Soluciones basadas en naturaleza: una alternativa frente a inundaciones en Colombia
SbN: alternativa para prevenir inundaciones en Colombia

Inundaciones en Córdoba: la factura de ignorar la ecología

A principios de este año, intensas lluvias en Colombia desencadenaron una grave emergencia por inundaciones, especialmente en el departamento de Córdoba. Al menos 225.000 personas de 25 municipios resultaron afectadas por el aumento extraordinario del caudal del río Sinú, que superó la capacidad de la represa Urrá para regular el flujo del agua.

Para Ronald Ayazo, investigador del Centro Soluciones Basadas en la Naturaleza del Instituto Humboldt, lo ocurrido en Montería evidencia que “el agua volvió a cobrar lo que le quitamos”. En un artículo para El Espectador, explicó que las antiguas zonas de amortiguación —ciénagas, rondas, playones y bajos inundables— “hoy son barrios, vías, rellenos, muros, camellones, diques y promesas de urbanismo sobre terrenos que el agua siempre reclamó como suyos”.

Soluciones basadas en naturaleza: una definición

Las soluciones basadas en naturaleza (SbN) son definidas por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) como “acciones dirigidas a proteger, gestionar y restaurar de manera sostenible ecosistemas naturales o modificados, que hacen frente a retos de la sociedad de forma efectiva y adaptable, proporcionando simultáneamente bienestar humano y beneficios de la biodiversidad”.

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Paula Rodríguez, especialista en Ciudades, Clima y Biodiversidad en WWF Colombia, señala que “los diques, muros y canales en concreto desvían y canalizan el agua. Sin embargo, en gran parte las inundaciones en las ciudades se generan porque al construirlas impermeabilizamos el suelo con tanto cemento y concreto. La renaturalización busca quitar cemento y devolver a las ciudades superficies naturales permeables para que el agua vuelva a infiltrarse de forma natural”.

Ejemplos exitosos en el mundo

Uno de los casos más emblemáticos es el arroyo Cheonggyecheon en Seúl, Corea del Sur. Entre 2002 y 2005, la ciudad demolió una autopista elevada que cubría el cauce y restauró cerca de 11 kilómetros del corredor fluvial. La obra permitió la creación de 6 km de corredores verdes y 400 hectáreas de parques, que albergan entre 6 y 36 especies de aves y entre 4 y 25 especies de peces. Además, logró un enfriamiento de 3 a 5 grados en la zona y una reducción del 35 % de la contaminación atmosférica por partículas finas, según un informe de la Landscape Architecture Foundation.

Otro ejemplo es el parque natural de los manglares del río Cacheu en Guinea-Bissau. Allí, Wetlands International, el Instituto de Biodiversidad y Áreas Protegidas (IBAP) y comunidades locales restauraron manglares y promovieron agricultura arrocera sostenible. En su primera fase (2015-2018) se protegieron 88.615 hectáreas de vegetación y se restauraron 200 hectáreas de manglares, lo que duplicó el rendimiento arrocero (de 260 a más de 500 kg/ha/año) y redujo el uso de leña de manglar en un 80 %.

SbN en Colombia: los corredores verdes de Medellín

En Medellín, entre 2016 y 2019, la Secretaría de Infraestructura y Medio Ambiente creó el proyecto Corredores Verdes, que plantó árboles, arbustos, palmeras y cubiertas verdes para conectar arroyos, colinas, parques y carreteras. El proyecto construyó 30 corredores, 18 vinculados a ejes viales y 12 a fuentes hídricas. Esto fomentó la biodiversidad y generó nuevas iniciativas como pasos de fauna, muros verdes y puentes peatonales convertidos en jardines. La iniciativa recibió premios de Ashden y Bloomberg Philanthropies en 2019.

Bosco Verticale en Milán y su impacto

En Milán, Italia, el Bosco Verticale son dos torres residenciales de 80 y 112 metros, construidas entre 2007 y 2014, con más de 15.000 plantas, 800 árboles y 5.000 arbustos. Esta vegetación reduce 3°C en verano, disminuye un 7,5 % el consumo energético anual y un 30 % la contaminación por material particulado. La iniciativa se ha replicado en China, Albania y Países Bajos.

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Claves para el éxito de las SbN

WWF recomienda la participación de todas las partes interesadas, incluyendo conocimiento científico e indígena. “Las SbN codiseñadas y coimplementadas con las partes interesadas locales tienen más éxito”, señala la organización. En Medellín, por ejemplo, se contrataron 75 personas locales. También es crucial valorar los servicios ecosistémicos, como la gestión del riesgo de desastres y la reducción de temperaturas. “La naturaleza puede ofrecer servicios de protección y evitar costes, aumentando así los beneficios económicos”, añade WWF. De acuerdo con el Centro de Investigación sobre Energía y Aire Limpio, los costos económicos de la contaminación por combustibles fósiles alcanzaron los USD 2,9 billones en 2018, más que acelerar la transición energética.

Las SbN deben ser específicas para cada contexto. “Es necesario articularnos para ser innovadores y lograr resultados en el corto plazo, los eventos climáticos extremos no dan espera”, concluye Paula Rodríguez.