Andariega: el documental que visibiliza a las mujeres recolectoras de café en Colombia
Andariega: el documental que visibiliza a las mujeres cafeteras

Entre montañas cubiertas de neblina, caminos de tierra y cafetales que forman parte de la identidad económica y cultural de Colombia, existe una historia que pocas veces se cuenta con nombre propio: la de las mujeres andariegas. Ellas salen en busca del sustento de sus familias, sin importar los largos viajes por carretera ni las extensas jornadas de cosecha.

Andariega: un retrato de la mujer rural

Andariega, el nuevo largometraje documental del director antioqueño Raúl Soto Rodríguez, llegará a las salas de cine el 21 de mayo. La película sigue la vida de María Yesenia Herrera Benítez, conocida como “Chena”, una joven campesina de 26 años que recorre distintas regiones del país recolectando café. Su travesía la ha llevado desde Antioquia hasta el Tolima Grande, con el objetivo de darle una mejor calidad de vida a su hijo, Totoi.

Como miles de trabajadores rurales, Chena vive al ritmo de la maduración del grano. La tecnología aún no logra reemplazar la experiencia humana: no hay máquina que aguante tantas trochas ni herramienta que identifique con precisión si el grano está biche o maduro. Ella va de finca en finca, carga costales, atraviesa montañas y enfrenta jornadas que exigen cuerpo, paciencia y resistencia.

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Más allá del trabajo físico: maternidad y desigualdad

Pero la película no se limita al trabajo físico. Detrás de esa rutina emerge una historia profundamente humana sobre maternidad, ausencia, culpa, libertad y desigualdad. El director y la protagonista compartieron estos temas en una entrevista con el diario gratuito más grande del mundo.

Aunque el café es el escenario principal, Andariega no es simplemente una película sobre la producción cafetera. Es, sobre todo, un retrato de las mujeres que sostienen hogares desde la distancia y que a menudo quedan invisibles detrás de una industria que el país muestra con orgullo al exterior.

Chena no solo carga el peso de la jornada. También lleva consigo el pensamiento de dejar a su hijo al cuidado de otra persona, sumado al miedo de no estar presente en los momentos más importantes de su niñez. Sin embargo, la obligación de seguir trabajando la impulsa, incluso cuando el cuerpo empieza a pasar factura.

“Me encontré con Chena y en ella vi una mujer que tenía muchos valores que contar y, sobre todo, por el grado de responsabilidad y de cuidado con el que comprometen sus vidas”, afirmó Raúl Soto a Publimetro, sobre los primeros pasos conceptuales para la creación de este largometraje.

Una mirada alejada del folclore

Soto, quien desde hace años investiga las culturas cafeteras de Antioquia, quiso alejarse de las imágenes folclóricas o idealizadas del café colombiano. Su cámara no romantiza el campo ni la dureza de esta labor; al contrario, muestra una cultura laboral dura, exigente y atravesada por dinámicas patriarcales y machistas.

En los cafetales, hombres y mujeres enfrentan el mismo esfuerzo físico. No hay una pausa especial ni una consideración distinta por el hecho de ser mujer. Chena lo explica con una frase directa: “Nos revolvemos todos con todos porque todos y todas somos capaces de hacer las labores y cargar el mismo peso. No hay consideración si eres mujer”.

Pero lo más fuerte no solo se vive recogiendo el grano. Antes y después de la jornada, muchas de estas mujeres siguen siendo madres, cuidadoras y responsables emocionales de sus familias, incluso desde la distancia. El trabajo no termina cuando cae la tarde ni empieza cuando canta el gallo.

Esa doble carga convierte la experiencia femenina dentro de la cultura andariega en una lucha silenciosa. Una lucha que no siempre se grita, pero que se siente en cada decisión, como la de irse a trabajar, dejar a un hijo, volver cuando se pueda y seguir adelante por su bienestar.

El cuaderno íntimo de Chena

Uno de los recursos más íntimos del documental es un cuaderno escolar que Chena lleva consigo. Allí escribe pensamientos sobre su pasado, sus dolores, sus contradicciones y su forma de entender la maternidad.

Ese cuaderno se convierte en una puerta hacia su mundo interior. Permite ver no solo a la recolectora de café, sino también a la mujer que piensa, recuerda, duda y busca sostenerse emocionalmente en medio de una vida marcada por el movimiento.

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“Mi trabajo en este largometraje es un homenaje a todas las madres solteras que hacen esfuerzos y sacrificios para sacar a los hijos adelante”, afirmó Chena.

Sus palabras conectan con miles de mujeres colombianas que han aprendido a criar desde la ausencia y a sostener familias completas en medio de trabajos que casi nunca reciben el reconocimiento que merecen.

Los andariegos: una realidad poco visible

El documental también pone sobre la mesa una realidad poco visible: la de los andariegos, trabajadores hechos a bota y machete que han sido fundamentales para la producción cafetera desde el siglo XIX, pero que rara vez ocupan un lugar central en los relatos del cine colombiano.

“Quería resaltar a las personas que mueven el mundo, que mueven los engranajes de las grandes empresas”, explicó Soto. “Aunque el café ha sido recogido a mano desde que llegó al país, no se ha hablado mucho de esta cultura errante”.

La película fue producida por Yira Plaza O’Byrne y desarrollada por Briosa Films. Además, ha tenido un recorrido internacional importante: después de su estreno mundial en el Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias, también pasó por escenarios como el IDFA de Ámsterdam, Cinélatino Rencontres de Toulouse y la Muestra Internacional Documental de Bogotá.

En Cartagena, además, ocurrió uno de los momentos más emotivos para el equipo. Chena pudo cumplir un sueño que había escrito en su diario: conocer el mar junto a su hijo. Para Soto, ese instante resume parte del espíritu de la película: una mujer acostumbrada a recorrer el país, pero que todavía encuentra esperanza en gestos sencillos.

Recepción nacional e internacional

De acuerdo con lo expresado por Soto, el recibimiento internacional demostró que la historia de Chena no se limita a Colombia. Mientras muchas mujeres del país se han sentido identificadas con su maternidad sacrificada, en el exterior la película ha despertado admiración por el trabajo artesanal que todavía existe detrás de una taza de café.

“Ella es un ejemplo para muchas mujeres, siendo feminista sin ser declarada feminista”, aseguró Soto.

Y quizá ahí está la fuerza más grande de Andariega: en mostrar una resistencia femenina que no necesita discursos grandilocuentes para conmover. Basta con mirar a Chena caminar, trabajar, escribir y seguir adelante para entender que su historia también habla de muchas otras mujeres.

En un momento en el que el cine colombiano busca ampliar sus relatos más allá de la violencia y el narcotráfico, Andariega aparece como una obra necesaria. Una película que mira hacia las montañas y encuentra allí historias de trabajadoras, madres y mujeres invisibles que también construyen país.

Porque detrás de cada taza de café hay manos cansadas, cuerpos marcados por el trabajo y mujeres como Chena, que aprendieron a convertir la ausencia en una forma de amor.