En la inauguración de la Feria del Libro de Buenos Aires, que comparte fechas con la de Bogotá, los asistentes abuchearon al secretario de Cultura. El funcionario habló de "ordenar" la cultura y se refirió a Jorge Luis "Bórgeres" (por Borges). Pero lo más relevante no fue solo la protesta ni su falta de conocimiento literario, sino la continuación del programa inaugural con una conversación entre las escritoras Gabriela Cabezón Cámara, Selva Almada y Leila Guerriero, acompañadas por la periodista María O'Donnell. Esta elección marcó el inicio de la feria y se distanció de los tópicos inaugurales tradicionales.
Un aire fresco en los auditorios
La propuesta de seleccionar a cuatro mujeres para conversar, escucharse y tejer juntas un hilo de pensamiento sobre los oficios del libro, la escritura, la lectura y la política, en lugar de discursos pomposos, representa una bocanada de aire fresco. Además, reconoce la voz deliberante de las mujeres para interpelar a la sociedad y la necesidad de romper formatos establecidos. Como dice la poeta Tamara Kamenszain, "las mujeres no escribimos para convencer a nadie". La curaduría de Buenos Aires ilustra el significado de albergar otras conversaciones en otros formatos, ratificando que una feria está viva y en movimiento.
La Filbo: la misma camarilla de señores
En el extremo opuesto, la inauguración de la Filbo en Corferias repitió la imagen de una camarilla de señores, sin autoras, editoras, directoras de bibliotecas ni proyectos culturales, con excepción de la ministra de las Culturas. Esta imagen ya no convence a nadie, pero tampoco es confrontada ni abucheada, y parece refractaria a cualquier cambio. La exclusión repetitiva de mujeres en la mesa de apertura es una afrenta que indica que los "dueños" de la feria no leen las columnas que escribimos, o que su comprensión de lectura es muy baja, y que además están mal asesorados.
Columnas ignoradas y manifiestos
En abril de 2025 escribimos varias columnas sobre esa mesa llena de varones, idéntica a la que volvió a escandalizar a los asistentes en 2026. Esto motivó la escritura del manifiesto 'Armemos la espantosa', firmado por mujeres de todo el país vinculadas a los oficios del libro. La disputa no es por un cupo para un discursito inaugural de seis minutos ni para salir en la foto, sino por reconocer el lugar que ocupamos en la toma de decisiones sobre los libros y su relación con el pensamiento, la imaginación y la cultura en este tiempo desafiante, donde los libros no les importan a quienes deciden los destinos del mundo ni el poder de las inversiones.
Lecciones de la historia
En la década de 1970, la poeta Sharon Olds envió sus poemas a una revista literaria y recibió como respuesta: "Esta es una revista de literatura. Si desea escribir sobre estos temas, le sugerimos el 'Ladies Home Journal'. Los verdaderos temas de la poesía son... temas masculinos, no sus hijos". Hoy, nadie recuerda a ese comité, pero sí sus poemas. La razón para escribir sobre estos temas y exigir justicia poética y política es que no puede seguir siendo así. Como dice Rebeca Solnit, "casi peor que estar callada es decir algo y que dé igual".



