Las cicatrices de la violencia en la política colombiana
La periodista y analista Lariza Pizano presentará en la Feria Internacional del Libro de Bogotá su obra "En el nombre del padre", un profundo trabajo periodístico que explora las heridas de la orfandad dejada por la violencia y cómo estas marcas han definido la historia política del país.
Testimonios íntimos de protagonistas políticos
El libro está compuesto por entrevistas con figuras políticas que cargan no solo con ausencias personales, sino con el peso simbólico de representar pérdidas que toda la nación siente como propias. Entre los entrevistados se encuentran:
- María José Pizarro
- Juan Manuel Galán
- Juan Fernando Cristo
- Aníbal Gaviria
- Iván Cepeda
Estos protagonistas de la actual contienda electoral narran a través de conversaciones íntimas sus vidas, sus luchas y cómo han sobrellevado esa herencia de dolor que los acompaña.
El testimonio de Yesid Reyes: cuarenta años después
Uno de los fragmentos más conmovedores del libro corresponde a la entrevista con el exministro Yesid Reyes, hijo del presidente de la Corte Suprema de Justicia Alfonso Reyes Echandía, asesinado durante la toma del Palacio de Justicia en 1985.
"Como pasa con todas estas pérdidas, al comienzo es muy difícil entender que realmente pasaron", confiesa Reyes al reflexionar sobre cómo ha tramitado el duelo durante cuatro décadas. "Uno está un día con un ser querido y al otro día está sin él, y entonces empiezan a surgir miles de preguntas".
La verdad conocida antes de los hechos
Reyes revela un dato estremecedor: semanas antes de la tragedia, un cliente suyo que estaba preso en La Picota le advirtió que su padre no debería estar en Bogotá. "Con lo que te estoy diciendo, me estoy jugando mi vida", le dijo el preso, según relata el exministro.
Cuando compartió esta advertencia con su padre, la respuesta fue resignada: "Mire, nos amenazan todos los días". Alfonso Reyes Echandía incluso mostró a su hijo sufragios amenazantes que guardaba, normalizando lo que entonces era una triste realidad del país.
La mediatización de una muerte pública
La muerte del magistrado fue un evento público transmitido casi en vivo, con todo el país escuchando sus ruegos por un cese al fuego. Esta publicidad añadió capas de complejidad al duelo familiar, transformando una pérdida personal en un símbolo nacional.
"No necesito buscar más la verdad porque tengo conciencia de que tuve la verdad antes de los sucesos", afirma Reyes con convicción. "Las investigaciones pueden decir lo que quieran, pero tengo clarísimo que el narcotráfico le dio dinero al M-19 para tomarse el Palacio de Justicia".
Encuentros incómodos con protagonistas de la historia
El exministro relata encuentros posteriores con figuras clave de aquellos días:
- Con Noemí Sanín: "Aparece de vez en cuando. O me manda un mensaje o me la encuentro en la librería Lerner. Y siempre me dice que tenemos que hablar".
- Con el presidente Betancur: Durante un encuentro fortuito cuando Reyes era ministro, Betancur se acercó, lo tomó del brazo y le dijo: "Usted es una buena persona", antes de alejarse.
La herencia que guía el presente
Para Yesid Reyes, honrar la memoria de su padre significó continuar su trabajo. "Decidí que realmente si uno le pudiera hacer un homenaje a una persona como papá, que para mí quedó truncado en su vida profesional, era intentar seguir, continuar el trabajo de él".
Esta decisión lo llevó no solo a dedicarse al derecho penal y la academia, sino incluso a participar en procesos de paz con grupos guerrilleros, irónicamente el mismo tipo de organización que causó la muerte de su padre.
Un legado que trasciende el dolor
El libro de Lariza Pizano revela cómo estas historias de orfandad política han moldeado no solo vidas individuales, sino el curso mismo de la nación. Las ausencias paternas se transforman en presencias constantes que influyen en decisiones políticas, posturas ideológicas y visiones de país.
"Finalmente él está muerto y digo: 'pues lo que hay que hacer es seguir trabajando por lo que él trabajó'", concluye Reyes, encapsulando la esencia de este fenómeno que Pizano documenta con sensibilidad periodística.
La presentación del libro en la FILBo promete ser un espacio para reflexionar sobre cómo Colombia procesa colectivamente las pérdidas que han marcado su destino político, y cómo los hijos de esas víctimas han convertido el dolor en motor de transformación social.



