Artista colombiano destaca en prestigioso certamen francés de dibujo
Dylan Altamiranda Arévalo, un talentoso artista barranquillero de 32 años, ha alcanzado un hito significativo en su carrera al ser seleccionado entre los 24 finalistas del Premio Pierre David-Weill, uno de los concursos de dibujo más exigentes y antiguos de Francia. Este reconocimiento llega apenas en su segunda postulación al certamen, demostrando el rápido crecimiento de su obra en el escenario internacional.
De Barranquilla a París: una trayectoria de perseverancia
Altamiranda emigró a Francia en 2019 con el objetivo claro de poder vivir exclusivamente de su arte, una meta que parecía distante en el mercado cultural local de Barranquilla. Nacido en 1993 en el barrio El Silencio, sus primeros acercamientos al arte ocurrieron en los cursos infantiles de Bellas Artes dirigidos por la maestra Carmen Sierra Duarte, donde compartió espacio con otros talentos emergentes del Caribe colombiano.
Su formación académica continuó en el colegio Humboldt, donde un profesor visionario lo animó a seguir la carrera artística cuando las expectativas familiares y sociales apuntaban hacia profesiones más tradicionales. Posteriormente, ingresó a la Universidad del Atlántico en 2010, graduándose en 2015, pero siempre sintió que el arte que admiraba estaba geográfica y culturalmente distante, representado en los libros de historia y museos europeos que conocía solo mediante imágenes.
La consolidación en la escena cultural barranquillera
Tras su graduación, Altamiranda mantuvo una activa participación en la escena cultural local. Impulsó proyectos independientes con el espacio Cubo Abierto, trabajó en curaduría en el Museo de Arte Moderno de Barranquilla y se involucró en múltiples iniciativas artísticas que, según sus propias palabras, lo llevaron a desempeñar "un poco de todo" dentro del ecosistema cultural de la ciudad.
Sin embargo, con el tiempo identificó limitaciones en las oportunidades para crecer profesionalmente y en la posibilidad de vivir exclusivamente de su trabajo creativo. Esta percepción, sumada a su dominio del idioma francés y su atracción por la cultura francesa, lo llevó a tomar la decisión de emigrar en 2019 para continuar su formación y probar su talento en un contexto internacional más desafiante.
El camino hacia el reconocimiento francés
Altamiranda conoció el Premio Pierre David-Weill desde su llegada a Francia. Durante sus primeros años estudió meticulosamente a los artistas seleccionados, la naturaleza del concurso y su alto nivel de exigencia. En 2025 realizó su primera postulación, que no tuvo éxito, pero que él interpretó como una valiosa experiencia de aprendizaje.
"Sentí que no tenía nivel. Era consciente que mis dibujos no eran grandes candidatos, pero como decimos en Barranquilla: la peor vuelta es la que no se hace. Así que la hice y definitivamente me sirvió", relató el artista en entrevista.
La obra que conquistó al jurado
El punto de inflexión en su carrera ocurrió tras una residencia artística en el Netherlands Institute for Advanced Study en Ámsterdam, donde dedicó un mes completo a investigación y desarrollo de ideas. De esta experiencia surgió la serie "Variaciones", con la cual decidió presentarse nuevamente al premio en 2026, esta vez con la certeza de haber alcanzado el nivel técnico y conceptual requerido.
La pieza finalista, "Variaciones (Jan Jansz Mostaert...)", es un dibujo en carboncillo sobre papel Fabriano que parte de una pintura del siglo XVI, considerada la primera representación europea del "Nuevo Mundo". En un gesto conceptual significativo, Altamiranda suprimió todas las figuras humanas y animales de la obra original, conservando únicamente el paisaje, un territorio inventado y construido desde la distancia y la ficción colonial.
Este vacío deliberado revela la naturaleza imaginada del escenario representado y cuestiona críticamente los archivos visuales que moldearon la idea de América desde la perspectiva europea. Según explica el artista, su dibujo busca evidenciar cómo la historia, tal como fue representada por Europa, se sostiene en capas de ficción, selección y silencios intencionales.
Un premio con tradición centenaria
El Premio Pierre David-Weill es entregado por la Académie des Beaux-Arts (Academia de Bellas Artes), una institución fundada en el siglo XIX y heredera directa de las escuelas creadas por Luis XIV en el siglo XVII, lo que la convierte en uno de los organismos artísticos más antiguos y exigentes de Europa. Cada año participan cientos de artistas residentes en Francia —más de 230 en esta edición— y solo un grupo reducido logra superar todas las etapas de selección.
La selección como finalista implica haber superado una preselección inicial rigurosa, el envío físico de la obra para evaluación directa y la consideración del prestigioso jurado de la Academia. En este certamen, muchos de los artistas que eventualmente obtienen los premios principales lo logran después de varios intentos y años de perseverancia.
Proyección internacional y orgullo nacional
Para Altamiranda, figurar entre los finalistas en esta etapa de su carrera representa un reconocimiento de peso y un punto de partida para futuras postulaciones. Nacido en Barranquilla, formado en la Universidad del Atlántico y estabilizado profesionalmente en París, el artista ha construido una línea de trabajo que combina rigor técnico con investigación histórica profunda.
Su selección en este prestigioso premio lo posiciona visiblemente en el panorama europeo del dibujo contemporáneo y confirma la proyección internacional de una obra que, según sus propias palabras, "aún está en construcción". Actualmente, Altamiranda continúa trabajando desde París, vinculado a espacios de residencia y producción artística, con la intención de seguir desarrollando su investigación sobre archivo, imagen y memoria histórica.
El artista planea volver a presentarse al premio mientras esté dentro del límite de edad permitido, considerando este reconocimiento como la confirmación de que su trabajo ha tomado la dirección correcta y puede seguir creciendo en la escena internacional. Su logro no solo representa un orgullo barranquillero, sino que lo consolida como un referente nacional en el arte contemporáneo con proyección global.



