esencial para el desarrollo del lenguaje.
Un proceso gradual, no repentino
Los resultados sugieren que el “extraordinario” control vocal de los seres humanos no surgió de forma repentina con la aparición del habla. En cambio, habría sido el resultado de un proceso evolutivo gradual, en el que nuestros ancestros fueron adquiriendo cada vez más capacidad para modular sus vocalizaciones.
“Contrariamente a la noción clásica de que los primeros humanos adquirieron repentinamente capacidades de control vocal notablemente diferentes a las de sus predecesores, la evolución de la risa nos indica que los humanos se encontraban en un continuo, una prolongación de capacidades de control vocal que ya se habían ido perfeccionando acumulativamente durante 15 millones de años”, concluyó Adriano Lameria, profesor del Departamento de Psicología de la Universidad de Warwick.



