Arzobispo de Cali destaca la importancia de la escucha en tiempo de Cuaresma
Los fieles católicos en Colombia y el mundo han iniciado oficialmente el período de Cuaresma, marcado por la imposición de ceniza como símbolo de penitencia y arrepentimiento. Este tiempo litúrgico conmemora la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, constituyendo un camino espiritual de cuarenta días hacia la Semana Santa.
Un llamado divino a la escucha activa
En su mensaje para el segundo domingo de Cuaresma, el Arzobispo de Cali junto con sus obispos auxiliares han centrado su reflexión en las palabras del Evangelio según San Mateo: "Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escúchenlo". La voz de Dios se pronuncia con un mandato claro y directo: escuchar.
El texto señala que, de manera similar a como un padre humano se emociona ante los logros de su hijo, Dios Padre presenta a su Hijo ante la humanidad, invitando a una escucha profunda y transformadora. Esta disposición interior de receptividad constituye el fundamento del camino cuaresmal.
La escucha como camino de transformación social
El mensaje cita al Santo Padre León XIV, quien en su mensaje de Cuaresma invita a disponerse para la escucha divina: "Entrar en esta disposición interior de receptividad significa dejarnos instruir hoy por Dios para escuchar como Él". Esta escucha auténtica permite reconocer que la condición de los pobres representa un grito constante que interpela la vida personal, las sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente a la Iglesia.
La reflexión destaca que la escucha, como actitud discipular fundamental, genera en cada hijo de Dios la transfiguración del corazón, la mentalidad y la vida completa. Un verdadero cambio interior nace de la posibilidad de escuchar desde lo profundo del alma al "Hijo Amado", cuyo mensaje es la voz encarnada del Padre.
Transfiguración personal y compromiso social
El mensaje enfatiza que la voluntad divina se hace visible especialmente en la cercanía a los pobres y marginados. En este contexto cuaresmal, la Palabra invita a abrir el oído espiritual para permitir que las realidades humanas se conviertan en el rostro renovado de Dios, iluminando un mundo cargado por las dificultades de una sociedad cada vez más injusta e inhumana.
La verdadera transfiguración surge a partir de la aceptación humilde y generosa de la vida de Cristo en cada uno de los que se llaman discípulos suyos. Este proceso transformador no es meramente individual, sino que tiene implicaciones comunitarias y sociales profundas.
Un llamado a la acción transformadora
El mensaje concluye con una invitación concreta: "Dejemos que Jesús, el Hijo Amado, transfigure el mundo con nuestro concurso amoroso y lleno de esperanza. Seamos complacencia divina, para que el mundo crea y llegue a todos la salvación".
Este llamado a la acción representa el núcleo del mensaje cuaresmal: la transfiguración personal debe traducirse en compromiso activo con la transformación del mundo, especialmente mediante la atención a los más necesitados y la construcción de una sociedad más justa y humana.
