Recuperan el histórico cable TAT-8 tras 35 años en el fondo del océano Atlántico
Recuperan cable TAT-8 tras 35 años en el océano

El fin de una era: recuperan el histórico cable TAT-8 tras 35 años bajo el océano

Después de más de tres décadas y media en las profundidades del océano Atlántico, el cable submarino TAT-8, considerado el primer enlace transatlántico de fibra óptica de la historia, está siendo extraído como parte de una operación internacional de recuperación de infraestructura obsoleta. Esta pieza tecnológica, que marcó un antes y un después en las telecomunicaciones globales, finalmente cierra su ciclo tras años de servicio y posterior abandono.

Un hito tecnológico que transformó el mundo

Instalado el 14 de diciembre de 1988 por un consorcio integrado por AT&T, British Telecom y France Telecom, el sistema TAT-8 conectó por primera vez a América del Norte y Europa mediante transmisión óptica. Aunque hoy asociamos estos cables principalmente con internet, inicialmente fueron diseñados como soporte para llamadas telefónicas internacionales.

"El TAT-8 fue testigo de transformaciones globales fundamentales", explica un experto en telecomunicaciones. "Desde la caída del Muro de Berlín hasta la expansión de la World Wide Web y el auge del comercio electrónico, este cable fue la columna vertebral de la conectividad intercontinental durante años cruciales."

Curiosamente, aunque inicialmente se consideró que su capacidad sería suficiente durante décadas, el cable alcanzó su límite en apenas 18 meses debido al aumento acelerado de la demanda digital. Finalmente, en 2002, un fallo técnico cuyo costo de reparación resultaba prohibitivo determinó el fin definitivo de su operación.

Una operación técnica de alta precisión

La recuperación está a cargo de Subsea Environmental Services, empresa especializada en reciclaje de cables submarinos. El buque Maasvliet, equipado con tecnología diésel-eléctrica de última generación, localiza y extrae los tramos mediante procedimientos que combinan métodos históricos con herramientas modernas de precisión.

Los equipos utilizan registros detallados con coordenadas exactas para identificar segmentos, empalmes y repetidores. Para enganchar el cable, se emplea un dispositivo conocido como "pez plano", que desciende hasta el fondo marino siguiendo la ruta original documentada hace décadas.

El proceso puede extenderse durante horas o incluso un día completo. Cuando el cable finalmente emerge a la superficie, se corta y se enrolla manualmente antes de almacenarlo en los tanques especializados del barco. Los repetidores, equipos que amplificaban la señal óptica a lo largo de miles de kilómetros, se retiran por separado debido a su considerable peso, que puede superar los 400 kilogramos.

Motivos ambientales y valor estratégico del reciclaje

La operación de retiro responde a tres objetivos principales según reporta la revista Wired:

  1. Liberar espacio en el lecho marino para nuevas instalaciones de fibra óptica
  2. Gestionar adecuadamente infraestructura fuera de servicio
  3. Recuperar materiales valiosos mediante procesos de reciclaje industrial

Estudios del Centro Nacional de Oceanografía del Reino Unido concluyen que la retirada de cables fuera de servicio no genera daños significativos en el entorno marino. Según esos informes, la mayoría de las rutas no atraviesa hábitats sensibles y, cuando lo hace, esos tramos específicos suelen dejarse en su lugar para minimizar impactos.

Los materiales recuperados conservan un valor industrial considerable. La empresa Mertech Marine procesa el acero y el cobre de alta pureza para su reutilización en distintas industrias, mientras que el polietileno se transforma en pellets destinados a productos plásticos no alimentarios. En un contexto de creciente demanda mundial de cobre, los kilómetros de cable retirados representan un recurso estratégico adicional.

Actualmente, cerca de 600 cables submarinos de fibra óptica atraviesan los océanos del mundo, sosteniendo la mayor parte del tráfico digital internacional. La extracción del TAT-8 no solo cierra un capítulo fundamental en la historia de las telecomunicaciones, sino que refleja los desafíos actuales de mantenimiento y sostenibilidad de la infraestructura invisible que sostiene nuestra conectividad global.