Centros de datos en la mira: el ciberespacio se convierte en nuevo frente de guerra entre EE.UU., Irán e Israel
Ciberespacio: nuevo frente de guerra entre EE.UU., Irán e Israel

Centros de datos en la mira: el ciberespacio se convierte en nuevo frente de guerra entre EE.UU., Irán e Israel

Mientras misiles y drones cruzan el cielo de Medio Oriente, otra guerra se libra en silencio dentro del ciberespacio. En los últimos días, hackers iraníes han reivindicado ataques contra empresas estadounidenses, redes informáticas han quedado paralizadas y los centros de datos, esa infraestructura fundamental que sostiene internet, han comenzado a aparecer en la lista de objetivos estratégicos. Esta escalada digital acompaña el enfrentamiento militar directo entre Irán, Estados Unidos e Israel, marcando un punto de inflexión en los conflictos contemporáneos.

El inicio de la guerra digital

Este nuevo frente del conflicto comenzó con lo que los expertos denominan "posicionamiento previo". Según informes del diario Financial Times, Israel pirateó las redes de cámaras de vigilancia en Irán para establecer los patrones de vida del ayatolá Alí Jamenei y sus comandantes, en preparación para el ataque que finalmente ocurrió. Algunos analistas sugieren que las torres de telefonía móvil también fueron bloqueadas o apagadas para impedir que el equipo de seguridad del líder iraní fuera advertido sobre la llegada de aviones.

El general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, señaló estos operativos como "pioneros" que perturbaron y "cegaron la capacidad de Irán de ver, comunicarse y responder". Recientemente, el grupo Handala, vinculado al Ministerio de Inteligencia de Irán según analistas de ciberseguridad, reivindicó un hackeo contra el fabricante estadounidense de dispositivos médicos Stryker, afirmando que fue "en represalia por el brutal ataque a la escuela de Minab" que dejó más de 180 personas muertas en el sur de Irán el pasado 28 de febrero.

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Los centros de datos como objetivos estratégicos

Los hackers iraníes afirmaron haber destruido más de 200.000 sistemas, servidores y dispositivos móviles, además de haber extraído 50 terabytes de datos. Pero lo más preocupante es que los centros de datos han entrado directamente en la mira del conflicto. Dos de los complejos de Amazon en los Emiratos Árabes Unidos fueron alcanzados por bombardeos el 1° de marzo, y un tercer centro de datos en Baréin resultó dañado al ser alcanzado por restos que cayeron desde otro punto atacado.

Estos lugares albergan servidores que procesan enormes volúmenes de datos, desde sistemas de inteligencia artificial hasta comunicaciones militares y operaciones logísticas. Como parte de la escalada, la agencia iraní Tasnim, vinculada a la Guardia Revolucionaria de Irán, difundió una lista de 30 grandes tecnológicas -entre ellas Amazon, Microsoft, Google, Oracle, Nvidia, IBM y Palantir- que fueron declaradas como "nuevos objetivos de Irán en la región".

Una rivalidad digital de larga data

La rivalidad digital entre Irán, Israel y Estados Unidos no es nueva. En 2010, el virus Stuxnet, atribuido a Washington y Tel Aviv, habría saboteado centrifugadoras del programa nuclear iraní. En 2022, Israel también habría provocado un colapso en plantas de acero en Irán bajo el disfraz del grupo de hackers Predatory Sparrow. Desde entonces, el enfrentamiento se ha trasladado progresivamente al ciberespacio, con ataques a:

  • Infraestructuras energéticas
  • Sistemas financieros
  • Redes gubernamentales
  • Cadenas de suministro

Como señala Oscar Díaz, experto en ciberseguridad de ERC Colombia, "los ataques cibernéticos no son un complemento, sino un componente orgánico y habilitador de la estrategia militar moderna". El analista puntualizó que no se trata solo de que una red social deje de funcionar, sino del cese de operaciones en sistemas críticos que dependen de la nube para su funcionamiento.

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La infraestructura digital como objetivo de guerra

Para Lorena Erazo Patiño, coordinadora de la Maestría en estudios globales y cooperación internacional de la Universidad de La Salle, no es sorprendente que Irán haya lanzado ataques contra centros de datos. "Estas infraestructuras se han convertido en actores estratégicos y en infraestructura crítica, con una relevancia similar a la de una base militar o una refinería", explicó la docente.

En palabras de Díaz, "atacar un centro de datos no es solo borrar información; es destruir la infraestructura que permite la continuidad del Estado y la economía". Los Guardianes de la Revolución de Irán (IRGC) ya advirtieron que buscan identificar el papel de estos centros de datos en el apoyo a las actividades militares y de inteligencia del enemigo. En Oriente Medio hay más de 30 ubicaciones que estarían en riesgo según los análisis de seguridad.

Implicaciones globales y riesgos para los ciudadanos

Según un informe de 2025 de la relatora especial de la ONU Francesca Albanese, Amazon y Alphabet, la matriz de Google, fueron adjudicatarias en 2021 de un contrato de 1.200 millones de dólares del Gobierno israelí para trabajar en el Proyecto Nimbus, que proporcionó a Israel una "infraestructura tecnológica esencial". Microsoft sería otra empresa que otorga a Israel acceso a sus tecnologías de nube e inteligencia artificial a escala gubernamental.

En ese contexto, "es muy probable que más centros de datos sean objetivo en el futuro", señaló Vincent Boulanin, director del programa de gobernanza de la IA en el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI). Los expertos advierten que los sectores más expuestos a esta nueva fase de la guerra digital son:

  1. Sistemas de salud
  2. Infraestructura energética
  3. Administraciones públicas locales

Pero el riesgo es realmente para cualquier persona. "En el mundo contemporáneo, la información personal es el activo más valioso y, al ser centros de datos los objetivos, nuestra privacidad queda expuesta de manera significativa", concluyó Erazo. No se trata solo de un fallo técnico, sino de la exposición de la vida digital de millones de ciudadanos que quedan atrapados en el fuego cruzado de un conflicto que demuestra que el poder militar del siglo XXI no solo se mide en misiles, sino también en líneas de código.