La lección romana para el desarrollo tecnológico de Colombia
Hace más de dos milenios, el Imperio Romano realizó inversiones monumentales en infraestructura que sostuvieron su expansión y prosperidad durante siglos. Construyeron una red vial de más de 80.000 kilómetros, incluyendo la emblemática Vía Apia, y desarrollaron aproximadamente 5.000 kilómetros de acueductos para proveer agua potable a más de quinientas poblaciones importantes. Estos gobernantes, quienes enfrentaban desafíos similares a los actuales en educación, salud, defensa y justicia, nunca descuidaron la asignación de recursos para proyectos de largo plazo que cimentaran el desarrollo económico futuro.
La inteligencia artificial como prioridad nacional
El auge de la inteligencia artificial representa para Colombia una oportunidad sin precedentes para impulsar el desarrollo económico y mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos. Este fenómeno tecnológico debe convertirse en una de las mayores prioridades en las agendas de gobernantes, empresarios y la sociedad civil. Es un tren de alta velocidad que el país no puede permitirse perder, requiriendo una visión estratégica similar a la que tuvieron los antiguos romanos con sus obras de infraestructura.
Infraestructura energética y tecnológica fundamental
La provisión de energía para alimentar la infraestructura que sustenta las aplicaciones de inteligencia artificial es crucial. No solo debe estar disponible, sino que su suministro debe ser confiable y sus costos competitivos. Colombia cuenta con una red de generación hidroeléctrica que el Gobierno nacional debe proteger, mientras impulsa simultáneamente el desarrollo de fuentes alternativas como la solar y la eólica. La generación responsable a partir de hidrocarburos como el gas también juega un papel importante, tal como está sosteniendo el aumento acelerado de capacidad de procesamiento en países desarrollados.
Se requiere además una inversión sustancial en el desarrollo y puesta en marcha de centros de datos dentro del territorio colombiano. Esto reduciría la latencia en la ejecución de algoritmos y permitiría alojar datos que, por ley o preferencia personal, deban residir localmente. La iniciativa de emprendedores y la voluntad de las instituciones financieras para proveer capital serán fundamentales para mantener la velocidad requerida en el despliegue de esta infraestructura crítica.
Transformación del mercado laboral y oportunidades
Las organizaciones, tanto públicas como privadas, enfrentan el gigantesco reto de entrenar a sus colaboradores en cómo aprovechar la tecnología para resolver problemas de manera más eficiente. Deben incluir en sus fuerzas laborales agentes de inteligencia artificial que convivan con humanos en tareas de análisis, recomendación de soluciones y, en muchos casos, en la toma de decisiones autónomas.
Los emprendedores colombianos tienen ante sí una oportunidad histórica para desarrollar aplicaciones que funcionen sobre modelos existentes y solucionen necesidades específicas del mercado. Los empleados, por su parte, tendrán la posibilidad de reinventar su contribución a la economía nacional. El temor actual frente a la posible pérdida masiva de empleos podría transformarse en la esperanza de una reconfiguración del tipo de labores que existirán en el futuro.
Mirando hacia adelante con determinación
El trabajo seguramente se verá radicalmente diferente en las próximas décadas, pero como ha ocurrido en revoluciones tecnológicas pasadas, los humanos demostraremos nuestra capacidad de adaptación. Quienes se adapten primero resultarán ganadores en esta nueva era. El cambio ligado a la inteligencia artificial es inevitable y se cierne como una ola gigantesca frente a nuestras costas.
Las reformas que Colombia debe impulsar no deben mirar hacia atrás con nostalgia por un pasado que se desvanece aceleradamente, sino orientarse a permitir que los colombianos aprovechemos este remezón tecnológico para crear riqueza colectiva. Sería lamentable que, por estar mirando hacia atrás, solo sintamos la ráfaga de viento que deja el tren al pasar por nuestra estación, en lugar de subirnos a uno de los vagones con destino a un futuro más próspero.
Aspiramos a que, como los romanos hace más de dos mil años, construyamos los cimientos, las vías y los acueductos tecnológicos para sustentar un desarrollo basado en innovación. Que nosotros, los colombianos, al igual que los habitantes del imperio en su momento, transitemos estos caminos con ímpetu, mirando hacia adelante con esperanza y actuando con determinación para no perder esta oportunidad histórica.