La inteligencia artificial (IA) sigue ganando terreno en el ámbito legal, aunque su adopción no es uniforme. Según el informe Inteligencia artificial generativa en servicios profesionales 2025 del Instituto Thomson Reuters, el 26% de los abogados ya emplea esta herramienta para tareas como revisión de documentos, investigación jurídica y resúmenes. Sin embargo, muchos lo hacen de manera aislada y sin una estructura que potencie sus procesos internos.
Adopción dispareja en el sector legal
Daniel Acevedo, CEO de Bredia Legaltech & Taxtech, señala que la IA en el sector legal “dejó de ser una promesa para volverse un hecho medible, pero avanza de forma dispareja”. Advierte que existe una gran diferencia entre adquirir tecnología y transformar una operación, ya que muchas firmas adoptan herramientas de forma aislada, “abogado por abogado”, sin rediseñar los procesos subyacentes.
La IA no es solo para grandes firmas
Acevedo destaca que el auge de la IA ha derribado el mito de que la tecnología es privilegio exclusivo de las grandes firmas. Según sus datos, mientras las compañías más grandes reportan un uso de IA cercano al 46%, los despachos pequeños alcanzan un 53% en 2025. “Este dato es clave, pues usar bien esta herramienta le da a un abogado independiente capacidades de investigación que antes solo tenía un equipo más grande”, sostiene.
Claves para una adopción adecuada
Gerardo Flórez, socio del área de Propiedad Intelectual de PPU, enfatiza que la IA debe integrarse al flujo de trabajo jurídico con controles, reglas internas, herramientas aprobadas, capacitación, seguridad de la información y supervisión humana. “La IA puede acelerar el trabajo, pero la responsabilidad, el criterio y la decisión siguen siendo del abogado”, afirma.
Flórez explica que la IA es especialmente útil para procesos con muchos documentos o información repetitiva, como revisiones de contratos, debida diligencia, análisis de riesgos, organización de expedientes, preparación de primeros borradores y seguimiento de obligaciones.
Riesgos y precauciones
Como cualquier tecnología, la IA no está exenta de riesgos. Los principales son la calidad de la respuesta, los sesgos y la seguridad de la información. La IA puede caer en “alucinaciones”, es decir, respuestas que suenan correctas pero contienen datos falsos. “En derecho esto es especialmente delicado, porque la IA puede inventar citas, explicar mal una sentencia, mezclar normas de distintos países o presentar una interpretación como si fuera una regla clara”, advierte Flórez.
A esto se suman los sesgos algorítmicos y la falta de claridad sobre cómo se llega a ciertos resultados. Los modelos pueden reproducir errores o desigualdades presentes en los datos de entrenamiento. Por eso, sus respuestas no deben asumirse como neutrales, completas o infalibles.
Flórez recomienda que, antes de usar una herramienta en asuntos sensibles, los equipos legales la prueben con un grupo pequeño y representativo de documentos para evaluar si identifica lo relevante, omite información importante e interpreta correctamente las instrucciones. Con base en los resultados, se ajustan los criterios de búsqueda, definiciones y ejemplos antes de aplicarla a casos concretos, mediante la creación de workflows.



